Construcción, el gansito feo de la actual administración
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Construcción, el gansito feo de la actual administración

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Construcción, el gansito feo de la actual administración

04/05/2020

Desempeñarse como empresario de la industria de la construcción es, sin duda alguna, una actividad no apta para personas que padecen alguna cardiopatía. Aunque también es cierto que es apasionante, estimulante, desafiante, llena de satisfacciones personales y profesionales, te obliga a crecer como persona, brinda oportunidades de realizar servicio social y comunitario, a veces es divertida. Hacer carrera profesional en la construcción, dignifica, genera respeto y buena reputación. Una industria de la construcción sólida y creciente, es cimiento de todo país poderoso, y motor de una nación que está en vías de alcanzar el desarrollo sostenible, estable y duradero.

En México es casi un deporte extremo, una misión repleta de riesgos y amenazas, sujeta a altibajos estacionales, sectoriales y políticos. Las empresas de la construcción mexicanas difícilmente sobreviven muchos años, una muy escasa selección de ellas pasa de los ocho años y un 97 por ciento de ellas son micro, pequeñas y medianas. El 80 por ciento de las constructoras del país alcanzan ingresos por debajo de los 4 millones de pesos anuales y ocupan a no más de 10 empleados.

La constructoras nacionales han sido desde hace muchos años víctimas y no cómplices de los actos de corrupción generalizada que ha imperado en este sector. Una corrupción que se fue haciendo más universal y profunda, más indolente, más dañina, que no solamente ha significado un acto inmoral, sino que casi ha hecho desaparecer las motivaciones para crecer en innovación, tecnología, calidad y profesionalismo, una corrupción que el actual presidente ofreció erradicar de la vida pública de nuestro país.

Sin embargo, a partir de su arribo al poder el 1 de diciembre de 2018, el licenciado López Obrador decidió, en una injusta generalización, introducir a todas las empresas constructoras del país en un empaque al que colocó etiquetas de corrupción, irresponsabilidad, mala calidad, falta de seriedad y profesionalismo. Nada más alejado de la realidad, las empresas constructoras mexicanas cuentan con un capital humano impresionante, formado adecuadamente en las escuelas de ingeniería y arquitectura nacionales, con empresarios responsables, dedicados y comprometidos con México.

Esta administración ha reducido de manera drástica la inversión pública en infraestructura, al mismo tiempo que las escasas y grandes obras las ha puesto a cargo de instituciones que no tienen esta actividad como su vocación, función o misión, como es el caso del Ejército mexicano, lo cual además es ilegal. Según datos del Inegi, en enero de 2019, el mes siguiente al inicio de este sexenio, el valor de la producción del sector construcción alcanzó 31 mil 883 millones de pesos, con una cifra de personal ocupado de 500 mil personas, y a partir de ahí ha tenido la caída más pronunciada de los últimos 20 años, para ubicarse en febrero de 2020 en 26 mil 758 millones de pesos, con menos de 473 mil personas ocupadas, convirtiéndose así, en el 'gansito feo'.

El mejor aliado que puede tener el presidente para eliminar la corrupción, generando crecimiento, bienestar y progreso, somos las empresas constructoras mexicanas. Si lo entiende, aún podemos llegar a convertirnos, como en el famoso cuento de Hans Christian Andersen, en un hermoso cisne, que sea pilar fundamental de la grandeza de México.

E-mail: raul@mienergiamx.com

Facebook: Raúl Asís Monforte González

Twitter: @raulmonforteg

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.