Fortalezas y debilidades de Biden
menu-trigger
ESCRIBE LA BÚSQUEDA Y PRESIONA ENTER

Fortalezas y debilidades de Biden

COMPARTIR

···
menu-trigger

Fortalezas y debilidades de Biden

06/03/2020
Actualización 06/03/2020 - 15:14

Joe Biden es un ser humano que ha superado dos tragedias. Siendo un joven senador por el estado de Delaware, su joven esposa Neilia iba manejando con sus tres hijos, dos niños y una niña. Un coche los embistió y sólo le sobrevivieron los varones. 43 años después, Beau, uno de los hijos que sobrevivió, a sus 46 años, murió de un raro y agresivo cáncer en el cerebro. En su lecho de muerte le insistió a su papá –prométeme que estarás bien.

La compasión por aquéllos que sufren tragedias es algo que se le da natural al nuevo puntero demócrata. Sus fortalezas son su humanismo, centrismo político y pragmatismo, así como ser parte del establishment del partido demócrata.

Biden revivió el sábado pasado en la elección primaria de Carolina del Sur. Los afroamericanos, mayoría de electores en la localidad, salieron a votar abrumadoramente por él. Literalmente resucitaron su campaña. Eso le dio momentum político y el establishment demócrata se alineó tras de él. Vieron la oportunidad de frenar al candidato progresista cuasi socialista Bernie Sanders, quien cabalgaba a galope para lograr la gran mayoría de delegados en el llamado supermartes.

Lo de Biden fue una resucitación política, casi sin paralelo, en la historia electoral de Estados Unidos. Sin haber logrado en las primeras dos paradas de la temporada primaria ni siquiera un segundo lugar, Biden arrebató 10 de los 14 estados en juego el pasado martes a Sanders.

Por ser un caballero que representa el centro ideológico de su partido, los aspirantes que abandonaron la contienda después de Carolina del Sur –Amy Klobuchar, senadora de Minnesota y Pete Buttigieg, exalcalde de South Bend, Indiana—le dieron su apoyo.

Biden no busca pleitos gratis. Es un negociador. En su larga vida política de 47 años, ha pactado con los republicanos innumerables veces. Es decir, no tiene nada que ver con la nueva camada de políticos que consideran una debilidad realizar acuerdos bipartidistas.

Sus grandes fortalezas—su centrismo y pragmatismo—son a la vez sus grandes debilidades. Es un candidato que no levanta pasiones. Como me decía apesadumbrado uno de mis estudiantes en California la noche del martes en que resucitó Biden –volverá a pasar lo mismo con Hillary en 2016, los jóvenes y los progresistas no saldremos a votar. Como candidato el ex vicepresidente no nos dice nada.

El nuevo puntero demócrata insiste una y otra vez que él representa la continuidad de Barack Obama y que la coalición amplia demócrata de mujeres, minorías e independientes, será la que lo hará presidente el próximo 3 de noviembre.

Adolece, claro está, del carisma del primer afroamericano en ocupar la Oficina Oval. La oratoria de Biden es deslucida. Se ha visto lento en los debates. Tump muy en su estilo de buleador lo bautizó, Joe 'el dormilón'. Pues la cámara ha cachado, en más de una ocasión, a este veterano de 77 años, echándose un pistito.

De que el regreso de Biden fue prodigioso no hay duda. Sí las hay y serias que pueda seguir en las próximas semanas una campaña disciplinada y sin gafes que le permitan continuar su momentum electoral y afianzar y fortalecer el espaldarazo que le han dado los jefes y líderes locales demócratas.

En relación con México, Biden es por mucho el candidato mejor preparado. Conoce bien nuestro país y América Latina. Más aún, le interesamos. Le solicitó a Barack Obama ser la punta de lanza de su gobierno en la relación con México. Encabezó en su momento el Grupo de Alto Nivel de la Economía, teniendo como contraparte al secretario de Hacienda, Luis Videgaray.

Lo que más parece animar a los demócratas en su apoyo a Biden es que Trump ha dado evidencia de que no lo quiere como rival. El fondo del escándalo con Ucrania que, acabó en impeachment, tuvo que ver con una jugarreta trumpeana para descalificar al ex vicepresidente.

La primaria demócrata está al rojo vivo. La lucha entre Sanders y Biden será a muerte. Esto es un buen indicador. Lo importante es que no se alargue y acabe desgastando a ambos contendientes como ya pasó en 2016.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.