¿A dónde va la contrarreforma educativa?
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¿A dónde va la contrarreforma educativa?

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¿A dónde va la contrarreforma educativa?

10/05/2019

Atendiendo la cerrada obsesión de cambiar lo que desde hace un par de años AMLO ha nombrado “la mal llamada reforma educativa”, los cuerpos legislativos comandados por Morena hacen todo un catálogo de esfuerzos para cumplir con lo ordenado desde Palacio Nacional.

La CNTE, a quien le habían prometido el oro de 18 kilates y le han perdonado toda suerte de delitos, tendrá nuevos y reforzados motivos para realizar mítines, vandalismo y marchas cuando los parches a la “reforma de Peña Nieto” se hayan cumplido. Sin tanto escándalo de por medio, el SNTE, donde piensa volver a reinar la señora Elba Esther Gordillo, habrá de secundar las protestas.

¿Acaso se trata de inconformarse contra los contenidos de ese parchado proyecto, del cual el diputado Mario Delgado dijo no quedaría ni una coma? No, en esencia es el mismo propósito tanto en fondo como en forma. Hasta ahora es fundamentalmente una reforma de fuerte tinte laboral, y ello ha sido el motivo de que la CNTE haya mostrado su inconformidad y el SNTE haya hecho gala de su conducta acomodaticia.

La diferencia había radicado en lo que los oportunistas llamaron una reforma punitiva, y ello consistía en que los profesores, como se da en todos los países, incluye esto a los nórdicos que dicen querer imitar, se hacen evaluaciones periódicas. De ello se derivaban, como bien sabemos, exámenes que si no aprobaban los profesores tenían otras dos oportunidades más. Si aún continuaban con su mal desempeño, se les enviaba al área administrativa. Ese era el terrible castigo que la CNTE reprobaba. En ese pretexto se escondía lo verdaderamente importante.

Las plazas de profesor se rentaban, vendían, heredaban y manejaban a su antojo.

¿Por qué les permitieron esas canónigas y otros privilegios como bonos de cualquier índole, aguinaldos dobles, bonos de vacaciones, de asistencia, de lealtad al sindicato y otros más? La respuesta es que, durante decenios, los profesores fueron el brazo ejecutor de elecciones que justificaban las decisiones del Señor de Los Pinos.

¿Esta contrarreforma acaso rebasa la condición laboral y entra al contenido de los programas de enseñanza?

En esencia debiera ser una tarea en función directa de los más olvidados en todo esto: los niños y los jóvenes. Tendríamos que esperar una revolución que viera al futuro, familiarizar a los educandos con las tecnologías de punta y su desembocadura en carreras y oficios que los llevaran a dominar las destrezas que requiere el cambio climático, las ingenierías de la medicina genómica, el derecho marítimo internacional y el sinfín de catálogos de la nueva geografía terrestre y ambiental. En suma, dejar atrás las enseñanzas rudimentarias y lanzar al educando a conocer, respetar y amar los valores de un ciudadano universal con raíces profundas de la tierra que los vio nacer.

Eso se asemejaría a una nueva escolaridad que los prepararía, junto con sus maestros, a respetar, resguardar y hacer crecer a sus universidades e institutos superiores. Dejar muy atrás las perniciosas huelgas que hacen de la UAM, el Politécnico, la UNAM y los organismos públicos de enseñanza y capacitación, verdaderos botines de todo tipo de intereses políticos. Ahí los paganos son los estudiantes, que ven retrasados o perdidos años de aprendizaje; sus investigaciones y tesis perdidas con las consiguientes frustraciones que desembocan en pedazos que recogen las bandas criminales o las muchas variables de violencia y desencanto.

Quizás lo más rescatable de la nueva contrarreforma sea el artículo decimosexto transitorio (¿cuánto tiempo?), que garantiza al Estado mexicano tener el control total de las plazas, así como el presupuesto federal educativo. Ahora no habrá reparto de tabletas y computadoras ni la imposición del idioma inglés, que daba una especie de escapatoria para adquirir destrezas preparatorias a prácticamente cualquier oficio. Tampoco se da la exigencia de calidad como prioridad en la preparación de profesores ni la medición de sus capacidades. Difícil, por no decir imposible, que esto iguale a los planes y programas de los países nórdicos, como ha proclamado AMLO.

¿A dónde va la contrarreforma educativa de este sexenio?

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.