La salida de Bolton y sus implicaciones
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La salida de Bolton y sus implicaciones

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La salida de Bolton y sus implicaciones

13/09/2019

El Consejo de Seguridad Nacional fue creado en 1947 ante el nuevo protagonismo que jugaría Estados Unidos en el escenario internacional. El resultado de la Segunda Guerra Mundial convertía a nuestro vecino del norte en la gran potencia militar de Occidente y se inauguraba un mundo bipolar –la URSS y su socialismo vs. Estados Unidos y su capitalismo.

El Consejo de Seguridad Nacional es una oficina al interior de la Casa Blanca, repleta de expertos en seguridad, cuyo líder, el consejero de Seguridad Nacional, tiene el encargo de que el presidente esté bien informado en los temas de paz y guerra; coordinar el acceso de los distintos miembros del gabinete y agencias de seguridad a la Oficina Oval, y cuando el Ejecutivo toma una decisión, que las dependencias la instrumenten.

En la historia del Consejo ha habido rivalidades relevantes entre el consejero de Seguridad Nacional y el secretario de Estado, por el privilegio de ser el actor más influyente en el proceso de política exterior y seguridad nacional. Henry Kissinger, por ejemplo, consejero de Nixon, literalmente opacó al secretario de Estado William P. Rogers, de tal manera que acabaría ocupando su sitio.

También ha habido consejeros considerados extraordinarios, como fue el caso de Brent Scowcroft, quien fue consejero de dos presidentes, Gerald Ford y George H.W. Bush. Scowcroft no era un hombre de opiniones y de brillo mediático. Su trascendencia estaba en coordinar el proceso de decisiones para que todas las alternativas, ante una difícil decisión, le llegaran al presidente. Más aún, tenía el conocimiento y la confianza de sus jefes, para explicarles las opciones.

John Bolton (quien insiste en que renunció y Trump dice que él lo despidió) es lo más opuesto a Scowcroft. Es un ideólogo con un ego desbordado. Un halcón sin restricciones que el propio Trump decía que si por él fuera, Estados Unidos “estaría librando cuatro guerras”.

Bolton, el tercer consejero de Seguridad de Trump (nunca un presidente había despedido a tantos en sus primeros tres años), captó el ojo de Trump por sus intervenciones extremas y belicosas en Fox News. Lo invitó a colaborar en la Casa Blanca, literalmente a su lado, para que vieran los norcoreanos y los iraníes y de paso los venezolanos, que un ataque no estaba descartado.

Había dos profundas diferencias entre los dos que pronto aflorarían. Primero, Trump es belicoso de dientes para afuera. Su promesa de campaña en seguridad nacional fue sacar a las tropas de los teatros de guerra, como Irak y Afganistán. El belicismo de Trump es una estrategia de negociación, mientras que el de Bolton es realismo puro: el más fuerte vencerá. Trascendió que durante la última entrevista sorpresa de Trump con el líder norcoreano Kim Jong-un, a Bolton lo mandaron literalmente a Mongolia, pues se oponía a la diplomacia personal de Trump con Jong-un.

La segunda es que a Trump cada vez le gustan más los funcionarios que no lo confrontan; los “sí, señor presidente”. Y Bolton se ganó en 17 meses que permaneció en la Casa Blanca el mote del “Señor no”. Entendía bien que a sus 70, era su última oportunidad de imponer sus propias convicciones y arremetía contra quien se le pusiera enfrente.

Hay tres implicaciones principales en la salida de Bolton. La primera es que el secretario de Estado, Mike Pompeo, será más poderoso. Esto no es necesariamente una buena noticia. Pompeo es tan halcón como el que partió, pero de formas suaves y persuasivas. Eso le permitió escalar de la CIA al séptimo piso de Foggy Bottom, como usualmente se le conoce a la oficina del secretario de Estado.

La segunda es que seguramente Trump nombrará a un consejero más a modo, un “sí, señor presidente”. Este es el tono de todos sus nuevos nombramientos. Cuando despidió a Kirstjen Nielsen de la Secretaría de Seguridad Interna, nombró a Kevin McAleenan, quien funge como designado. Este se había caracterizado por apoyar la política trumpeana de separar a los niños de sus padres migrantes en la frontera sur.

Finalmente, para México, la salida de Bolton es un respiro en el tema de seguridad regional, pues era la voz que insistía una y otra vez en invadir Venezuela para apurar la salida de Maduro.

Lo que nadie puede esperar es más orden al proceso de toma de decisiones en seguridad nacional en la Casa Blanca de Trump. Seguirá siendo caótico. Y esto tiene un costo alto para la seguridad del vecino país del norte. Aquí está el verdadero efecto nocivo para México. Bajo el macho y petulante que despacha en la Oficina Oval, simplemente se magnifican los riesgos en América del Norte.

Mala noticia cuando se conmemoraron, antier, 18 años de los ataques terroristas a las Torres Gemelas y al Pentágono.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.