Todo lo ignoramos sobre Santa Lucía
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Todo lo ignoramos sobre Santa Lucía

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Todo lo ignoramos sobre Santa Lucía

01/11/2019

A un año de haber anunciado la cancelación del NAIM, y a diez días de haber iniciado la construcción de un aeropuerto comercial en la base militar de Santa Lucía, AMLO, apoyado por una pantalla mostró lo que llamó un “trailer” para decir que los militares ya habían avanzado mucho.

Tanto han aventajado que utilizó, como coloquialmente suele hacerlo, una frasecita: “para decirlo suave, suave, suave… ¡tengan para que aprendan!

Representantes de la industria aérea reunidos en Brasilia, escenario de la Asociación Internacional del Transporte Aéreo (IATA), que agrupa a 290 aerolíneas en el mundo, dijeron que desconocen todo. Comienzan por declarar que la mezcla de un aeropuerto militar y comercial es algo que no han visto. Las necesidades de uno y otro son muy diferentes y hasta opuestas. Mientras lo militar requiere defensas antiaéreas, lo comercial requiere tiendas, comercios, entretenimiento, hoteles cercanos, etc.

Aunque Jiménez Espriú y el propio AMLO han señalado que cuentan con todos los estudios necesarios para iniciar el aeropuerto, el Ejército admite ante un juez que carece de un expediente administrativo y aún no se presentan los documentos de análisis del espacio aéreo y reconfiguración del mismo. Andrés Conesa, director general de Aeroméxico, declara que no puede opinar sobre el proyecto, pues no lo conoce. “No he visto nada, absolutamente nada”, ha dicho a la prensa.

Al edificar los aeropuertos Arlanda de Dinamarca, Heatrow de Londres y De Gaulle de París, alcancé a ver que en sus inicios, lo que muestran los diseñadores y constructores son los siguientes puntos:

1. Inventarios de uso de suelo existentes en toda la región;

2. Datos demográficos y socio económicos del sitio y los de convergencia en un radio que va de 11 a 20 kilómetros;

3. Estudios de la evolución histórica de las condiciones climatológicas de los últimos 25 años y previsiones para otro tanto de tiempo;

4. Estudios meteorológicos, pluviométricos, anemométricos y topográficos exentos de otros realizados por comarcas o regiones;

5. Estudios de mecánica de suelos, geotérmicos e hidráulicos;

6. Estudios de impacto ambiental y sus efectos ecológicos a medir en los próximos cincuenta años;

7. Estudios que analicen los efectos de desarrollo de la región;

8. Estudios financieros, mecanismos de inversión; pronósticos de la demanda, número de pasajeros a los que se servirá, capacidad comercial estimada, desplazamiento de carga, avances tecnológicos en recuperación de movilización.

9. Estudios de conectividad regional, nacional e internacional con descripción pormenorizada.

10. Aceptación local y regional de la construcción por parte de los habitantes y calendarización de las diferentes etapas de entrega como información básica y pormenorizada para los diferentes usos y conectividad terrestre.

Por supuesto, hay mucho más requisitos, condiciones y etapas que deben ser entregadas por los responsables del diseño y la construcción y por las autoridades locales y federales, ya que este tipo de edificaciones y sus consiguientes consecuencias, se vuelven icónicas para el país que las realiza.

¿Los militares que están encargados de realizar esa proeza, tienen la capacidad que en otras partes las llevan a cabo especialistas en diversas ramas de la construcción y del cálculo proyectivo? ¿Cómo desarrollar la dificilísima conjunción de las necesidades militares con las propias de un aeropuerto civil comercial? ¿Saben cuál es el grado de dificultad?

Y sobresale una cuestión toral en este enredijo técnico administrativo y funcional: ¿cuánto tiempo le quitarán a la tarea de salvaguardar las fronteras y encañonar a migrantes que vienen de Centroamérica y África? ¿De perseguir y soltar criminales? ¿Qué respuesta se le dará a los yanquis cuando vean que los militares están distraídos con trascabos, camiones de remolques y tractores en lugar de patrullar la frontera sur de su país?

Dios nos proteja de esa santa llamada Lucía.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.