Los motivos de la cruzada antimigratoria de Trump
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Los motivos de la cruzada antimigratoria de Trump

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Los motivos de la cruzada antimigratoria de Trump

06/12/2019
Actualización 06/12/2019 - 15:02

El presidente número 45 de los Estados Unidos está llevando a cabo una cruzada antimigratoria. No solamente quiere impedir que lleguen inmigrantes indocumentados, sino también está intentando disminuir los números de inmigrantes legales. En especial, ha realizado un esfuerzo extraordinario por obstaculizar a los peticionarios de asilo que llegan a la frontera México-Estados Unidos.

¿De dónde viene este celo migratorio? ¿Es puro y duro racismo?

Me parece que Trump es un racista. Pero sobre todo es un pragmático sin principios. Eso explica que tenga a veces una posición contradictoria. Por ejemplo, un racista antimigratorio puro y duro nunca vería bien a los dreamers, quienes llegaron de niños a Estados Unidos de la mano de sus papás. Sin embargo, Trump se refería a ellos como “buenos chicos,” como una población positiva para Estados Unidos. Aunque, al final de cuentas, acabó con el programa de Acción Diferida conocido como DACA, por sus siglas en inglés, que les permitía quedarse y trabajar legalmente.

La cruzada antimigratoria de Trump se compone de dos elementos. El primero consiste en una retórica subida, incluso grosera antimigrante —son unos violadores y criminales—, la cual se ha convertido en un gran instrumento electoral. Y el segundo, es un grupo de sofisticados racistas y antiinmigrantes que desde que Trump era candidato lo apoyaron y le exigen desde que es mandatario que instrumente una agenda integral antimigrante.

El primer elemento empezó como una posición y actitud personal, seudo espontánea, que animó a Trump, desde el día uno de su campaña por la Casa Blanca, a ser políticamente incorrecto y atacar directamente al inmigrante indocumentado mexicano. Estos ataques que, muchos pensamos erróneamente hundirían su candidatura, por el contrario, la catapultaron.

Las groserías antimigrantes le permitieron al precandidato Trump tener una clara diferencia con la otra veintena de aspirantes. Mientras que Jeb Bush y Marco Rubio mantenían un confuso lenguaje sobre los inmigrantes —los queremos, pero no los queremos— Trump espetó a la base republicana: les están quitando sus empleos, son la fuente de todos los males del trabajador blanco.

Este bullying de Trump hacia los migrantes fue bien recibido por la base enojada de Trump –los blancos, rurales sin educación y acabó entusiasmándolos. Pero ahora, con cara a la elección del 2020, la antimigración es una estrategia central.

Resulta que en los estados columpio, es decir en los que pueden votar republicano o demócrata, hay evidencia que los temas antimigratorios como la deportación y la pared en la frontera México-Estados Unidos, resuenan enormemente con el elector republicano. Por ejemplo, más de 70 por ciento de los electores republicanos de Michigan consideran que la deportación masiva es algo muy deseable. Mi conclusión es que el discurso antimigratorio de Trump tendrá un lugar sagrado en su intentona para reelegirse.

El segundo elemento consiste en una alianza tácita entre el mandatario y un grupo de republicanos muy conservadores, abiertamente antimigración, racistas y en pro de la supremacía blanca, como Steve Bannon, dueño del sitio archiconservador Breitbart News y el primer jefe de estrategia de la Casa Blanca, Jeff Sessions, exsenador de Alabama y el primer procurador general de justicia de Trump, y Steven Miller, el asesor y discursero más importante de Trump en temas migratorios.

Como bien explican en su libro Border Wars, los periodistas Julie Hirschfeld Davis y Michael D. Shear, existe un grupo recalcitrante y sofisticado antimigración conocido como el Grupo Hamilton. Este grupo conformado por varios staffers de alto nivel del Congreso, desarrolló una agenda de choque antimigratorio para los primeros 100 días de gobierno. Su acción más visible fue la prohibición de viaje a Estados Unidos a los ciudadanos de siete países de mayoría musulmana, tan sólo unos días después de la toma de posesión.

Ya en el poder, Steven Miller, quien es el colaborador de Trump más influyente en materia migratoria, creó un grupo que se reunía los viernes para trabajar febrilmente en una agenda integral antimigratoria. Entre las joyas de la corona antimigratoria del grupo, está la adopción por la administración de una propuesta de reforma migratoria que dejaría atrás el principio central de la política migratoria del último siglo — el derecho humanitario a la reunificación familiar, por el de migración altamente calificada y desde luego proveniente de países anglosajones europeos.

Hay evidencia de sobra que Miller — el asesor estrella— y Jeff Sessions son supremacistas blancos. Y la agenda que Trump les ha comprado destila racismo.

La próxima elección presidencial 2020 será definitoria. Se enfrentan dos cosmovisiones. La demócrata que representa el futuro demográfico de Estados Unidos, en que las minorías étnicas serán mayoría y la republicana, que se resiste al cambio demográfico que está ocurriendo en el vecino del norte y se propone eternizar la supremacía blanca.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.