Porrismo, vandalismo, crimen e impunidad
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Porrismo, vandalismo, crimen e impunidad

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Porrismo, vandalismo, crimen e impunidad

06/09/2019

Con diferencia de horas se dan ciertos dardos que apuntan con certeza al corazón de la inseguridad nacional. Derriban las escasas defensas institucionales y dan los brochazos del panorama actual.

Justo cuando acontece el primer año en que se realizó una marcha contra las actividades porriles y delincuenciales en el CCH de Azcapotzalco, una turba de jóvenes enmascarados, autodenominados anarquistas, grafitearon, rompieron ventanas, intentaron derribar la puerta y lanzaron cohetones y molotov contra la Rectoría de la UNAM.

Hay testimonios de que los agresores salieron para realizar tales actos del que fuera el auditorio Justo Sierra, y que desde 1966 comenzó a llamarse “Che Guevara” en honor del guerrillero comunista, quien con Fidel Castro implantó ese régimen en Cuba. A partir del año 2000 ese recinto ha sido impugnable para cometer toda suerte de ilícitos: venta de mariguana y el psicotrópico que se desee, organización de festivales orgiásticos y guarida de rufianes no necesariamente universitarios ni estudiantiles. Ninguna autoridad, ni de la universidad ni de las institucionales, ha podido detener esa constante para devolverla a sus funciones propias de investigación, enseñanza y difusión cultural.

En pleno corazón de la universidad y a unos cuantos metros de la Rectoría, el que fuera y sigue siendo el mayor auditorio está en manos de rufianes y delincuentes.

Al grito de ¡muera el Estado y viva la anarquía!, recorrieron parte de la avenida Insurgentes, arrancaron señales de tránsito, grafitearon paredes, humillaron a los pocos patrulleros que los enfrentaron, rompieron las plumas de acceso al estacionamiento de la Facultad de Filosofía y confrontaron al personal de seguridad de la UNAM. Todo esto a la vista de quién deseara fotografiarlos y filmarlos. Querían y dejaron testimonio de su prepotencia y del gozo que les da la total impunidad.

Con diferencia de horas, integrantes del Frente Nacional de Lucha por el Socialismo y de la Escuela Normal Indígena Jacinto Canek, de Chiapas, se liaron a golpes, armados con palos, contra los policías militares que guardan las puertas ¡de Palacio Nacional! Los militares, una vez más, tuvieron que replegarse contra la pared. Los videos muestran a esos hombres buscando refugio mientras la turbamulta les grita, los insulta, les manotean y terminan usando las estacas que utilizarían para elevar una carpa en donde pondrían un campamento semejante al que instaló AMLO en Reforma, para así realizar sus exigencias y peticiones.

Mientras tanto en Tamaulipas, y quién sabe dónde más, los transportes del Ejército Mexicano no pueden abastecerse de combustible, ya que los concesionarios se lo niegan y la Guardia Nacional se ve sin posibilidades de moverse y hacer rondines y ejecutar las órdenes de sus superiores. ¿Por qué no pueden abastecerse? Pues porque las bandas los tienen amenazados con asesinar a sus familias, y eso va contra dueños y operarios de las gasolineras.

Hagamos cuentas: si se destinan seis mil soldados para impedir la llegada de centroamericanos en la frontera sur y otros 10 mil en la del norte y quién sabe cuántos paralizados por falta de combustible, más los recién reclutados y que están en etapa de capacitación, así como los reacios a ingresar a ese nuevo cuerpo, ¿cuántos son realmente los elementos encargados de brindarnos seguridad?

Ahora bien, si tanto policías como guardias nacionales y hasta el mismo Ejército tienen instrucciones de “no reprimir” a nadie, ¿cómo pueden realizar sus tareas de controlar a delincuentes que esperan contar con amnistía a sus delitos? Claro, perdón a delitos menores, como son el tráfico de estupefacientes, secuestro, extorsión, asalto, etcétera. Y castigo ejemplar contra asesinos feroces, desalmados y que no logran serenarse ni portarse bien a pesar del exhorto permanente y de la consideración presidencial de que ellos son también pueblo bueno.

Pero imaginemos que ya contamos con una Guardia bien integrada, un Ejército bien armado y una policía limpia y bien remunerada, ¿con qué estrategia combatirán a un contingente de bandas, mafias y criminales que nos tienen asolados y apretujados con su desmedida violencia?

Desde porros y protestatarios, hasta secuestradores y asesinos, recorren calles, plazas, comercios, carreteras, transportes y amedrentan hasta las puertas de Palacio Nacional con total impunidad. Ante todo esto, ¿quién nos defiende, quién?

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.