Moneda electoral en el aire
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Moneda electoral en el aire

19/10/2018
Actualización 19/10/2018 - 12:52

La suerte de Donald Trump, el presidente número 45, será decidida en las elecciones intermedias del próximo martes 6 de noviembre.

La batalla electoral este año se escenificará en la Cámara baja y en el Senado. En la Cámara baja estarán, como cada dos años, los 435 escaños en juego. Los demócratas necesitan avanzar 23 curules para obtener la mayoría. En el Senado, sólo 35 curules están en juego, es decir, un poco más de la tercera parte del total. Y los demócratas necesitan capturar dos escaños más.

Si el Partido Demócrata obtiene la mayoría en la Cámara baja, la posibilidad de un juicio de desafuero (impeachment) a Trump se convierte en una realidad. Pero si los republicanos logran conservar la mayoría en ambas cámaras, no habrá manera de que Trump sea enjuiciado, y estará en posición de seguir profundizando una agenda conservadora, lo cual será el mejor instrumento para su intentona de reelección en el 2020.

La moneda electoral está en el aire. En el mes de agosto se preveía que los demócratas tenían posibilidades de arrebatar las mayorías a los republicanos en ambas cámaras. Ya no es el caso. En Estados Unidos el partido que obtiene la mayoría controla todas las presidencias de comités y subcomités legislativos. Es decir, tiene mano sobre la agenda legislativa.

Para sus seguidores, Trump ha tenido un extraordinario rendimiento en las últimas semanas, especialmente la semana de este mes, en que se confirmó al juez Brett Kavanaugh para la Suprema Corte. La discusión que ocasionó entre republicanos y demócratas ha sido tal vez la más divisiva en la historia de una confirmación para el máximo tribunal estadounidense. Y los encuestadores consideran que las bases republicanas están encantadas. En especial el sector evangélico que es el más disciplinado para salir a votar. Para ellos, Trump les ha rendido con creces, pues era muy difícil lograr en menos de dos años colocar dos jueces muy conservadores, antiaborto y antiderechos LGBTI en la Suprema Corte. Obama, en ocho años de mandato, sólo pudo nombrar a dos juezas liberales.

Trump está haciendo campaña para los candidatos republicanos, apareciendo en los distritos con elecciones cerradas. Su arenga es que ya logró dos jueces conservadores, que ya mejoró lo que era un pésimo Tratado de Libre Comercio con México y Canadá, que este año el crecimiento de la economía fue del 4.1 por ciento en el segundo trimestre, el mayor en los últimos cuatro años, y que la tasa de desempleo es de 3.7, lo que representa la tasa más baja en los últimos cincuenta años.

Afortunadamente para los demócratas, en la elección intermedia por lo general se castiga al partido en el poder, pues es una especie de referéndum sobre el presidente. A los dos últimos presidentes demócratas les fue mal. Bill Clinton (1992-2000), perdió la elección intermedia en 1994, lo mismo que Barack Obama (2008-2016), perdió la elección del 2010.

Por su parte el republicano, George W. Bush (2000-2008), ganó la elección intermedia, 2002, gracias a que Estados Unidos estaba en plena guerra contra el grupo terrorista Al-Qaeda, que había violentado el suelo estadounidense el 11 de septiembre del 2001.

En lo que va de la presidencia de Trump, se han visto varias protestas en contra de las acciones que él y su administración han tomado. Desde el veto migratorio contra musulmanes hasta la nominación de Kavanaugh. A un par de semanas de las elecciones, sólo queda esperar si el enojo de las bases demócratas se traducirá en votos a favor de los candidatos demócratas, o si los republicanos saldrán a votar a favor de Trump y los candidatos republicanos. En fin, el próximo 6 de noviembre será la oportunidad que los demócratas han buscado para frenar la agenda de Trump.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.