Una incontenible violencia
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Una incontenible violencia

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Una incontenible violencia

15/03/2019
Actualización 15/03/2019 - 13:29

Amor y paz no son suficiente para contener el tsunami de sangre que se derrama en el país. Héctor de Mauleón ha descrito en las páginas de El Universal que en dos años han ocurrido 728 masacres, con un saldo de cuatro mil 469 muertos. Según Lantia Consultores, se considera una masacre cuando en un suceso mueren al menos cuatro personas. Pues de esas, las cifras se esparcen lo mismo en Tamaulipas que en Guanajuato, Veracruz o Jalisco. De facto se contemplan en todo el territorio.

Veamos dos ejemplos, el 6 de diciembre de 2018 se reportó en un domicilio de la colonia Loma Linda, de Guadalajara, un conjunto de detonaciones aparentemente sin ninguna justificación. Al llegar la policía encontró diversas personas en medio de un charco de sangre: cinco muertos de entre 16 y 25 años de edad. En un rincón, aterrorizado rescataron a un niño de siete años que se encontraba ileso y escondido.

Imaginemos lo que vio el niño y cómo será su vida después de ese suceso. ¿Cuántos como él son descritos tan sólo como un número en los reportes policíacos?

La pasada noche del 9 de marzo, después de que AMLO visitó la ciudad de León, Guanajuato, para presenciar el comienzo de la operación 'Golpe de Timón', en la que fuerzas federales y estatales decidieron terminar con el Cártel de Santa Rosa de Lima, en la madrugada, siete individuos vestidos con uniformes y armas de alto poder entraron al centro nocturno de la colonia San Roque y abrieron fuego para cercenar la vida de 13 hombres y lesionar gravemente a otros siete, que están al borde de la muerte.

Apenas hace dos años se vio que el canje de armas entregadas voluntariamente disminuyó, en tanto que el número de armas aumentó en forma considerable; el dato es sustantivo, ya que de cada 10 asesinatos, seis se realizan con armas de fuego, superando la cifra de cuatro por cada diez como ocurría en 2013. En suma, en el período de 2014 a 2018, en el país aumento en 40 por ciento la compra de armas y también de material bélico como autos blindados, helicópteros, drones y radares para combatir a las bandas de narcotraficantes. Con las compras acumuladas durante la pasada administración, México superó a Brasil como el mayor importador de armas en toda América Latina y se ubicó en el lugar 34 a nivel mundial.

A esto faltaría añadir las armas adquiridas de contrabando provenientes de Estados Unidos, Europa y Asia, para darnos una idea de que si bien nos faltan medicinas para enfermedades crónico degenerativas, como lo constatan el IMSS, el ISSSTE y los institutos de salud, armas es lo que sobran y no precisamente nada más con las que cuentan las Fuerzas Armadas.

No hace falta subrayarlo, con sólo el número de armas importadas en forma legal de Estados Unidos, Francia, Alemania y Holanda, tendríamos un país entre los más dotados para combatir el crimen. Lo paradójico es que según datos oficiales al menos un 23 por ciento de los asesinatos registran armas de procedencia autorizada y que debieran estar en manos del Ejército, la Marina y los federales. ¿Cómo es que en número tan elevado llegan a los delincuentes?

Ahora bien, a los datos anteriores sobre el número de masacres, que son los sucesos que más llaman la atención, deberán sumarse los frecuentes casos de asesinatos que pueblan las páginas rojas de diarios y noticieros televisivos, además de asaltos, secuestros, feminicidios y otros en los que el número de víctimas cada día aumenta hasta llegar a sumas de muertos que rivalizan con las de guerras intestinas o con conflictos entre naciones y los causados por terroristas.

¿Es excesivo decir que, con los datos oficiales aunados a los de diversas organizaciones civiles y los análisis de expertos, vivimos en una aguda crisis de violencia e inseguridad que, lejos de disminuir, aumenta sin cesar?

El hecho concreto es que mientras se discute y aprueba la Guardia Nacional, se ha descuidado la formación y capacitación de la policía regular, sea municipal o estatal, la que debiera proteger y estar al lado de la ciudadanía.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.