Economista en Jefe de INVEX

Los riesgos inflacionarios

A pesar de los buenos datos recientes de inflación, las expectativas para esta variable, medidas a través de varios indicadores, han repuntado de manera importante en las últimas semanas.

En Estados Unidos, el dato de inflación al consumidor de enero siguió sin mostrar presión alguna. De hecho, la inflación mensual subyacente se ubicó en cero por ciento, contra un incremento de 0.2 esperado por el mercado. La tasa anual fue de 1.4 por ciento, todavía muy por debajo de la meta de 2.0 que en promedio esperaría observar la Reserva Federal antes de cambiar su postura de relajación monetaria.

A pesar de los buenos datos recientes de inflación, las expectativas para esta variable, medidas a través de varios indicadores, han repuntado de manera importante en el transcurso de las últimas semanas.

El diferencial entre la tasa de interés de los bonos del Tesoro nominal y real a 10 años, una de las principales métricas para las expectativas de inflación de largo plazo en el mercado, pasó de un mínimo de 0.50 por ciento en marzo de 2020 a un máximo de 2.22 al cierre de ayer. Otras medidas de inflación han registrado una aceleración importante, entre ellas los índices de precios de las encuestas ISM manufacturero y no manufacturero, el componente de expectativas inflacionarias de los índices de confianza del consumidor del Conference Board y la Universidad de Michigan, el dato de costos laborales unitarios del cuarto trimestre de 2020 que publicó el Departamento del Trabajo, así como el salario por hora promedio que se reportó con el dato de la nómina no agrícola de enero.

Ya sea por el lado de los productores, los consumidores y ahora por los salarios, el mayor crecimiento de la economía y el fuerte incremento que se anticipa para el déficit público norteamericano comienzan a ejercer una importante presión sobre las expectativas de inflación en Estados Unidos. De hecho, la posibilidad de observar todavía más paquetes de ayuda fiscal durante la administración del presidente Biden sugiere un repunte adicional en dichas expectativas.

Es un hecho que el gobierno norteamericano, junto con una mayoría demócrata en el Congreso, se concentrará en impulsar la actividad económica sin considerar, por ahora, las repercusiones sobre la inflación o incluso el valor del dólar. Al igual que ocurre en otras economías, la depreciación del dólar sin duda generaría un efecto adicional sobre la inflación, principalmente en mercancías.

De igual forma, recientemente se registró un incremento importante en los precios de algunas materias primas, lo cual empeora el panorama para la inflación. El repunte en la cotización de la mezcla de petróleo WTI, así como en los precios de alimentos y metales (principalmente maíz y cobre), sugieren que la inflación no subyacente en Estados Unidos (la que incluye los precios de alimentos y energía) podría aumentar significativamente, contaminando eventualmente a la inflación subyacente.

El presidente de la Reserva Federal ha dejado claro que una posible disminución en el ritmo de compras de activos, o incluso un incremento en la tasa de interés de referencia, es un tema que por ahora ni siquiera cobra relevancia en las discusiones del Banco Central. Por otra parte, no cabe duda que este tema sí cobrará relevancia en el mercado, principalmente por la inclinación que muestra la curva de rendimientos al registrar tasas de corto plazo estables sobre niveles bajos y un repunte en las tasas de interés largas.

En México, la inflación de enero sorprendió al alza ante un aumento mayor al esperado en el subíndice de precios de energía, principalmente gasolina. Es probable que, por un efecto estadístico asociado al recorte en los precios del hidrocarburo que se observó al inicio de la pandemia, la tasa anual rebase el límite del intervalo de inflación objetivo de Banco de México (3.0 por ciento +/- 1.0 punto) en abril. Si no se registran distorsiones a causa del coronavirus (principalmente la interrupción de cadenas de suministros y el incremento en la demanda de ciertos productos), la inflación anual debería descender nuevamente para cerrar el año alrededor de 3.75 por ciento de acuerdo con nuestros cálculos.

La holgura económica que se anticipa para México, con un crecimiento estimado cercano a 3.5 por ciento en 2021 después de caer 8.5 en 2020, permitirá contener el avance de la inflación este año, principalmente en la parte de precios de servicios (con una tasa anual de 2.13 por ciento en enero contra 5.41 en mercancías). Por otra parte, de persistir, las alzas en las cotizaciones internacionales del petróleo y el maíz podrían dificultar los subsidios del gobierno en los precios de la gasolina y la tortilla. En estos casos, la inflación sí podría amenazar al alza con posibles repercusiones en las próximas decisiones de política monetaria de Banco de México.

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