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La caravana: un problema de tres

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La caravana: un problema de tres

26/10/2018

El momento político en que la caravana migrante ha decidido transitar por territorio mexicano hacia Estados Unidos es altamente volátil. Hay elecciones intermedias en Estados Unidos y México está sumido en una transición compleja.

México está bajo un intenso reflector. La cobertura mediática es exhaustiva. Periodistas de todo el mundo, pero particularmente de Estados Unidos, cubren la caravana: sus causas, la entrada a territorio mexicano y su desplazamiento hacia la frontera norte.

Dos elementos explican esta gran cobertura mediática. La caravana no tiene precedente en términos de números, se calcula que son alrededor de siete mil personas. Los propios activistas hondureños se asombran del tamaño. Se esperaban mil, dice uno de ellos, y son siete veces más.

Una motivación política de mostrar cómo Honduras bajo el vilipendiado presidente Juan Orlando Hernández ha profundizado las causas de expulsión –violencia y marginación— despertó un furor popular por unirse a la caravana. Desde la óptica de la madre hondureña que transita con dos criaturas, se trata de aprovechar el cobijo de millares de gentes para evitar los graves peligros de la migración en tránsito por nuestro país y llegar a Estados Unidos.

Y segundo, el olfato político del tiburón Trump, que como bien dice el astuto republicano Newt Gingrich, “entiende que en la actual estructura política hay que ganar con campañas divisivas”. De manera que al igual que en la elección anterior, ha vuelto a levantar el arrebato de su base electoral contra la migración ilegal y legal –la caravana está plagada de terroristas de Medio Oriente y miembros de la terrible y temible Mara Salva Trucha.

El gobierno de México está entre la espada y la pared. Si controla e intenta disuadir a los migrantes de no llegar a la frontera con Estados Unidos, será visto como falto de escrúpulos humanos y como el perro de caza antiimigrantes de Trump.

Si México los deja pasar libremente, incluso como lo está haciendo, alentando y coordinando en la medida de lo posible la ayuda humanitaria de la Cruz Roja y muchas organizaciones sociales, podría provocar un conflicto muy complejo en la frontera y de pronósticos reservados.

Una política de laissez-faire parecería en primera instancia ser una política humanitaria y pro-migrante. Sin embargo, no lo es, pues podría tener consecuencias muy negativas. No hacer nada expone a los migrantes a la violencia en territorio nacional y a un posible estallido en la frontera con Estados Unidos.

Un escenario es que la caravana llegue a Tijuana con un contingente de cuatro o cinco mil personas. De sobrevenir un intento de entrar a Estados Unidos, habría que esperar lo peor. Violencia apabullante y pérdida de vidas humanas. Más aún, sólo el hecho que la caravana se aproxime a territorio estadounidense provocará una reacción furiosa de Trump, quien probablemente cerrará la frontera con México. El costo para uno y otro lado sería devastador. Ya lo advirtió y no se va a detener.

México no tiene opción. No puede distraerse con la transición. Debe asumir la gravedad del caso.

La complejidad de la caravana y los riesgos que implica –humanitarios, de seguridad y de política exterior—la convierten en la prueba de fuego de lo que hasta ahora ha sido una transición tersa. Estamos frente a un problema de tres gobiernos: el de Peña que sale y el de AMLO que entra. Y hay que buscar la mejor manera de lidiar con el de Trump.

Por la distracción propia de la transición –los que están ya sólo piensan en su siguiente paso y los que llegan aún no están en control—se hace necesario acelerar el relevo.

Peña y AMLO podrían designar un funcionario que concentre el problema. Ya sea la futura secretaria de gobernación Olga Sánchez Cordero o el futuro canciller Marcelo Ebrard.

En el contexto explosivo que transita la caravana de hondureños por territorio nacional requiere que Peña y AMLO se adelanten y centralicen. Es momento de mostrar un México unido y decidido a enfrentar al peligroso nacionalismo de Trump. Unidos el equipo de Peña y el de AMLO lograron el Tratado México-Estados Unidos Canadá.

La transición no debe dividir a México y por tanto debilitarlo.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.