Una alianza por la energía y la eficiencia, eje transformador
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Una alianza por la energía y la eficiencia, eje transformador

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Una alianza por la energía y la eficiencia, eje transformador

21/12/2019

El mundo necesita con urgencia focalizar y acelerar los esfuerzos y las acciones para reducir drásticamente las emisiones de gases de efecto invernadero que nos han colocado hoy en el centro mismo de una crisis global que ya amenaza nuestra propia existencia como humanidad. Hacia finales de 2018, la comunidad científica que conforma el Panel Intergubernamental de Expertos en Cambio Climático, conocido como IPCC por sus siglas en inglés, publicó un “Reporte Especial sobre el Calentamiento Global de 1.5 ºC”, revelando nueva información acerca de los riesgos del cambio climático, en donde se subraya que muchos de los impactos físicos causados por este fenómeno, se intensificarán siguiendo un modelo no lineal en relación al incremento de la temperatura promedio global. En otras palabras, los impactos que puede causar un calentamiento de 2 ºC, son mucho mas severos y no proporcionales, comparados con aquellos que puede causar uno de 1.5 ºC. Además, muchos de esos impactos podrían ser irreversibles.

El sector de la energía es el principal protagonista de este problema, ya que es, por mucho, la más grande fuente de emisiones causantes de calentamiento. Como resultado de esto, es necesario trazar una hoja de ruta que sea congruente con la meta de limitar el incremento de temperatura a 1.5 ºC. Pero para saber con precisión cuáles son las estrategias y las acciones que debe contener ese instrumento, tenemos que partir de la disyuntiva que nos plantea la energía en esta civilización moderna: La energía resulta esencial para gozar de confort y calidad de vida en todos los ambientes en que nos desenvolvemos, pero la forma en que la mayor parte de esa energía es producida y consumida hoy en día, daña el medio ambiente del cual todos dependemos.

Según datos obtenidos del “Inventario Nacional de Emisiones de gases y Compuestos de Efecto Invernadero” que publica el Instituto Nacional de Ecología y Cambio Climático (INECC), el 70% de las emisiones de dióxido de carbono (CO2) en México, proviene del sector energía. Además, muchas regiones de nuestro país, principalmente en el sureste, se encuentran en una situación de alta a muy alta vulnerabilidad ante el cambio climático, ya que padece efectos como sequías, incendios forestales, pérdida de la biodiversidad, migración, degradación de suelos, y el impacto de fenómenos meteorológicos más intensos y frecuentes, cuyas consecuencias se agravan por las condiciones de pobreza que prevalecen en las zonas rurales.

Así que, la tarea de enfrentar este problema no es fácil ni pequeña, aunque la podemos definir de una manera en apariencia muy simple: Las emisiones globales tienen que alcanzar cuanto antes un pico máximo, y a partir de ahí, empezar a descender con la mayor rapidez posible hasta alcanzar, como se define en el Acuerdo de París, “un balance entre las emisiones desde fuentes antropogénicas, y las eliminaciones o capturas desde los sumideros de carbono”, una situación que se le conoce internacionalmente como “Net-Zero”. Y a pesar de que éste no es el único indicador que tenemos que considerar, resulta crítico conocer el año en el cual alcanzaremos ese estado de “Net-Zero” para poder predecir cuándo se alcanzará la estabilidad de las temperaturas globales.

En el Acuerdo de París se especifica que esto tiene que ocurrir “en la segunda mitad de este siglo” pero hace una enorme diferencia si esto sucede en 2050 o en 2100. Y son cada vez más los países que se están enfocando en alcanzar el punto “Net-Zero” en fechas mas tempranas que las comprometidas anteriormente en sus Contribuciones Nacionales Previstas y Determinadas (NDC). México se ha comprometido a que el 35% de su energía se genere desde fuentes limpias en el ya muy cercano año 2024, y el 43% en 2030.

A nivel global, se encuentra en marcha una profunda transformación estructural de los sistemas energéticos y su gestión integral, que está resultando disruptiva, pero que necesita fortalecerse y acelerarse, para que los objetivos se alcancen. En el centro de esta transformación, son indispensables acciones contundentes para transitar a sistemas de generación de energía a partir de fuentes limpias e inagotables, al mismo tiempo que nos aseguramos de utilizar con la mayor eficiencia los recursos energéticos de que disponemos.

Comprendiendo que metas tan ambiciosas como éstas solo es posible lograrlas a través de una sólida coalición que impulse acciones transversales entre una variedad amplia de sectores involucrados, consideramos pertinente proponer la conformación de una gran alianza de cooperación intersectorial, que estaría conformada por el sector productivo, los proveedores de tecnología de generación limpia y consultores en materia de eficiencia energética, el sector académico, de investigación y de formación de capital humano, el sector financiero y de seguros, los tres niveles de gobierno, la CFE y organismos reguladores, así como también los medios de comunicación. Esta idea podría implementarse por estados o regiones de nuestro país, formando células de trabajo comprometidas, que se dediquen a trazar una hoja de ruta clara, transparente y focalizada, además de implementar los instrumentos operativos que permitan cumplir con ella, y que nos coloque como sociedad en la senda correcta hacia la transición energética, el desarrollo sostenible y el combate eficaz del cambio climático.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.