Muy preocupante
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Muy preocupante

31/05/2019

Desde Bruselas, la Unión Europea (UE) pide frenar la ola de violencia que recorre al país del Pacífico al Golfo y del norte al sur, sin que haya rincón seguro. La UE señala que las violaciones a las garantías individuales se desarrollan en un contexto de absoluta impunidad. Eso lo sostiene el informe anual sobre los Derechos Humanos y la Democracia en el Mundo.

En coincidencia con ese organismo internacional, Alfonso Durazo, secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, afirma lo que a algunos nos parece muy preocupante y que la mayoría, sometida a un pronunciado esmeril, deja pasar. Dice Durazo: “Vivimos un tiempo de emergencia para el que es fundamental la unidad; la inseguridad no es un asunto de ayer ni de hoy, es el resultado de una acumulación de años que llevará tiempo corregir, pero en cuya solución estamos empeñados al cien por ciento, sin perder un minuto”. Y añade: “Por muchos años, la violencia y criminalidad se han sustentado en la desviación de funcionarios que amparan y protegen a grupos y conductas delictivas. El resultado ha sido la más grave crisis de violencia que ha vivido nuestro país, acaso desde la Revolución Mexicana”. Estremecedor.

¿Serviría para algo en este momento hacer el recuento de los cientos de miles de asaltos, robos, crímenes y toneles de sangre derramados en esto que alguna vez fue la patria?

El dolor, que se desliza entre todos nosotros como serpiente venenosa, es ajeno a la posibilidad de un conteo o una estadística. Ya lo llevamos metido en las arterias y en el andamiaje de una estructura humana permanentemente acosada y sometida al temor todas las horas, todas las noches y todos los días, sin dejarnos respirar al igual que el frustrado desamor o a la pérdida de nuestros seres queridos.

¿Qué hicimos para vivir en un país de bandas criminales, ladrones profesionales, cínicos y un zoológico de lagartos, alacranes y rufianes que sin piedad asesinan a mujeres, niños, lo mismo que a rinocerontes del grupo opositor o trituran adolescentes y hierven cadáveres de estudiantes y mujeres descuartizadas?

¿Cómo llegamos a tener un país donde hay miles de desaparecidos, esfumados, o sus restos viajando en camiones refrigerados?

El inventario que pudiéramos elaborar con las notas de sangre que, sin faltar un solo día, un solo noticiario, un diario o un boletín informativo, nos ofrecen y como agujas se clavan en nuestro rostro; ese numeral, probablemente gigantesco y descomunal, es el resultado de un elemento que, como gigante, se asoma entre los demás: la Impunidad, con mayúscula.

¿Cuántas veces más aguantarán los soldados a ser sometidos por la canalla, despojados de sus armas de cargo, humillados hasta sentarlos en el suelo, escupirlos, secuestrarlos; y lo increíble, canjearlos por armas de alto poder?

Y eso que alguna vez pasó en campos de exterminio en Kosovo o en Somalia, ya ocurre bajo el dominio de las mafias en diferentes partes de nuestro país. ¡Aquí mismo! En la CDMX, Morelos, Guanajuato, Veracruz, Hidalgo, Tamaulipas, Nuevo León, y la lista puede continuar. Se venden mujeres al igual que menores, se mutilan secuestrados, se apuñala o tirotea por un puñado de billetes, en fondas y restaurantes los comensales son asaltados, decenas de fosas repletas de cadáveres son descubiertas aquí y allá. Los graves problemas que tenemos, contaminación ambiental, desempleo, un saqueado sistema de salud, educación a la deriva, pobreza y desigualdad hermanadas, etcétera, que bien conocemos. Nada, nada es igual al desconcierto y a la fragilización de la seguridad individual y colectiva de toda una nación.

Las bandas crecen y son cada vez más robustas, mejor armadas, desafiantes, se saben dueñas de territorios más fecundos. Los criminales pululan mientras que se eleva a lo sublime la cantaleta de amor y paz.

Este no es el México que merecemos millones de individuos laboriosos, productivos, amorosos. Es un país ajeno a nuestro deseo y muy distante a los resultados que la retórica oficial nos ofrece a diario.

Muy, muy preocupante.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.