Los excesos, el cinismo republicano y el arranque electoral de Trump
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Los excesos, el cinismo republicano y el arranque electoral de Trump

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Los excesos, el cinismo republicano y el arranque electoral de Trump

07/02/2020
Actualización 07/02/2020 - 14:54

Las imágenes más vistas durante el tercer Informe del Estado de la Nación del Presidente Donald J. Trump fueron cuando deja, de entrada, con la mano extendida a la presidenta del Congreso, Nancy Pelosi. Y al final del discurso, Pelosi tritura el discurso, y explica por qué lo hizo—él “trituró la verdad”.

Trump señaló que la economía está en su mejor estado en la historia. Enfatizó que los afroamericanos y los latinos nunca habían estado mejor económica y socialmente. Que ha logrado ser el país mayor productor de petróleo y gas en el mundo (ya lo era desde 2012) y que ya incluso China les tiene más respeto.

Su narrativa, de verdad rasurada y exagerada, empieza a surtir efectos. Su popularidad está en el punto más alto de su presidencia, 49 por ciento aprueba su labor y 50 por ciento la rechaza. Es decir, va en caballo de hacienda para reelegirse el próximo 3 de noviembre.

Llegó a la sesión conjunta del Congreso como un claro triunfador del duelo que ha venido sosteniendo con los demócratas de la Cámara baja, en especial con Pelosi. Se sabía que al día siguiente lo perdonaría el Senado. Fue incapaz, sin embargo, de ser magnánimo en la victoria.

No está en su naturaleza tender puentes. Sí el avasallar y deleitarse en atacar y atacar a sus contrarios. Incapaz de cualquier juicio de autocensura, ha llegado a creerse su propio alegato: mis enemigos desataron una cacería de brujas para privarme de lo que el elector me otorgó, el Poder Ejecutivo.

El cinismo republicano estuvo presente durante todo el impeachment. No había duda de que el mandatario abuzó de los poderes de la Oficina Oval para chantajear al presidente de Ucrania. Pidió un favor: iniciar investigación sobre el hijo de Joe Biden por supuesta corrupción a cambio de casi 400 millones de dólares en ayuda militar y una visita a la Casa Blanca.

La postura republicana consistió en minimizar las violaciones pues al tratarse de un pequeño país, no era para tanto. También se apoyó en una concepción de presidencia imperial. El abogado de Trump, profesor de Harvard, Alan Dershowitz tuvo la desfachatez de argumentar –“todo político que conozco considera que su elección abona al bien común… Y si un presidente hace algo que considera lo ayudará a reelegirse es en el interés común”.

El acelerado y partidista perdón de los republicanos tuvo sólo un disidente, el excandidato presidencial Mitt Romney, hoy senador de Utah. Conocido por su profunda religiosidad como mormón, Romney hizo una escrupulosa lectura del tratado sobre impeachment de Hamilton, “Federalist 65” y votó su conciencia: Trump había abuzado de los poderes de la presidencia para su beneficio personal.

En su festejo al día siguiente de ser perdonado, Trump no dejó duda de que tiene a los republicanos atados a su voluntad. Mencionó los nombres, lista en mano, de quienes se la jugaron por él. Y varias veces se detuvo para recordarle uno a uno que si quieren reelegirse más les vale que cuenten con su apoyo. Y para el liderazgo demócrata uso los calificativos de “malvados y diabólicos”.

Lo que uno no le puede regatear a los estrategas de Trump, sin embargo, es que el discurso ante el Congreso fue un excelente punto de arranque para la campaña de reelección.

Exhibió su nacionalismo populista alabando a las Fuerzas Armadas y, en un claro reality show, incluso sorprendió a la esposa de un combatiente en Afganistán, haciéndolo aparecer en escena. “Te lo trajimos.”

Autoproclama que ha cumplido con creces sus promesas de campaña, y presumió la reciente reforma judicial como un guiño al electorado afroamericano, quien, de no tener un candidato cercano, podrían votar por el magnate de los bienes raíces.

La aparición del venezolano Juan Guaidó que, incluso hizo aplaudir a los demócratas, tuvo un claro tinte electoral. Cortejar al voto latino de la Florida, uno de los estados que se consideran columpio, es decir, pueden votar republicano o demócrata, y que serán las llaves para acceder a la Casa Blanca.

No nos hagamos ilusiones. México y sus migrantes volverán a ser piñata política del presidente Trump. La base de Trump le ha comprado que los inmigrantes mexicanos y centroamericanos son la fuente de todos sus males, pues les arrebatan sus trabajos y cometen crímenes imperdonables.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.