Economista en Jefe de INVEX

¿Qué esperar ahora de la Fed?

Es justo ahora, antes que los datos de empleo sean negativos, cuando la Fed debería subir su tasa lo más que pueda para contener a una inflación que no cede.

En Estados Unidos, la nómina no agrícola de julio sorprendió fuertemente al alza al registrar una variación de 528 mil plazas respecto al mes previo, contra las 250 mil esperadas por el consenso del mercado. Las ganancias fueron generalizadas. Destacó por su magnitud el incremento en la nómina del sector de servicios (+402 mil), particularmente en las categorías de salud (+97 mil) y esparcimiento (+ 96 mil). Por si fuera poco, el dato de junio se revisó al alza por un total de 26 mil plazas.

¿Cómo reaccionará la Reserva Federal (Fed) a estas cifras? ¿El sólido avance del mercado laboral que se confirmó el viernes pasado será suficiente para que el banco central norteamericano endurezca su postura en un intento de controlar la inflación más alta en cuatro décadas?

Debería ser así. Es justo ahora, antes que los datos de empleo sean negativos, cuando la Fed debería subir su tasa lo más que pueda para contener a una inflación que no cede. No falta mucho para que la tasa de desempleo –uno de los indicadores de recesión más rezagados–, comience a aumentar. De hecho, el promedio móvil de cuatro semanas de las solicitudes iniciales del seguro de desempleo ha crecido consistente y silenciosamente desde el 1° de abril. Asimismo, destacan recientes anuncios en el mercado de capitales sobre despidos en empresas que cotizan en Bolsa.

El ciclo restrictivo podría detenerse cuando las cifras oficiales de empleo registren los recortes que ya empiezan en algunas empresas importantes. Sobre todo, la Fed podría frenarse en caso que la Oficina Nacional de Investigación Económica (National Bureau of Economic Research o NBER) emita un comunicado oficial donde se anuncie que la economía de Estados Unidos está en recesión.

¿Estamos en recesión? Es probable. Si bien la nómina no agrícola y el ISM de servicios de julio registraron un comportamiento positivo y mejor al previsto por el mercado, otros indicadores –en su mayoría– refuerzan la idea de una próxima caída de la economía norteamericana.

Por un lado, el descenso de la tasa de desempleo de 3.6 a 3.5 por ciento entre junio y julio, sugiere que el consumo privado, variable que representa el 70 por ciento del PIB de Estados Unidos, inició el tercer trimestre con paso firme. El ISM apunta a que dicha fortaleza se registró más en la categoría de servicios que en la de mercancías.

En contraparte, no solo el PIB norteamericano lleva ya dos caídas consecutivas a tasa trimestral. El deterioro que ya muestran el índice de indicadores adelantados; las principales encuestas nacionales y regionales de actividad manufacturera; la construcción, ventas y recientemente precios de casas, así como algunos datos de inversión no residencial, podría acentuarse. A esto habría que agregar una menor creación de inventarios ante débiles expectativas para la demanda y una posible contribución negativa de las exportaciones netas por continuas tensiones geopolíticas.

¿Descenderá la inflación durante la desaceleración o contracción económica? Precisamente esa es la otra gran pregunta que podría hacerse la Fed hoy día. Efectivamente, las recientes caídas en los precios internacionales de materias primas –principalmente petróleo– han restado presión en la parte no subyacente (se estima una inflación de 0.3 por ciento mensual en julio vs. 1.3 por ciento mensual en junio ante menores precios de energía). Por otra parte, la inflación subyacente (la que excluye los precios de alimentos y energía) podría mantenerse elevada (0.5 por ciento mensual estimado julio). Es el índice de precios al consumidor subyacente el que no cede.

El efecto que predomine (empleo firme vs. caída del resto de los indicadores), así como el posible descenso de la inflación hacia el objetivo de 2.0 por ciento (sobre todo en la parte subyacente) determinará la dirección del crecimiento del PIB y por, supuesto, las próximas reacciones de la Fed.

El reciente movimiento a la baja en la tasa de interés del bono norteamericano a 10 años reflejó la expectativa de una recesión en la economía de Estados Unidos. Ante este escenario, los inversionistas del mercado apostaron a que la Fed bajaría su tasa tan pronto como 2023 para estimular a una economía en declive. Es probable que esta baja no ocurra –al menos no tan pronto como lo prevé el mercado– si la inflación no desciende conforme a la trayectoria prevista. En otras palabras, las tasas de interés norteamericanas podrían permanecer elevadas por más tiempo. Al menos durante todo 2023.

Por ahora, anticipamos un incremento de 75 puntos base en la tasa de interés de referencia en la siguiente reunión de septiembre y no descartamos 100 puntos base después del dato de empleo que se publicó el viernes. Nuestro estimado para la tasa de interés de referencia terminal de 2022 se ubica en 3.50 por ciento (2.50 por ciento nivel actual).

El único problema con una política monetaria más agresiva representaría, efectivamente, pavimentar el camino para llegar más rápido a una recesión. Lo deseable en este caso es que la caída en la actividad económica efectivamente logre contener una inflación que a la fecha muestra mucha resistencia.

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