Apuntes Globales

La reforma migratoria de Biden y la disputa por la nación

Joe Biden apuesta al futuro cercano demográfico de Estados Unidos: a partir del año 2040, las minorías serán mayoría.

Lo que está en juego en la reforma migratoria que el presidente Biden envió al Congreso es el futuro del alma social de Estados Unidos. Un segmento del electorado, mayormente demócrata, quiere un país plural en que las minorías étnicas y sexuales tengan plena cabida en el tejido social. La otra parte del electorado, mayoritariamente republicano, quiere conservar una sociedad en que los blancos sigan siendo los privilegiados y mantengan el control político.

Doris Missner, quien fue la directora del Servicio de Naturalización y Migración durante los ocho años de presidencia de Bill Clinton (1993-2001), lo pone en estos términos: cuando los estadounidenses estamos debatiendo una reforma migratoria, estamos decidiendo sobre el futuro de nuestra alma social. Por eso puede ser tan divisivo el debate y por eso no nos gusta que otros países participen.

Biden está apostando a fortalecer la llamada coalición Obama. Es decir, esa síntesis de blancos urbanos con educación universitaria y las minorías étnicas y sexuales que los llevaron a la presidencia. La semana pasada presentó al Congreso la llamada Acta de Ciudadanía de Estados Unidos, la cual contiene provisiones para que las 11 millones de personas que se encuentran sin documentos puedan, en ocho años, regularizarse. Es decir, lejos de expulsarlos, se trata de integrarlos plenamente a la sociedad.

Hay que recordar que la mitad de estos indocumentados son mexicanos, y si sumamos a los centroamericanos estamos cerca de 75 por ciento del total. Es decir, de ser exitosa la reforma migratoria, el impacto sobre la comunidad migrante mexicana y centroamericana sería altamente positivo.

Trump apostó, y sus seguidores lo siguen haciendo, por justamente lo contrario. Según el centro de investigaciones Migration Policy Institute, hubo más de 400 cambios regulatorios para cerrar la llave a los migrantes y a los peticionarios de asilo justamente como los mexicanos y centroamericanos. Más aún, se intentó realizar una reforma migratoria para cambiar la esencia del sistema que ha prevalecido durante todo el siglo pasado y lo que va del presente: dejar atrás el principio humanista de la reunificación familiar y reemplazarlo por uno basado en el mérito y los grados de educación. Es decir, las fuentes de inmigración serían países del norte, gente educada y generalmente blanca.

Biden apuesta al futuro cercano demográfico de Estados Unidos: a partir del año 2040, las minorías serán mayoría. Lo que ya sucede en California sucederá en todo el país. En el estado, los latinos, afroamericanos, asiáticos e indios autóctonos ya representan 52 por ciento de la población. Los blancos son minoría.

Lo que estaremos observando en las audiencias y discusiones legislativas sobre el proyecto de ley de Biden es el choque bipolar sobre el futuro de Estados Unidos.

Los seguidores de Trump, enojados y resentidos, harán hasta lo imposible para evitar la reforma. ¿Por qué premiar a esos migrantes del sur que han venido a robarnos nuestro trabajo y bienestar? Por su parte, las minorías raciales y sexuales y los blancos liberales tampoco cederán. Para éstos, cualquier oposición a su progresismo es puro y duro racismo.

Mi lectura es que los liberales no se esfuerzan demasiado por entender que Estados Unidos se ha convertido en un país con enorme injusticia social. Nuestro vecino se parece ahora mucho más a nosotros y a Colombia o Guatemala que a Escandinavia. Es decir, ha aumentado extraordinariamente la injusticia social y las brechas de riqueza son ahora casi tan altas como las nuestras.

No veo una reforma migratoria limpia y avasalladora bajo Biden. Así es la democracia. Impide, para bien y para mal, los carros completos.

Habrá avances. Por ejemplo, los llamados soñadores, que llegaron de niños de las manos de sus padres, se legalizarán y tendrán pronto un camino abierto y breve a la ciudadanía. Otros segmentos de población, como bien podrían ser los padres de estos soñadores, se quedarán sin regularización.

La verdadera prueba de fuego para la disputa por Estados Unidos vendrá en noviembre de 2022. En la elección intermedia le tomaremos el pulso al trumpismo y a ese deseo de los blancos por seguir estando en control y prolongar su superioridad.

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