El inigualable mole poblano
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El inigualable mole poblano

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El inigualable mole poblano

04/01/2019
Actualización 04/01/2019 - 13:45

En repetidas ocasiones visité la entidad porque mi amigo Fernando Lozano era, y sigue siendo, el director de la orquesta sinfónica de Puebla.

Eso me dio la oportunidad de conocer diversas personas que externaban el desempeño del entonces gobernador Rafael Moreno Valle; casi todas eran expresiones favorables a su trabajo. Si a ello agregamos los numerosos atractivos de la ciudad y su estupenda gastronomía, ir a Puebla resultaba un manjar y eso me permitió seguir de cerca la evolución de los comicios que le dieron el triunfo a la señora Martha Erika Alonso, lo que enfureció a los partidarios de Luis Miguel Gerónimo Barbosa Huerta, capitaneados por quien se convirtió en primer mandatario.

Ya con la garantía de haber sido declarado presidente electo, expresó que la contienda electoral había dejado mucho que desear y no arrojaba resultados democráticos. “Para nosotros, el verdadero gobernador es Miguel Barbosa”. ¿Pero cómo? Otra vez lo mismo, cuando gana Morena todo es legal, democrático, republicano, honesto, bla,bla,bla. Cuando pierde Morena, no hay acto democrático que aparezca y todo es ilegal, turbio, mafioso y lesivo para la nación.

Pero eso no es todo, contrariando las mínimas formas de cortesía y a contrario sensu, el ya presidente constitucional no acude a la toma de posesión de la nueva gobernadora “porque no es conveniente”, y manda en su representación a alguien de segundo nivel, cuyo nombre felizmente he olvidado, y esa persona se extravía en el camino. Nunca llega a una modesta ceremonia en el Tribunal de Justicia, donde la gobernadora hace su juramento oficial. ¿Por qué en el Tribunal y no en el Congreso local?

Dominado por morenitas, el Congreso está cerrado porque los diputados de Morena se declaran en huelga. Y muchos se encuentran comiendo chiles en nogada, mole, chalupitas y brindando con finos vinos que prueban por primera vez en su vida.

Podemos imaginar el trato que a la gobernadora le darán durante su gestión el Legislativo y, sobre todo, el Ejecutivo federal. A esto que fácilmente podemos prever, se atraviesa la caída del helicóptero en que viajaba el 24 de diciembre pasado con su esposo. ¿Quién es, dirían los más sagaces detectives, el beneficiario de este acontecimiento? Son varios, en primerísimo lugar Luis Miguel Gerónimo Barbosa Huerta, luego Morena y de refilón le ahorra molestias e inconveniencias a Palacio Nacional.

La maquinaria burocrática se mueve. Un gobernador suplente, otro gobernador interino, nuevas elecciones y ¿a quién cree usted que nombrará Morena como su limpio y excelso candidato? Naturalmente, a don Barbosa, ya que la señora Yeidckol Polevnsky, apretándole la mano y entrecruzándole los dedos al presunto experredista, declara que el órgano electoral es corruptísimo y el ganador de la elección anterior es el hombre sobre el que recarga su cabecita, don Luis Miguel Gerónimo Barbosa Huerta. Él representará a la cuarta y a la quinta transformación, ya que, como nadie, salva cualquier, sí, cualquier tranca para llegar al poder.

Incluso ya cuenta con el pasaporte que le darán los investigadores aeronáuticos, esos que pueden venir de Canadá o de Nepal. La muerte de los esposos poblanos se debió a una falla del rotor de cola o a la insuficiencia del alimentador del combustible. También se pudo haber atravesado una inocultable falla humana. Hasta el piloto más calificado puede equivocarse, ¿o no? Quien piense que las explicaciones de los investigadores y expertos puedan ser el resultado de una manipulación programada, están rotundamente equivocados.

Los aparatos aéreos en los que viajan algunos políticos se caen estrictamente por accidente. Incluso si usted no lo cree.

Así lo prueban las muertes de Mouriño, Blake, Martín Huerta.

Lo básico, lo esencial es que en Puebla, brincando unas elecciones que costarán 369 millones de pesos en forma directa y varios cientos más para lo que haga falta, don Barbosa cumplirá su sueño y Morena añadirá una perla más a su rosario de triunfos, “haiga sido como haiga sido, me canso ganso”.

Una delicia comparable al mole en enchiladas.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.