Y seguirán las masacres
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Y seguirán las masacres

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Y seguirán las masacres

16/02/2018
Actualización 16/02/2018 - 11:06

A menos de 24 horas después del tiroteo en una preparatoria en Florida que dejó 17 muertos y al menos 14 heridos, Donald Trump en cadena nacional prometió, “atacar el tema difícil de salud mental” y hacer de la seguridad escolar una prioridad en su próxima reunión con gobernadores y procuradores estatales. También insistió en la unidad nacional y ordenó las banderas a media asta en señal de duelo. Pero nunca tocó el tema toral: el control de las armas.

La respuesta de Trump a la tragedia es ya un modelo preparado por el temible lobby conocido como la Asociación Nacional del Rifle (NRA en sus siglas en inglés). Primero, se invoca la solidaridad nacional con las víctimas; segundo, se distrae la atención con una posible solución, en este caso la salud mental de los jóvenes; y finalmente, se señala que no es momento de hablar del control de las armas pues aún el país está en duelo.

El antecesor de Trump, Barack Obama, tuvo una reacción muy distinta. A raíz del tiroteo masivo en la primaria de Sandy Hook donde murieron 20 estudiantes, acabó llorando de desesperación en el podio de la Casa Blanca y suplicó a los legisladores, tanto demócratas como republicanos, a unirse para aprobar leyes más estrictas para el control de armas.

Sin embargo, todos los intentos de Obama en su ocho años en la oficina por racionalizar la venta de armas fueron bloqueadas por el Congreso. No le quedó otra más que concentrarse en la legislación existente e insistir en evitar, sin lograrlo, que se prohibiera la venta de los dispositivos que hacen que un arma se convierta en automática.

La NRA tiene doblegados a los políticos de Estados Unidos, en especial a los republicanos. Si un legislador empieza a tener un poco de sentido común y decide tener una aproximación racional sobre controlar la venta de armas, simple y sencillamente le buscan un contrincante. Y como en ese país los diputados se reeligen cada dos años, sin titubeos voltean para otro lado.

El poderoso lobby de las armas ha pervertido la tradición de Estados Unidos de portarla y el derecho a la defensa personal, asentada en una de las enmiendas constitucionales más viejas, la número dos.

El senador republicano de Florida, Marco Rubio, ha dicho que leyes más estrictas de control de armas no hubiera prevenido el tiroteo. Igual que sus compañeros republicanos, Rubio ha recibido una gran cantidad de fondos del poderoso lobby de las armas: la NRA le había aportado hasta el año pasado 3.3 millones de dólares.

La NRA invirtió una cantidad récord en la campaña presidencial de Trump, 30 millones de dólares. Y lo ungió una estrella de las armas pues “ha sido uno de los aspirantes presidenciales más comprometidos con la portación en la historia del país”.

El lobby de las armas ha ganado la batalla y resulta que la mejor manera de evitar una masacre es estar armado para inmediatamente acabar con el tirador. Me parece inaudito que en la Universidad de Texas los alumnos puedan portar armas. No vaya a ser que vuelva a subirse un francotirador, como sucedió hace décadas, y dispare.

El procurador general de Trump, el racista y truculento Jeff Sessions, ha llamado a instrumentar con más fuerza las leyes existentes y concentrarse en los “criminales, personas peligrosas y enfermos mentales”, como el mejor método para reducir la violencia.

Es una lástima que el asesino de Florida lleve el apellido Cruz, pues claramente es un nombre hispano. Seguramente los racistas que siguen a Trump están pensando que la minoría latina, igual que la afroamericana, son más violentos. Y abona a la narrativa, por eso los afroamericanas y los latinos están sobre representados en nuestras cárceles.

Las masacres en el vecino país del norte van de la mano con la violencia que se ha instalado en nuestro país. Si en Estados Unidos no hay un control, mucho menos lo hay para el contrabando de armas. Hay evidencia de que desde 2005, en que expiró la prohibición de venta de armas de asalto (como el rifle AR-15 que utilizó el asesino de Florida), los cárteles mexicanos tienen más poder de fuego.

Como el vecino no hará nada, no hay manera de que las policías locales e incluso federales puedan con el poder de fuego de los cárteles. De manera que, ambos vecinos, seguiremos experimentando serios niveles de violencia.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.