La degradación que envuelve a los candidatos
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La degradación que envuelve a los candidatos

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La degradación que envuelve a los candidatos

27/04/2018
Actualización 27/04/2018 - 10:05

Se dice que somos un país que ha abolido la pena de muerte. No es cierto, cabe únicamente para cubrir los aspectos legales; en realidad, la violencia que lleva a la muerte ha adquirido el franco derecho a la costumbre. La pena de muerte tiene un papel primordial en nuestras vidas. Sólo de manera excepcional nos llama la atención que alguien haya sido decapitado, colgado, descuartizado o consumido por el ácido. Es el caso del homicidio múltiple de Marco Francisco García Ávalos, Javier Salomón Aceves Gastélum y Jesús Daniel Díaz García. Dice la autoridad que “estuvieron en el lugar inadecuado”.

¿Dónde están, en qué mapa se localizan los sitios seguros y convenientes? Los candidatos a la presidencia de la República y los aspirantes a la jefatura de Gobierno de la Ciudad de México, así como quienes desean gobernar en nueve diferentes estados, no lo han dicho.

Cómo indicarles a nuestros hijos dónde están los lugares seguros. ¿Acaso en las iglesias? No, ahí también asesinan a los curas. ¿En las fiestas o clubes deportivos? Tampoco, ahí matan con cualquier pretexto. ¿En sus propias casas? Son muchísimas las ocasiones que las bandas y simples asesinos se introducen para extorsionar, robar, violar y secuestrar.

Autoridades mexicanas de los tres, cuatro o cinco niveles de gobierno, digan dónde están las islas, fortalezas y reinos seguros para ahí enviar a nuestros seres queridos y resguardarnos nosotros mismos. ¿Dónde?

Los candidatos dicen con rechinidos de dientes que la estrategia en seguridad debe ser cambiada. ¿En la actualidad, hay alguna? ¿Cuál? Todos afirman aspirar a realizar cambios y todos sabemos que los cambios de poder, llámense como quieran, son cambios de élites. Si sólo tuvieran en mente aminorar, terminar con la violencia, aunque esa fuese su única bandera, sería un triunfo inobjetable el que obtendrían. Pero no hay tal, porque sólo eso, devolvernos la tranquilidad, no saben cómo hacerlo. No tienen idea de lo que eso significa, las consecuencias que tendría, la transformación que supone. Están llenos de palabrería sin sentido. Huecos por fuera y por dentro, llenos de nadería. Se les llama 'propuestas'.

En la administración de Felipe Calderón, avergonzado por los más de 200 mil crímenes del sexenio, se aventuró a crear un Memorial para Víctimas de la Violencia. Está ubicado en Paseo de la Reforma, cerca del Campo Marte. Hoy las columnas están oxidadas, los nombres de las víctimas están corroídos e ilegibles, grafitis aquí y allá, el abandono de arriba abajo. Una ruina moderna.

Este monumento representa le degradación, la ineficiencia y la indiferencia con que vemos el dolor, la desolación, la muerte.

A los candidatos la violencia, la inseguridad, el olor de los asesinatos, les resulta algo lejano. Ellos están rodeados de escoltas, detrás de muros inexpugnables, protegidos por escudos y aparatos ultrasónicos. Se dan el lujo de hablar de nuevas reglas y procedimientos que no se les aplicarán a ellos; esas disposiciones son para otros, para los que están allá, para quienes pueden morir por vivir en un país inadecuado.

El nuestro, es un lugar donde cualquiera puede ser detenido por policías reales o disfrazados, obligado a bajar la cabeza y entregar los bienes que exijan para tratar de no ser victimizado; puede llegar ante el Ministerio Público donde lo humillarán y exprimirán. Si pasa ante jueces, sabe que será extorsionado y amedrentado para atemorizarlo de ser enviado a un infierno llamado reclusorio. La pesadilla puede ser fatal si se resiste. Podrá estar incomunicado a cambio de entregar todo lo que saquen y escuchará falsas promesas que antes habrá escuchado en boca de los candidatos que, unánimemente, han ofrecido un mejor país. Habrán hablado de una nación con normas legales y derecho como salvaguarda; le habrán ofrecido que se terminarán las turbiedades y reinará la transparencia, así como una paz oxidada, semejante a la que existe en el tristemente olvidado Memorial de las Víctimas.

La principal característica de un cuerpo degradado, decadente, es su incapacidad de generar sus propias defensas; tal como hoy presenciamos en estos días de abril.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.