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27/08/2020

El autor es Presidente y Fundador de Grupo Salinas

Hace unos días, recibí con tristeza la noticia del fallecimiento de Sir Ken Robinson, Profesor Emérito de la Universidad de Warwick, visionario, innovador y experto en temas educativos a quien tuve el privilegio de conocer de manera personal.

Me parece que las ideas de Robinson deben ser consideradas por todos los que tienen algún interés en la educación. El aprendizaje es fundamental porque nos permite estar en continua renovación y crecimiento. Aprender cosas nuevas nos aleja de nuestra zona de confort y del estancamiento.

Robinson plantea que la creatividad es tan importante para la educación, como el no ser analfabetas y, al mismo tiempo demuestra que el sistema educativo tradicional te enseña que cometer errores es inaceptable. Este miedo al fracaso da como resultado una educación que lleva a las personas a inhibir sus capacidades verdaderamente creativas.

Robinson revela cómo el sistema educativo tradicional se centra en una idea obsoleta de la habilidad académica, haciendo que domine totalmente nuestra definición de inteligencia –curiosamente no todos piensan seguir una carrera de profesor universitario y, sin embargo, la escuela nos prepara básicamente para ello.

Peor aún, el sistema de aprendizaje tradicional está basado en la memorización evitando enseñar a los niños a pensar y a explorar su aptitud creativa –sin mencionar otros muchos vicios propios de la cultura burocrática−. Coincido con Robinson cuando plantea que esto ocasiona que mucha gente talentosa se convenza de que no lo es por no ser académicamente apta. Nuestra concepción de la inteligencia no debe basarse en las notas escolares.

La inteligencia es diversa y dinámica: debemos promover una nueva concepción de la convivencia humana, una en la que se reconstruya la idea de la riqueza de nuestras capacidades. Para lograr esto, se deben repensar los fundamentos sobre los cuales se está educando a nuestros niños. Precisamente esto es lo que buscamos con Plantel Azteca: enseñar que las cosas se pueden hacer de manera distinta con mejores resultados.

Por otro lado, entre sus más grandes aportaciones, Robinson destacó la relevancia de que cada quien encuentre su “elemento”, que es donde convergen las cosas que te apasiona hacer, con aquello para lo cual tienes una aptitud natural y que haces de manera espontánea.

En tiempos inciertos como los que vivimos actualmente, el mensaje de Robinson es particularmente relevante porque nos habla de la capacidad infinita del ser humano para remontar cualquier dificultad.

Vivimos en un mundo de listas y etiquetas. Clasificamos cotidianamente conceptos como el éxito, la riqueza, el talento y la inteligencia. Sin embargo, si queremos valorar lo que realmente importa, debemos reflexionar sobre dónde estamos y hacia dónde queremos llegar.

Cuando te ubicas en tu elemento, nunca estás aburrido ni trabajando: estás disfrutando, porque es lo que más te gusta hacer y lo haces bien.

Una de las cuestiones más importantes en la vida es descubrir cuál es nuestro elemento personal.

Inspirado en estas ideas, me he dirigido a estudiantes en diversas universidades y les he sugerido ir más allá de las calificaciones.

No me malinterpreten. Por supuesto que es importante aplicarnos en la escuela. Sin embargo, las calificaciones no reflejan todos los aspectos que debemos desarrollar en un ser humano.

Desgraciadamente, en una búsqueda infructuosa por el “éxito” tratamos a las artes, la música, la danza, la pintura y la escultura como materias de tercera, por debajo de cosas “importantes”, como son la ciencia, la tecnología y las matemáticas.

Muchas veces decidimos hacer una carrera enfocada a las cosas “importantes”, porque pensamos que nos llevará por un camino de menor riesgo y de mayor prosperidad económica. Pero si estás fuera de tu elemento, tarde o temprano fracasarás, o en el mejor de los casos tendrás un desempeño mediocre.

No hay mejor receta para el éxito, sea lo que esto sea, que hacer lo que te gusta. De hecho, me parece que el éxito en sí mismo es hacer lo que te gusta.

Si reflexionas, experimentas y encuentras aquello que te haga feliz, crearás un cambio trascendente para ti, para tu familia y por añadidura para nuestro país. En estos tiempos inciertos, nos hace falta Ken Robinson.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.