Entre la impunidad y la ignorancia
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Entre la impunidad y la ignorancia

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Entre la impunidad y la ignorancia

04/10/2019
Actualización 04/10/2019 - 13:31

La masa camina, salta, ondea banderas y pancartas; se embelesa sintiéndose multitud y corea consignas sin sentido. Los de adelante se muestran decididos a encarar el tiempo, algunos son primos o hijos de quienes formaron el Comité de Huelga 1968. Quienes los siguen gritan remedos de las demandas de hace medio siglo: “Que renuncie Corona del Rosal; Muera Díaz Ordaz; Juicio al jefe de la Policía; No más granaderos…”

Las entrevistas en radio, Tv y redes sociales muestran que vivimos en el reino de la ignorancia. Hay amas de casa con su playera blanca como exponentes del llamado 'cinturón de paz' que no saben por qué están ahí, otros se quejan porque lo suyo son las oficinas y no la contención de manifestantes violentos. Pronto correrán ante el borlote, empujones, humos y detonaciones de petardos. Los agentes policiacos atrás de sus escudos protectores han recibido instrucciones de ser cuidadosos, ya que son vigilados por los defensores de los derechos humanos. Las risotadas de núcleos de jóvenes son muestras festivas de su proclividad al relajo. Y entre ellos algunos estrafalarios con el rostro cubierto, llevan en sus manos sopletes, botellas o piedras. Las vitrinas, puertas, ventanas y muros aguardan ser pintarrajeados y pateados.

Unos y otros desconocen que esa marcha debiera conmemorar que esa fecha, el 2 de octubre, fue la semilla que al crecer, produjo la democracia que hoy les permite explayar públicamente su arrogancia mezclada con la insensatez de no saber dónde están parados.

Ante una hipotética encuesta que hubiese sido realizada durante la marcha, más del 90 por ciento no sabría qué se celebra ni cuáles fueron las consecuencias políticas que de la masacre en La Plaza de las Tres Culturas en Tlatelolco se derivaron hasta el día de hoy.

Al tomar posesión de la Presidencia de la República, Luis Echeverría lo primero que hizo fue incorporar a su gobierno a un nutrido grupo de jóvenes para con ello mostrar una especie de arrepentimiento y mea culpa por lo acontecido en esa fecha. Entre otros, ahí están los jóvenes treintañeros: Francisco Javier Alejo, Ignacio Ovalle, Fausto Zapata, Porfirio Muñoz Ledo, Carlos Armando Briebich.

El eje de la política echeverrista pretendía abrir oportunidades a las nuevas generaciones, facilitar la inclusión de corrientes diferentes e impregnar un rasgo semisocialista que nunca maduró y provocó fuertes contracciones económicas y sociales.

Su sucesor, candidato único en la elección presidencial, José López Portillo, se rodeó de un equipo prometedor que no culminó su proyecto debido a inexplicables errores y a la exquisita frivolidad del jefe del Ejecutivo. Menciono a los principales miembros de su gabinete que sustentaban un claro sello de progresismo: Jesús Reyes Heroles, creador de una reforma que permitió la legalidad del Partido Comunista y los diputados plurinominales para abrir una esperanza democrática. David Ibarra en Hacienda, Carlos Tello en Programación, Pedro Ramírez Vázquez en Obras, Fernando Solana en Comercio y Relaciones, Sergio García Ramírez en varios puestos y José Andrés de Oteyza en Patrimonio.

Más tarde, los adelantos en materia electoral y política permitieron que los subsiguientes gobiernos abrieran el ostión hasta llegar a tener un organismo como el IFE, que nos permitió por vez primera tener elecciones democráticas y confiables.

Una y otra vez los adelantos en la materia llevaron a que hoy se tenga un gobierno de izquierda cuando esas categorías eran mucho más simples y definidas. Hoy vivimos una etapa confusa en la que la impunidad a malvivientes e incluso criminales se les quiere contener con el perdón y la indulgencia en la mano. Esto precede al desmantelamiento de estructuras económicas para ofrecer resultados negativos: inseguridad y violencia generalizada, desempleo, tratar de enderezar a una empresa quebrada (Pemex), crecimiento nulo, economía paralizada, sometimiento ante Trump.

La marcha, prevenida con un discurso paternalista y moralista, dejó de ser una enseñanza, un recordatorio de un momento clave en nuestra historia moderna para convertirse en una caricatura con evidentes trazos de una mezcla de impunidad e ignorancia.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.