El legado institucional de Videgaray
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El legado institucional de Videgaray

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El legado institucional de Videgaray

20/04/2018
Actualización 20/04/2018 - 14:45

La primera vez que presidió la reunión de embajadores y cónsules, en enero de 2017, Luis Videgaray con dos días de canciller señaló “llego a aprender.” Nadie podía objetar su aparente sencillez. La segunda ocasión que presidió la misma reunión, al arrancar este año, pronunció un discurso sólo siguiendo sus notas, que llamó la atención por que empezó por el tema consentido de la casa, el multilateralismo. Hizo evidente que en un año aprendió y se manejaba con una enorme solvencia en temas que generalmente se pasa muchos años para llegar a dominar.

Pero la gran sorpresa de la reunión de embajadores y cónsules de este año y, lo más aplaudido por los miembros del Servicio Exterior Mexicano (SEM), fue la promesa del canciller de lograr una nueva ley del Servicio Exterior que, entre otras cosas, mejoraría su pensión.

Hace dos días, el miércoles pasado, con una buena pompa en el Palacio Nacional, fue promulgada la nueva ley del SEM que reforma la de 1994. Es decir, habían pasado ya 24 años sin una ley cuyo espíritu fuera el beneficiar a los miembros del SEM. En 2002, Jorge G. Castañeda había realizado una reforma cuyo ánimo era depurar al SEM y otorgaba avenidas laterales de ingreso.

A mi juicio, la nueva ley fortalece al Servicio Exterior en cuatro dimensiones.

Primero, por primera vez la edad de jubilación se eleva a los 70 años. Esto es relevante porque todas las economías de la OCDE han recomendado elevar la edad de jubilación. Además, como la mayoría de los miembros del SEM llega al último peldaño de la carrera –ser nombrado embajador—cerca de cumplir 60 años, el tiempo para ejercer de titular era muy breve. Sobran los casos de extraordinarios embajadores que en plenitud tenían que retirarse a los pocos años del cenit de su carrera.

Segundo, la nueva ley tiene una buena dosis de solidaridad humana porque mejora sustantivamente la pensión. Soy de la idea de que una gran parte de los diplomáticos mexicanos no pueden hacerse de un patrimonio a través de la posesión de un bien raíz. Durante las primeras décadas de su carrera, dos o tres por lo general, el diplomático tiene que pagar renta en los distintos países en que es asignado y aproximadamente cada cinco años es trasladado.

La ley de 94 establecía que, al retirarse, un miembro del SEM recibirá un mes por cada año de servicio activo. Eso hubiese permitido que personajes como Rafael de la Colina pudieran haber recibido 64 meses de salario. Sin embargo, se puso un tope arbitrario y relativamente bajo -24 meses-. La nueva ley lo eleva a 36 meses. Además, se crea un fondo mixto a través del cual los diplomáticos pueden aportar por cinco años antes de su jubilación para doblar la mensualidad de pensión. De una muy modesta jubilación de 17 mil pesos se duplica a 34 mil.

Tercero, por primera vez se establece un plan de carrera para el SEM. Cada miembro en los próximos años podrá establecer, en conjunto con la cancillería, un plan de carrera. La idea es que cada uno aproveche al máximo sus propias capacidades y habilidades. Por ejemplo, un diplomático que domine el idioma alemán (el inglés es obligatorio) podrá insistir en servir en Austria o Alemania, o bien en un organismo internacional en la Unión Europea, pues el alemán es idioma oficial.

Tengo presente que Luis Ernesto Derbez como canciller sorteaba la primera adscripción de los recién ingresados al SEM. Sacaban ficha y así supieras ruso, bien podías ser trasladado a Guatemala. Si bien comparto que es importante que los diplomáticos tengan todo tipo de experiencias y en especial la consular, no cabe duda de que cada vez más se requiere de especialización. De manera que la nueva ley podría incentivar habilidades específicas.

Finalmente, es de celebrarse que la ley tiene todo un apartado de género que impulsará la paridad de la mujer con el hombre, pues actualmente el SEM tiene una mayoría masculina de 70 por ciento. Algo que también debe ser muy aplaudido es que los hombres pueden optar por un permiso de paternidad.

Videgaray, con tan sólo 15 meses al frente de la secretaría, dio un importante espaldarazo a la meritocracia más importante del gobierno federal. Celebro que el canciller más poderoso que he conocido utilizara su enorme ascendiente para fortalecer a la institución que tan bien lo ha recibido.

Me da un enorme gusto que mis innumerables amigos y amigas del SEM cuenten con una ley que mejora sus beneficios y en cierta medida empieza a reconocer su entrega a México.

Finalmente me parece que sería importante que el puntero de la contienda electoral, Andrés Manuel López Obrador, tome nota de cómo esta ley fortalecerá nuestra diplomacia. México y en especial el servicio público no están para llamados populistas.

Si queremos un servicio diplomático de clase mundial hay que pagarle adecuadamente. Lo mismo vale para toda la burocracia. México tiene mucho talento, si lo queremos en el servicio público, hay que atraerlo con base a liderazgo, ideología y buenos salarios.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.