Zanahoria y garrote, la enchilada de Trump
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Zanahoria y garrote, la enchilada de Trump

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Zanahoria y garrote, la enchilada de Trump

02/02/2018
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Trump
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La propuesta migratoria de Trump, dada a conocer en su mensaje al Congreso el martes pasado, podría romper el largo impasse migratorio que ha durado 14 años, cuando George W. Bush en su intentona de relección en 2004, señaló que el sistema estaba “roto”.
 
Como todas las reformas migratorias, la propuesta de Trump contiene una zanahoria y un garrote. La zanahoria que ofrece a la comunidad promigrante es un camino a la ciudadanía a cerca de 1.8 millones de indocumentados, de los cuales cerca de 1.5 millones son mexicanos. Es decir, prácticamente 25 por ciento del total de mexicanos sin documentos. El garrote, es decir, el aliciente para la base antimigratoria de Trump, consiste en 25 mil millones de dólares para la construcción del muro fronterizo y la transformación del actual sistema migratorio, reduciendo drásticamente la reunificación familiar. También elimina el programa del Departamento de Estado que otorga visas a ciudadanos de países con escasa presencia en Estados Unidos, conocido como lotería.

Entre el llamado de Bush para la reforma migratoria y la reciente propuesta de Trump, ha habido varios intentos de reforma migratoria. Todas las iniciativas presentaban compromisos entre zanahorias y garrotes. Es decir, regularización de indocumentados a cambio de mayor seguridad en la frontera y agentes migratorios.

En mayo de 2005, por ejemplo, los senadores Ted Kennedy (demócrata de Massachusetts) y John McCain (republicano de Arizona) propusieron una iniciativa muy benévola. Regularizarían a todos los indocumentados que no tuvieran antecedentes criminales, pero tenían que pagar una onerosa multa y los mandaban literalmente al final de la cola de regularización. El garrote de la propuesta era más seguridad en la frontera.

Al año siguiente, un proyecto de ley similar al Kennedy-McCain sería aprobado por el Senado.

Proponía un camino a la ciudadanía para todos los que hubiesen permanecido por más de cinco años –seis años de espera y aprender inglés–. El garrote consistía en un incremento de seis mil guardias nacionales para la frontera. La iniciativa, sin embargo, fue congelada en la Cámara de Representantes, comandada por republicanos conservadores.

Más recientemente, en 2013 un grupo conocido como la pandilla de ocho, cuatro demócratas y cuatro republicanos, entre los segundos Marco Rubio, senador de Florida, introdujeron otra iniciativa que proponía un riguroso pero sensato camino a la ciudadanía para todos los indocumentados (11 millones). El garrote insistía en más seguridad para la frontera, incluyendo nueva tecnología y más de 40 mil nuevos efectivos de la Patrulla Fronteriza.

Este breve recuento histórico revela que, por mucho, la propuesta de Trump es la que presenta una menor zanahoria –sólo regulariza a 16.3 por ciento del total de 11 millones de indocumentados. Además, el garrote es enorme, pues otorgará los fondos para un muro fronterizo y millares de nuevos efectivos para las agencias de control migratorio.

Al final de cuentas, será muy difícil rechazar la propuesta de Trump. Hay tres razones, a mi juicio, que llevarán a la coalición promigrante a aceptar la propuesta. La primera es que se trata de salvar a los soñadores, dado que llegaron de la mano de sus padres. Segundo, estoy de acuerdo con el argumento de Jorge Castañeda: 1.8 millones de regularizaciones son muchas y no se pueden despreciar. Finalmente, porque hay la posibilidad de que el garrote de Trump no se termine de instrumentar.

La lección histórica de la última gran reforma migratoria, Ley de Reforma y Control Migratorio de 1986 (IRCA, por sus siglas en inglés) contenía una gran zanahoria: regularización para tres millones de indocumentados. El garrote era temible: por primera vez se creaban sanciones a empleadores de indocumentados. Ahora bien, la regularización se dio a cabalidad y de los tres millones que se admitieron 2.3 fueron mexicanos. Y las sanciones a empleadores nunca se instrumentaron.

A final de cuentas Trump no será eterno. Que se salven los soñadores y ya veremos que construir el muro a lo largo de toda la frontera con México es una tarea muy ardua para un bufón como Trump. También no será fácil acabar con el principio de reunificación familiar que ha guiado la política migratoria de Estados Unidos desde 1965.

Twitter: @RafaelFdeC

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Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.