Cuando las normas se vuelven caricaturas
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Cuando las normas se vuelven caricaturas

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Cuando las normas se vuelven caricaturas

16/11/2018
Actualización 16/11/2018 - 13:00

El lunes pasado, mientras que en Yucatán se rompía una piñata de promesas, en la Ciudad de México una voz trataba de llamar a la unidad y la concordia. Seré explícito. Rodeado por los cinco gobernadores del sureste, López Obrador daba rienda suelta a todo lo que la lógica rechaza: ofrecía que el 16 de diciembre próximo comenzaría la construcción del Tren Maya, del cual no hay proyecto ni trazos ni presupuesto. Nadie sabe si será un vehículo de carga, de pasajeros o turístico. Hay, cuando menos, mil 200 kilómetros de selva donde no existen hoteles, restaurantes, posadas o albergues, nada. Sólo una imagen mental en quien no es arquitecto, ingeniero ni diseñador. Será, en breve, el capitán de una nave que ya hace agua en la paridad con el dólar y que ha perdido más de 800 mil millones de pesos entre el hundimiento premeditado de un aeropuerto en Texcoco y la doble caída de la Bolsa de Valores. No obstante el hueco de esas dimensiones, días antes del inicio de la construcción se hará “una encuesta” para ver si la sociedad quiere o no ese tren, junto con otros deseos como son construir una refinería en Dos Bocas, Tabasco, otro tren en el istmo de Tehuantepec, el apoyo económico a los jóvenes e incrementar al doble las pensiones de los adultos mayores. Todo un paquete en la piñata decembrina.

Lo anterior estará enmarcado por un ejercicio que no cumple con la normatividad de la Constitución y la ley de consultas, en donde la Corte debe resolver sobre la constitucionalidad de la materia y el Congreso emitir la convocatoria. Finalmente el encargado de realizarla es el INE y sólo si participa al menos el 40 por ciento de los electores inscritos será vinculante. Esto es lo que da legitimidad y legalidad. Estas son formalidades que ofrecen certidumbre y trasparencia. De otro modo no son encuestas, son ejercicios fantasiosos.

A ese juego mental retórico se le bautiza como mecanismo de democracia participativa, pero sin un marco que garantice su imparcialidad y limpieza, desvirtúa por ausencia de equidad e integridad el auténtico concepto de la democracia directa para convertirse en una caricatura.

En tanto eso ocurría en Yucatán, casi en forma simultánea más de 400 personas fuimos invitadas a la ceremonia inaugural del 30 aniversario del Centro Mexicano para la Filantropía, encabezado por Manuel Arango. Sus palabras buscaban impedir una reacción mayor ante los alarmados inversionistas, para que no cayeran en el pánico que la entrante clase gobernante ha sembrado con declaraciones que conllevan los tintes de guerra de apaches y vikingos.

Por supuesto, los banqueros cobran comisiones hasta por respirar (se han contabilizado hasta 27 mil diferentes comisiones sobre cualquier trámite y obtienen beneficios astronómicos. Sirva de ejemplo Bancomer, que sólo de México obtiene más que todas sus sucursales en nueve países). Deben ser regulados pero no por los diputados, sino por el Banco Central que debe responder, y bien, a su autonomía. En consecuencia, a los banqueros hay que ajustarlos pero no amenazarlos, pues arrastran a las Bolsas, a las empresas y en suma a toda la sociedad. Falta conocimiento, talento e inteligencia para gobernar, que no es lo mismo que vivir y reinar en la oposición.

Manuel Arango soltó párrafos en los que, con aplausos de pie, le pidió al presidente entrante que vea que México tiene todo a su favor pero falta, para liberar su energía, la confianza y el compromiso que nos una para erradicar los males de la pobreza, inseguridad e injusticia, que amenazan con destruir, por prejuicios, lo ya logrado.

Terminó diciendo: “Todos estamos dispuestos a colaborar en un clima de respeto mutuo y libertad. Pedimos liderazgo para unirnos y motivarnos en trabajar porque queremos heredar a todos los hijos de esta gran nación lo que merecen, seguridad, oportunidad, justicia y paz”.

En suma, expresó lo que millones queremos y exigimos, un marco jurídico de políticas públicas que garanticen claridad, certeza, así como proyectos y programas asentados en la realidad y en el respeto a nuestra inteligencia.

Con lo que nos han mostrado en las últimas semanas, ¿es eso posible?

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.