La realineación de las Cortes bajo Trump
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La realineación de las Cortes bajo Trump

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La realineación de las Cortes bajo Trump

31/05/2019

El legado profundo y duradero del presidente Donald Trump no está en la construcción de un supuesto muro fronterizo con México o en el recrudecimiento de las sanciones económicas a Irán. La cruzada que su administración ha emprendido para impregnar al tercer poder – las Cortes—de una ideología conservadora y retrograda, afectará al tejido social de Estados Unidos en las siguientes dos o tres décadas.

En menos de tres años, la administración Trump ha logrado colocar a dos jueces conservadores en la Suprema Corte, el mismo récord de Barack Obama en ocho años. Más aún, ya impuso a 40 jueces en las cortes de apelaciones, un número que ningún otro presidente había logrado en sus primeros tres años.

En el corto plazo, los avances trumpeanos en las cortes son un contundente golpe al sistema de pesos y contrapesos. Recordemos que, hasta la fecha, las Cortes han sido clave en detener o limitar algunas de las políticas más draconianas de Trump, como terminar el programa que permite a los migrantes que llegaron de niños con sus padres, permanecer y trabajar en Estados Unidos (DACA por sus siglas en inglés). También están descarrilando el avance social más importante que ha habido en décadas, la ley de salud de Obama, la cual obliga a la cobertura universal.

En el mediano plazo, un régimen judicial conservador acabará con la serie de avances sociales de las últimas seis décadas, como es el derecho de la mujer al aborto, el matrimonio gay o con las políticas de fomento a las minorías raciales y sexuales como el acceso a la educación e incluso a las urnas.

Ahora bien, la realineación de las cortes no es la jugada maestra del magnate de los bienes raíces. Trump es sólo el instrumento del archiconservador, Mitch McConnell, líder de la mayoría republicana en el Senado.

McConnell acababa de llegar al Senado, joven y sin poder, cuándo el Partido Demócrata logró descarrilar la ratificación del juez conservador Robert Bork en 1987. Un dolido McConnell sentenció: “se arrepentirán”.

Junto con otros republicanos, McConnell acusó a los 'liberales' de haber emprendido una campaña de desprestigio y difamación para destruir la nominación de Bork. Fue una amarga derrota para los conservadores, quienes inmortalizaron el apellido del juez con la innovación de un nuevo verbo. Según el diccionario Merriam-Webster, “bork” significa “atacar o derrotar (a un nominado o candidato a la función pública) de una manera injusta a través de una campaña de dura crítica publica y denigración”.

Los demócratas ganaron la batalla. Pero los republicanos iniciaron una guerra de baja intensidad que después de más de tres décadas les está rindiendo importantes frutos. McConnell escaló pacientemente la jerarquía hasta llegar a la cúspide del Senado. Y desde allí está cumpliendo su amenaza.

En 2016, McConnell logró un enorme triunfo para la causa conservadora en las cortes. Como líder de la mayoría en el Senado, cerró filas para impedir que la silla vacante del conservador Antonin Scalia fuese llenada por un liberal, el juez de centro izquierda Merrick Garland nominado por Obama. Al fin, político sin garra, Obama consintió el bloqueo de McConnell pues consideró que, cuando Hillary llegara a la Casa Blanca, tomaría cartas en el asunto.

El primer gran triunfo del binomio McConnell-Trump fue colocar al conservador Neil Gorsuch en la Suprema Corte, justo reemplazando a Scalia.

Un año después, vendría la divisiva ratificación de Brett Kavanaugh. En plena audiencia fue acusado de agresión sexual. McConnell y los republicanos invocaron el caso Bork. Acusaron a los demócratas de difamación a toda costa. Los conservadores cerraron filas y tras una muy breve intervención del FBI para investigar las acusaciones en contra de Kavanaugh, el juez fue ratificado.

¿Qué gana Trump? Energía y cohesión de su base conservadora. Por ejemplo, cientos de miles de mujeres latinas cristianas votaron por Trump, y en el 2020 lo harán con mayor firmeza. Para ellas, el que Trump bulleé a los migrantes pasa a un segundo plano. Lo importante es lograr que se revierta el laudo de la Suprema Corte de 1972 –Roe vs. Wade— que permite el aborto.

Para Steve Bannon, el maquiavélico exjefe de estrategia de la Casa Blanca, Trump es un “canal imperfecto” para avanzar la revolución conservadora. McConnell, como nadie en Washington, ha sabido explotar ese canal para avanzar una agenda de reivindicación ultraconservadora.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.