El fondo del escándalo en las universidades de Estados Unidos
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El fondo del escándalo en las universidades de Estados Unidos

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El fondo del escándalo en las universidades de Estados Unidos

15/03/2019
Actualización 15/03/2019 - 14:00

Esta semana el mayor escándalo en el país vecino no lo provocó una canallada de Trump. Fue la demanda del Departamento de Justicia a un grupo de ricos y conocidos, acusados de comprarle la admisión a sus hijos en prestigiosas universidades del país, como Yale, la Universidad del Sur de California (USC) o Georgetown.

El esquema para entrar a esas universidades eran los deportes que ocurren con cierta discreción, como el waterpolo, la vela, y el tenis. Los papás pagaban cifras incluso millonarias a los entrenadores, quienes movían palancas para admitir a estudiantes que obviamente no cumplían los requisitos ni eran deportistas estrellas.

La noticia ha provocado un debate nacional porque atenta contra uno de los mayores patrimonios del país –el sistema universitario que se presume el mejor del mundo. Éste sistema basa su prestigio en la meritocracia. Es decir, en que tanto profesores como alumnos son seleccionados por méritos propios.

También, el escándalo irrumpe al iniciarse la época del año –marzo y abril—en que las universidades anuncian quién entró y quién quedó fuera. Y en esta temporada surge cada vez con mayor intensidad un debate en torno a una interrogante: ¿pueden los ricos, especialmente el 1 por ciento, comprar la entrada de sus hijos a la universidad?

Habría que empezar por explicar lo competitivo que es entrar a las universidades de prestigio. Estas aceptan únicamente una fracción del universo de solicitudes, especialmente para el nivel licenciatura. Por ejemplo, para la generación que se graduará en Harvard en 2022, sólo aceptarán a mil 962 de 42 mil 749 solicitantes. Es decir, un 4.59 por ciento del total. Stanford, que es la más competitiva, sólo aceptó al 4.3 por ciento.

Estos niveles de competitividad son relativamente recientes, de los últimos 20 años. El vertiginoso ascenso de la competencia puede ser explicado por dos motivos. Primero, un consenso generalizado que una buena educación en una escuela de prestigio es la llave para un futuro promisorio y la segunda es globalización de la educación superior.

Entrar a la universidad en Estados Unidos se ha convertido en una empresa familiar. Los jóvenes se empiezan a preparar desde muchos años antes y contratan a coaches quienes les dicen cómo mejorar su currículum y ser más competitivos. No es una cosa barata. Y las clases medias y pobres no pueden prepararse como los privilegiados.

La globalización ha llegado al sistema universitario. Ahora los jóvenes se desplazan por todas las latitudes del planeta en busca de una mejor educación. Los centros de enseñanza superior en Estados Unidos se han convertido en un imán poderosísimo para estudiantes de alto rendimiento del mundo entero. Por ejemplo, el número de chinos que estudia licenciatura en Estados Unidos brincó hace una década de menos de 40 mil a 150 mil. Constituyen, por mucho, el contingente internacional más numeroso estudiando en el país del norte representando un 38 por ciento del total de alumnos de origen extranjero, seguido por estudiantes de India. Los mexicanos ocupan un distante noveno lugar dentro de los estudiantes internacionales -sólo nueve mil estudiando la licenciatura de tiempo completo.

El escándalo de esta semana va más allá de algunas decenas de tramposos que no les importó mal educar a sus hijos usando la puerta trasera del deporte. Esto es una anomalía y se corregirá.

Lo que se cuestiona de fondo es que a través de donaciones lícitas los ricos pueden asegurarles un lugar a sus hijos. En Harvard, por ejemplo, hay una regla. No se aceptan donativos de una familia en el año que su familiar (generalmente hijos o nietos) están solicitando entrada.

Evidentemente, eso se puede planear. Y el donante regala un edificio, un laboratorio o una cátedra, cuando el futuro estudiante cursa la secundaria o la preparatoria.

Todas las universidades de Estados Unidos, públicas y privadas, están ávidas de fondos filantrópicos. Las donaciones se han vuelto sustanciales para la realización de actividades académicas como investigación, conferencias y seminarios o la contratación de profesores de alto perfil.

Las universidades públicas, como el sistema de la Universidad de California donde trabajo, ya no son tan públicas. Por ejemplo, UC Berkeley, la mejor renqueada del sistema, sólo recibe un 13 por ciento de su presupuesto de fondos gubernamentales estatales. Es decir, las colegiaturas y las donaciones son esenciales.

Como ya lo había señalado, el que los ricos compren lugares lícitamente a través de donaciones pone en entredicho la meritocracia. Más grave aún es que esta práctica puede minar la credibilidad de la educación como el instrumento por excelencia de movilidad social. Estudia y se te abrirán las puertas del mundo es parte del ADN del optimismo social americano.

Hay evidencia de sobra que los jóvenes blancos con baja escolaridad están enojados y frustrados. Por eso apoyan al gandaya mayor, Donald Trump.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.