La inútil defensa de Claudia Sheinbaum
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La inútil defensa de Claudia Sheinbaum

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La inútil defensa de Claudia Sheinbaum

14/06/2019

El atroz asesinato de Norberto Ronquillo, como el de tantas otras personas, jamás debió haber ocurrido.

Todos los datos del Observatorio Nacional Ciudadano, así como los pocos y oscuros datos oficiales que se logran arrancar a las autoridades de la CDMX, cuando son despojados de autoelogios, nos muestran la línea ascendente que han tenido los delitos en el último semestre en porcentajes enormes.

Ya se trate de robos en sus muchas modalidades, asaltos a transeúntes, en casa, fraudes, plagios y asesinatos, el aumento es incontenible. ¿Por qué? Para empezar Claudia Sheinbaum, la entonces candidata de Morena al gobierno citadino, nunca entregó un diagnóstico y menos un plan, una estrategia para combatir al crimen. Se refugió en las malhadadas promesas de la campaña presidencial que la cubrían: “abrazos no balazos; amnistía a los criminales, amor y paz”. Esto fue una sinfonía ranchera no sólo para las bandas, sino para cualquier pillo o aspirante a ladrón.

A lo anterior, que regaló un contexto inesperado, se añadió una interpretación que ayudará a largo plazo, pero resulta equívoco pensar que dará resultado en el corto plazo: los programas sociales. Pero no en los que se regala dinero a los jóvenes, justo en la edad en que deben desarrollar habilidades para saber ganarse la vida con una axiología de honradez, pulcritud e inteligencia.

Dado que esos programas tienen un costo muy elevado, hubo que instrumentar un sinfín de medidas con daños colaterales decisivos. Entre otros, la subasta de todo tipo de transportes que ya formaban un activo real para las necesidades gubernamentales, cambiar un aeropuerto militar a cambio de otro que le daría un sinfín de beneficios al país, despedir gente valiosa de la administración, rebajar sueldos y someter con presupuestos bajísimos a muchas dependencias de orden variopinto.

Concretamente aplastar los recursos en la procuración de justicia, que van de un 14 a un 22 por ciento; los de prevención del delito, en 27 por ciento; eliminar a expertos contra el delito, como a la señora Bugarín, quien logró un descenso notable en secuestros durante la administración pasada.

A la Policía Federal, que se distinguió en numerosos casos, se le ha desmantelado en lugar de perfeccionarla. La lucha contra la delincuencia no encontró ni un párrafo en el Plan Nacional de Desarrollo, en cuyo texto se dieron normas de conducta y hasta de moral.

Jesús Orta, jefe policíaco, ha aparecido a ratos para decirnos lo mismo que la jefa de Gobierno y la procuradora Ernestina Godoy: llegaremos hasta las últimas consecuencias. Lugar común y frase manida durante decenios. El caso que enluta a una familia ya forma parte de la estadística de un gobierno capitalino que requiere del apoyo retórico del Presidente, quien aprovechó un acto intrascendente para arengar a los presentes a corear una y otra vez: “¡No estás sola! ¡No estás sola! ¡Te defiende el Presidente de la República ante los grandulones!” La vieja fórmula de autovictimizarse. En esos mismos momentos se llevaba a cabo los funerales de Norberto Ronquillo.

Justo cuando la señora debiera evaluar al personal y las herramientas que tiene para combatir a quienes nos hieren de modo tan hondo, como es asesinar a un prometedor joven universitario.

La verdadera defensa de la actual jefa de Gobierno de la ciudad capital está en presentar resultados en la caótica movilidad, la asfixiante contaminación y, por supuesto, la prioridad sustantiva: la seguridad de la población. De nada sirve que se inmiscuya en el uniforme neutro de los escolapios o limpie los letreros en las estaciones del Metro.

Todo seguirá igual y hasta peor dado que no se hace nada ni distinto ni eficiente para mejorar nuestra seguridad. Nuestras autoridades debieran aprovechar el momento para leer un texto ilustrativo de Robert Musil: “Sobre la estupidez”.

Mientras Claudia Sheinbaum carece de recursos para salvaguardar nuestra integridad y está defendida por quien dice estar muy contento con ella, ¿quién se ocupa de proteger a la sociedad de la ciudad capital, quién?

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.