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Las claves de la Convención Nacional Demócrata

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Las claves de la Convención Nacional Demócrata

21/08/2020
Actualización 21/08/2020 - 15:14

Joe Biden, ahora sí el candidato a la presidencia por el Partido Demócrata, sacó adelante la Convención Nacional de su partido con altas calificaciones. No era una tarea sencilla. Es la primera vez en la historia que hay una convención virtual, es decir, hubo que reinventar completamente el formato. Además, las diferencias ideológicas del partido, prácticamente, no salieron a relucir.

Considero que Biden y su equipo apostaron por tres elementos que les dieron una Convención exitosa y la utilizarán como plataforma para ir a la ofensiva durante el estrecho final de la elección: los 73 días que faltan para el 3 de noviembre.

“Péguenle a Trump” fue el mensaje generalizado en los cuatro días de Convención. Siempre que un presidente busca quedarse cuatro años más en la Casa Blanca, la elección se convierte en una especie de plebiscito sobre su labor. Evidentemente, los demócratas tienen mucho que reclamarle al mandatario.

Desde el lunes pasado, la noche del arranque, Michelle Obama asentó el mensaje: “estamos como estamos por Trump”. Todos los que le siguieron en el uso de la tribuna, le tundieron al mandatario. Destacan las intervenciones de Hillary Clinton y Barack Obama, del miércoles por la noche. La exsecretaria de Estado insistió: “resultó mucho peor de lo que me esperaba…” Y Obama, siempre respetuoso y presidencial, de plano se quitó los guantes para señalar: “no ha intentado estar a la altura de la Oficina, porque no puede”.

Estas acaloradas críticas a Trump sirvieron, además, como el pegamento para mantener unidos a los diversos sectores que componen al partido, en especial el ala más progresista y radical que encabeza el senador por Vermont, Bernie Sanders. Cada noche, un demócrata de esta ala progresista pronunció un discurso.

El segundo gran acierto fue hacer una convención más ágil y divertida, con discursos breves y con matices de espectáculo televisivo. La mayoría de las intervenciones fueron de cinco minutos o menos. Por ejemplo, Bill Clinton, que participaba en su convención número once, en vez de hablar por 55 minutos como nos había acostumbrado, sólo tuvo cinco. La cercanía demócrata con Hollywood brilló. En la noche del miércoles nos deleitó Billie Eilish, una joven compositora y vocalista que arrasó en la última edición de los Grammys.

Finalmente, se transparentó quién es Biden y qué temas le mueven, como son el combate por el cambio climático y una migración con cara humana que no separará familias.

En la presentación del plan para combatir el calentamiento global y asegurar energías limpias no dejó duda de que se encuentra en el polo opuesto a Trump, quien no sólo ha impulsado a los hidrocarburos, sino incluso el carbón. Además del plan ambicioso que llama a la emisión cero en 2050, hubo una conversación con activistas jóvenes en una clara alusión para que ese sector progresista del partido salga a votar.

La apuesta migratoria de Biden también fue presentada en dos segmentos. Primero, una carta de una niña quien se quedó sin mamá, pues fue deportada a México, no obstante estar casada con un elemento de la Marina estadounidense.

En lo personal me pareció valiente y revelador el segmento en que tres mujeres presentaron su testimonio: una madre migrante con sus dos hijas. Una de ellas, una joven minusválida que atravesó el río Bravo en los brazos de su madre. La segunda, ya nacida en Estados Unidos, quien hizo de traductora de su madre cuando relató cómo se aventuró contra viento y marea al sueño americano.

Al igual que el tema del cambio climático, el segmento de migración deja entrever que Biden representa las antípodas de Trump. Justo a esa madre y esa joven minusválida son a quien Trump bautiza como inmigrantes provenientes de “países de mierda”.

La última vez que un presidente intenta reelegirse y no lo logra fue en 1992, cuando George H.W. Bush (Bush papá) perdió ante esa pareja de jóvenes ambiciosos demócratas centristas: Bill Clinton y Al Gore. Estos salieron de la convención de 1992 en Madison Square Garden, también un agosto, literalmente victoriosos. Se subieron en un autobús e hicieron un gran tour que los llevó a conquistar millones de votos.

Joe Biden y Kamala Harris tienen que aprovechar su exitosa convención nacional para convencer a los indecisos a abrazar su causa. Más importante aún, para incentivar a todo el espectro ideológico de su partido a salir a votar en grandes cantidades.

Biden ha estado por arriba de las expectativas en dos de tres momentos clave de una elección –la temporada primaria de enero a junio y durante la Convención Nacional en agosto. Ahora le falta cerrar y evitar que Trump siga despachando en la Oficina Oval.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.