Portland doblegó a Trump
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Portland doblegó a Trump

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Portland doblegó a Trump

31/07/2020
Actualización 31/07/2020 - 15:17

Las madres de Portland, con cascos de bicicleta para protegerse de los posibles golpes y chalecos amarillos, levantaron las manos frente a las tropas federales y gritaron en unísono “por favor no nos disparen”. Así es como estas manifestantes lograron doblar al presidente Donald Trump.

Después de cuatro semanas de enfrentamientos entre la ciudadanía de Portland, Oregón, y tropas federales, se ha llegado a un acuerdo para que la vigilancia de la ciudad regrese a las autoridades locales.

La llegada de tropas federales en contra de la voluntad de la gobernadora demócrata de Oregón, Kate Brown, y el alcalde de Portland, también demócrata, Ted Wheeler, incendió a la ciudadanía.

En su intentona de reelección, Trump, exagerando el vandalismo y la anarquía de las manifestaciones que se han dado a lo ancho y largo de todo Estados Unidos, envío tropas federales a esta ciudad. “No permitiré que esos vándalos acaben con la paz social que requiere la nación”, sentenció el mandatario estadounidense.

Con el asesinato del afroestadounidense, George Floyd, el pasado 25 de mayo, estalló literalmente el movimiento denominado “las vidas negras importan” (Black Lives Matter). Desde los años 60 no se veían en Estados Unidos manifestaciones tan generalizadas en todo el país.

Trump se sacó de la manga una orden ejecutiva que le autorizaba enviar tropas federales a defender los monumentos e inmuebles federales.

Cuando los manifestantes en Portland hicieron un grafiti en la Corte de la ciudad, el mandatario despachó a las tropas durante el fin de semana del 4 de julio. Y justo allí, alrededor de la Corte, se dieron lugar, noche a noche, los más violentos enfrentamientos. Allí también han llegado, cada noche, durante todo julio, una valla de madres de la ciudad, quienes se entrecruzaban los brazos y formaban una barrera entre las tropas federales y los manifestantes. Se encendieron las señoras de Portland. Se indignaron con la decisión arbitraria de quien ocupa la Oficina Oval.

Invocar la bandera de “orden y Estado de derecho” o de la seguridad del pueblo estadounidense es una plataforma recurrente entre los candidatos del Partido Republicano.

Cuando Richard Nixon llegó a la presidencia en 1968, las manifestaciones en contra de la guerra de Vietnam proliferaban. El candidato republicano se autonombró un campeón del orden y legalidad. “No se preocupen, aquí tienen una mano firme que los defenderá de los vándalos”, afirmó. En su discurso de toma de posesión señaló: “Cuando miramos qué acontece en Estados Unidos, nosotros vemos ciudades envueltas en columnas de humo y llamas. Nosotros escuchamos sirenas por la noche. Nosotros vemos estadounidenses pereciendo”.

En 2004, George W. Bush utilizó una narrativa similar: sembrar miedo en la población sobre las capacidades de la red terrorista internacional Al-Qaeda, de volver a realizar otro ataque en suelo estadounidense como el del 11 de septiembre de 2001.

Le funcionó. Pintó a su rival demócrata, el senador de Massachusetts, John Kerry, como un palomo frente a los temibles fanáticos musulmanes y lo demás ya es historia.

El Covid-19 ha puesto contra las cuerdas a los intentos de reelección de Trump. El número de decesos rebasó los 150 mil esta semana. El número de contagios llegará el fin de semana a cuatro y medio millones. El desempleo sigue batiendo récords y Trump ya no puede presumirse como el mandatario que ha promovido la mejor economía de la historia.

Por eso el republicano ensaya ser visto como el mandatario que hará lo que sea necesario para defender el orden y la legalidad, el hombre que puede salvar a Estados Unidos de la extrema izquierda.

Pero la ciudadanía de Portland, especialmente las madres de la ciudad, le dieron una lección: No te metas, señor presidente, donde no te incumbe.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.