Ricardo Monreal

El triple play de la visita

El comportamiento de Andrés Manuel López Obrador estuvo a la altura de las exigencias del país, pues actuó como un estadista, con firmeza, sin excesos y sin simulación.

El autor es Senador y coordinador de la bancada de Morena .

Desde que se anunció que el presidente Andrés Manuel López Obrador viajaría a Washington para reunirse con su homólogo estadounidense, los medios de comunicación y la opinión pública en ambos países reaccionaron con la rapidez que generan los temas de esta envergadura. Hoy, después de que la visita ha concluido, se debe reconocer que México tiene un jefe de Estado que está por encima de las críticas políticas, y que cuenta con alturas de miras para poder ejecutar las acciones que más favorezcan al país.

Antes de la visita, en la prensa estadounidense se publicaron infinidad de notas que señalaban la dificultad existente para que ambos mandatarios pudieran construir una relación de amistad, y se destacaban los riesgos que el encuentro podría implicar para López Obrador. Las críticas se centraban en la posibilidad de que Donald Trump sacara a relucir su posición antimigratoria, y que hiciera uso de su ya conocido lenguaje ofensivo en contra de México y sus habitantes.

Conforme la visita se iba llevando a cabo, y después de la misma, algunos medios estadounidenses publicaron notas en las que se puede percibir que los pronósticos no fueron del todo acertados. El New York Times, por ejemplo, reconoció que Donald Trump dio la bienvenida al presidente de México con una calidez sorprendente. Otros medios de comunicación de circulación nacional, como Bloomberg, señalaron que un "inusual par, Trump y López Obrador, reinician relaciones entre Estados Unidos y México".

En México, las reacciones previas y posteriores a la visita del presidente no fueron muy distintas. Medios de comunicación y líderes de opinión resaltaron que el encuentro podría causar molestia en las filas del Partido Demócrata, el cual, de ganar la presidencia en noviembre de este año, podría tomar represalias en contra de nuestro país. El segundo de los riesgos señalados por la prensa nacional era la posibilidad de que el presidente Trump agraviara al mandatario mexicano. Y, sin embargo —al menos hasta ahora—, ninguno de estos dos escenarios se ha cumplido.

Por ejemplo, desde su cuenta de Twitter, Joe Biden, candidato demócrata a la presidencia estadounidense, señaló que, de resultar electo, trabajaría en conjunto con México, alejando así los fantasmas de tiempos pasados, cuando nuestro país era sometido por las fuerzas políticas del vecino del norte. Ahora contamos con una mayor importancia comercial y también con la representación digna de un mandatario capaz de defender los intereses nacionales.

Lejos también de ser insultado, como algunas voces auguraban, Andrés Manuel López Obrador fue reconocido por Donald Trump como el mejor presidente que México ha tenido, como alguien duro y audaz, y con un profundo amor por la nación.

Por ello, después de un encuentro en el que se estrecharon los lazos de amistad entre ambas naciones, resulta necesario aceptar que realizar la visita fue una decisión correcta y que, a pesar de los escenarios catastróficos que vaticinaban los medios de comunicación y la opinión pública tanto en Estados Unidos como en México, el talento y la experiencia política del presidente de la República logró transformar la adversidad en las bases de una nueva etapa de cooperación entre dos socios comerciales que, junto con Canadá, integran el bloque económico más importante del mundo.

Es cierto, no debemos echar las campanas al vuelo, sino mantenernos alertas, debido a que, en el contexto de las campañas por la presidencia de la Unión Americana, como en toda contienda, puede resultar tentador hacer uso de discursos que ya hemos escuchado en el pasado y que, con fines electoreros, han ofendido a las y los mexicanos.

Pero igualmente es cierto que, aunque sea de manera temporal, debemos celebrar que se ha puesto de manifiesto la capacidad que el actual gobierno de México tiene para construir puentes basados en el entendimiento mutuo y para, a través de la buena relación entre jefes de Estado que representan a naciones distintas, profundizar y mantener las buenas relaciones entre países.

Como mexicano y como servidor público, no olvido los insultos, la diatriba y los discursos de odio alimentados por la xenofobia y el miedo; pero, como legislador, me quedo con las expresiones de reconocimiento que el presidente de Estados Unidos realizó al gobierno, al pueblo y al presidente mexicanos. Prefiero esta nueva etapa discursiva del mandatario norteamericano.

A tirios y a troyanos conviene reconocer que el comportamiento de Andrés Manuel López Obrador estuvo a la altura de las exigencias del país, pues actuó como un estadista, con firmeza, sin excesos y sin simulación. Debemos alegrarnos de que los vaticinios y los deseos por que la primera visita oficial del presidente de México fracasara no se hayan cumplido, pues su cristalización habría implicado un retroceso y un duro golpe no solamente para el gobierno actual, sino para el futuro de millones de mexicanas y mexicanos.

Como parte de los protocolos de la visita oficial, ambos mandatarios intercambiaron bates de beisbol, un deporte que ambos disfrutan. En términos de este deporte, podemos afirmar que la visita del presidente consiguió para México un triple play: estrechamos la amistad con Estados Unidos, reafirmamos que tenemos un mandatario a la altura de las circunstancias, y consolidamos una posición digna para nuestro país, como actor importante en el comercio internacional.

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