Fondos buitre contra López Obrador
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Fondos buitre contra López Obrador

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Fondos buitre contra López Obrador

22/08/2019
Actualización 22/08/2019 - 8:02

A los flancos abiertos que tiene el presidente Andrés Manuel López Obrador, uno enorme, con potencial devastador, está tomando fuerza. Lo paradójico es que no fue generado por él ni por sus adversarios. Esa batalla, que se libra en tribunales de Nueva York, comenzó antes de sentarse en la silla presidencial. Dos demandas presentadas en los tribunales por más de mil 700 millones de dólares fueron emprendidas por Gonzalo Gil White y la empresa que dirigía, Oro Negro. Pero Gil White, miembro de una familia de alcurnia, fue más allá y decidió jugar con todo. Vendió la demanda mayor a una sociedad secreta con lo que abrió la puerta para un litigio de fondos buitre, largo, oneroso en extremo, si se pierde el pleito.

En el mundo binario que tanto le gusta a López Obrador, esta es una batalla entre el poder viejo y el poder nuevo, que arranca en 1990, cuando Gil White y su primo José Antonio Cañedo White, fundaron Grupo Axis, el primer escalón de una red de contactos, apoyados por las relaciones familiares, que les dio acceso al capital global y les permitió lucrar de las modificaciones en el Código Fiscal instrumentadas en el último año del gobierno del presidente Vicente Fox, por el entonces secretario de Hacienda, Francisco Gil Díaz, padre de Gil White, que detonaron su fugaz crecimiento en el sector.

Los conflictos de interés y el respaldo de Gil Díaz a su hijo y su sobrino, no fueron cuestionados. México era otro México, y en el mundo de los símbolos y los signos, eso era combustible que aprovecharon los jóvenes para crear empresas para créditos corporativos en el sector energético, que obtenían respaldo de fondos de inversión internacionales. Gil White utilizaba el efectivo a futuro de los contratos de Pemex, su único cliente, para convencer a fondos, inversionistas y Afore de inyectarle capital y para endeudarse.

La historia de Gil White y Oro Negro es un mapa de poder y privilegios, de conflictos de interés y protección que se extiende durante tres gobiernos. Aunque su primera empresa arrancó en los 90, en la agonía del sexenio de Fox se establecieron los cimientos que los harían despegar espectacularmente. Su primer director fue Luis Ramírez Corzo, a quien llevó Gil Díaz en la dirección de Pemex durante el gobierno de Fox, bajo el cual nació Oro Negro en 2012. En el gobierno de Felipe Calderón, durante la gestión en Pemex de Juan José Suárez Coppel, uno de los alumnos preferidos de Gil Díaz en el ITAM, que fue su coordinador de asesores en Hacienda, la empresa de Gil White obtuvo el registro como proveedor de plataformas petroleras, y 10 días antes de terminar el sexenio, le asignaron sus primeros dos contratos. Oro Negro iba a ser una mina de dinero.

Cinco meses después de llegado el gobierno de Enrique Peña Nieto, bajo la dirección de Emilio Lozoya, Pemex le otorgó a Oro Negro otro contrato de arrendamiento de otras dos plataformas marinas, en el inicio de una serie de asignaciones durante los primeros tres años de esa administración que les generó más de mil millones de dólares. Oro Negro y los primos Gil White y Cañedo White, eran poderosos y su apellido pesaba. Los tribunales mexicanos les dieron la razón cuando dos fondos extranjeros los demandaron por la forma unilateral de tomar decisiones corporativas en detrimento de ellos, y soslayaron las exigencias de sus accionistas para robustecer el gobierno corporativo de Oro Negro.

Cuando el mercado petrolero se colapsó en 2015-2016, y los precios cayeron de más de 100 dólares el barril a alrededor de 40, Gil White se negó a renegociar con Pemex tarifas y contratos, con lo que comenzaron sus problemas con la empresa y los tenedores de bonos. Oro Negro no pudo pagar los créditos porque el ciclo de flujo diseñado por Gil White perdió volumen y la burbuja que creó se reventó. Los bonistas le ganaron un concurso mercantil, obteniendo la posesión y propiedad de las plataformas, y el 13 de junio pasado declararon en quiebra a Oro Negro.

Gil White debió verlo venir. Junto con Oro Negro, demandó una semana antes a acreedores, inversionistas y a personas relacionadas con su defensa, por daños y perjuicios por mil millones de dólares en el Juzgado Federal del Sur en Brooklyn, que lleva los casos más importantes de Estados Unidos, acusándolos de coludirse con Pemex para quitarle Oro Negro. Al mismo tenía la demanda contra el gobierno mexicano al amparo del Tratado de Libre Comercio de América del Norte. Gil White, además, hizo algo que puede resultar una calamidad para México.

El 7 de junio, un día después de demandar en Nueva York, firmó un contrato con una empresa constituida un mes antes en Delaware, CM Squared ON LLC, para venderle la demanda de mil millones de dólares, por lo cual recibiría un anticipo, con lo que abrió la puerta para una demanda tipo fondos buitre, que son aquellos donde prefieren alargar un juicio que creen ganado, porque más dinero les van a pagar, que fueron el principio de la debacle financiera Argentina.

El caso está abierto y los primos son prófugos de la justicia desde julio, buscados por administración fraudulenta y abuso de confianza por la Procuraduría General de Justicia de la Ciudad de México. Gil White se encuentra en Coconut Grove, al sur de Miami, moviendo sus piezas y sus relaciones, que confía le alcancen para ganarle a todos. Mucha soberbia sin duda, pero si las partes en conflicto no actúan correctamente, les puede ganar la partida. Esto, sin duda, sería un desastre para México.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.