No es más que un asunto de fe
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No es más que un asunto de fe

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No es más que un asunto de fe

18/01/2019

No hay analista que no haya condenado la falta de información en el pantano del huachicoleo. Tampoco faltan quienes piden ser rescatados del confuso mar de la creación de la Guardia Nacional. No son pocos quienes condenan el rotundo extravío de la razón cuando del NAIM se trata.

Escasas semanas, apenas 40 días de gobierno, y los más sesudos críticos se enfrentan a lo que consideran insólito: a pesar de sus errores, ocurrencias y repentinas e inexplicables acciones, AMLO crece en popularidad y es ampliamente respaldado por un mar de opiniones. Hasta niños ya manejan términos como lucha contra la corrupción, austeridad y cuarta transformación para formar poemas en su honor, al igual que los diputados morenistas, y en la cúspide de los halagos que bien podría recoger Ripley, el que fuera lúcido intelectual, Porfirio Muñoz Ledo, lo ha calificado como un ser iluminado. Todo esto dentro de un marco conceptual que repiquetea en el vientre social con lo que será la constitución moral de un gobierno que aspira a trasformar el país y darle un vuelco en favor de los menesterosos.

No hace falta decir más. Estamos ante lo que en su momento, hace diez siglos, exclamó el papa Urbano II: “¡Renuncia a ti mismo, toma tu cruz y sígueme!” (Mateo 16:24) y de facto comenzó el andamiaje de la Primera Cruzada. Si bien los historiadores hablan de nueve, en las que incorporan lo mismo a la Cruzada inútil que a la Cruzada infantil, el hecho concreto es que fueron una serie de campañas militares impulsadas por diferentes Papas y llevadas a cabo en gran parte de la Europa latina cristiana, principalmente por la Francia de los capetos y el sacro imperio romano.

Hoy vivimos exactamente lo mismo: ¡diez siglos más tarde! debemos modificarlo todo, absolutamente todo, ya que los gobiernos anteriores no supieron hacer otra cosa que afinar el saqueo.

Si bien las cruzadas ocuparon el espacio que va de 1096 a 1291, la actual que encabeza AMLO no durará esa eternidad ni luchará contra los musulmanes, paganos, judíos, turcos, griegos, cátaros, husitas y todos los enemigos de los Papas, pero sí se enfrenta a los racionales, descreídos, infieles, canallas, conservadores y fifís, que pululan en la República.

Como en esos tiempos, cuando los cruzados hacían votos de lealtad para llegar y resguardar el Santo Sepulcro y automáticamente se les concedía indulgencia por los pecados del pasado. Ahora también se nos dice que no hay que fijarnos en lo cometido por pillos y manipuladores de lustros atrás, ya que lo decisivo es ver hacia adelante. ¡Alabado sea el Señor!

Recordemos que en fechas más recientes, en el año 2000, Juan Pablo II públicamente pidió perdón por los numerosos y terribles actos ocurridos, justamente, en las cruzadas.

Ahora, a la manera de Gregorio VIII, o de Alejandro II y hasta de Eugenio III, se nos llama a la comprensión para luchar contra los traviesos que perforan una y otra vez el ducto que va de Tuxpan a Azcapotzalco. Y sin que se pretenda repetir el sitio de Antioquía, o las Crónicas bizantinas, estamos atentos a defender el Santo Grial y a la Jerusalén en manos de los perversos.

Preguntémonos: ¿sirve de algo que la secretaria de Energía y el director de Pemex sean citados por los diputados? Añado, ¿era indispensable cerrar los ductos para atrapar a los invisibles malhechores?

No, evidentemente no. Para qué queremos información puntual y datos concretos si de nuestro lado tenemos al pueblo bueno y sabio, que lo mismo propina golpizas a los militares para que suelten a los ladrones, que destaza vacas de un camión accidentado.

Si todo va bien, pronto tendremos a un fiscal general y a una bicéfala Guardia Nacional que nos protegerán de los males que, temporalmente, aquejan al país. Seamos humildes y sinceros, todo se remedia con la fe en esta noble Cruzada, haciendo votos para que no se presente la figura del terrible Saladino, quien pudiera darnos un buen susto.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.