Ricardo Salinas Pliego

El origen de una nación

Pocas veces se cuenta el efecto que Hernán Cortés tuvo en Moctezuma y lo que el gran Tlatoani mexica logró inspirar en el capitán general.

El autor es Presidente y Fundador de Grupo Salinas

Hace casi 501 años, el 8 de noviembre de 1519, tuvo lugar un encuentro histórico: el emperador Moctezuma se reunió con el capitán español Hernán Cortés. Ninguno de los dos pudo imaginar que ese día cambiaría la historia del mundo.

Los mitos que giran en torno a la llegada de los españoles a territorio mexicano han llevado a convertir parte de la historia de nuestro país en un relato simplista, donde los "conquistadores" españoles se convirtieron en los malos y, en el lado opuesto, se ubican los mexicas "conquistados". Pero si algo debemos entender, es que nuestra historia no es así: pocas veces se cuenta el efecto que Hernán Cortés tuvo en Moctezuma y lo que el gran Tlatoani mexica logró inspirar en el capitán general.

Esa tarde histórica fue marcada por las apariencias y el liderazgo que cada uno buscó demostrar: Moctezuma cargado por un séquito de 200 hombres y Cortés con una columna de guerreros montados en caballos y empuñando armas de fuego.

Las primeras apariencias son determinantes y ambos líderes confrontaron una forma de ver el mundo, de pensar y expresarse diametralmente opuesta a la que estaban acostumbrados: Moctezuma lidió con un Cortés que le hablaba de frente, sin rodeos y mirándolo a los ojos, lo que nunca sucedía ya que sus súbditos lo tenían prohibido. Por otro lado, el español se sorprendió por lo ceremoniosa, amable y civilizada que era la conversación entre los aztecas.

Dada la diferencia radical de visiones, naturalmente ese primer encuentro fue incómodo ya que cada uno de los protagonistas trató de imponer su punto de vista. Primero Cortés, quien no perdió el tiempo y en cuanto tuvo la oportunidad le habló a Moctezuma sobre la relevancia de convertirse al catolicismo, mientras que el gran Tlatoani, al sospechar las ambiciones de Cortés, le dejó en claro que él seguiría gobernando su imperio.

Sin embargo, la desconfianza inicial se convirtió, meses después, en un sincero aprecio que culminaría con el llanto del español al presenciar la muerte del líder azteca.

El primer encuentro entre dos mundos jamás hubiera sido posible sin la intervención de Malintzin —doña Marina— quien tendió un puente entre ambos protagonistas.

Es importante terminar con la idea de una Malintzin "traidora", que inspiró el término "malinchismo". Por el contrario, si bien las circunstancias la llevaron a estar en el grupo de los españoles, fue gracias a ella que Cortés pudo entender mejor el pensamiento y la cultura indígena, que jamás dejó de admirar, como se muestra en sus Cartas de Relación.

Cortés consiguió formar aliados en su camino a Tenochtitlán, pero también evitó masacres y enfrentamientos por malos entendidos. Logró navegar en un mundo totalmente ajeno a él con la ayuda de Malintzin: allí empezó a configurarse nuestra cultura, que es la fusión de dos visiones.

En ocasiones anteriores he hablado sobre el proyecto que Hernán Cortés tuvo antes, durante y después de la "conquista", consistente en establecer un territorio donde el idioma náhuatl, las creencias mesoamericanas y la religión católica congeniaran bajo una gran nación mestiza. Incluso la misma toma de Tenochtitlán responde a este enfoque: más de cien mil tlaxcaltecas, texcocanos e indios de otros señoríos participaron como aliados de los españoles.

Desde un principio Hernán y el resto de los españoles se enamoraron de Tenochtitlán, el mismo Bernal Díaz del Castillo escribió:

"Nos quedamos admirados y decíamos que parecía a las cosas de encantamiento (…) algunos de nuestros soldados decían que si aquello que veían era entre sueños".

Ese sentimiento de admiración inundó a Cortés hasta su último día. Al morir, su deseo final fue que sus restos permanecieran aquí.

Como reconocimiento a la importancia que aquellos hechos tuvieron para la conformación de nuestro país, TV Azteca presentó la extraordinaria serie "Hernán", que resultó un acontecimiento muy relevante para la televisión mexicana no solo por el nivel de producción de calidad mundial, sino por su gran valor cultural e histórico.

Conocemos cómo termina este encuentro entre Europa y América, somos producto de ello. La reunión entre el Viejo y el Nuevo Mundo fue la base de donde se desprenderían muchos de los cambios más importantes de la humanidad en materia tecnológica, económica, cultural e incluso gastronómica. Nada volvería a ser igual.

El resultado de este encuentro es nuestro México, una nación mestiza, y conocer nuestro origen, lejos de fomentar la creación de bandos antagónicos, solo debe fortalecernos y llenarnos de orgullo. Al final, entender de dónde venimos nos ayudará a conocer nuestras capacidades y a forjar con determinación nuestro destino.

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