El embajador Cuarón
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El embajador Cuarón

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El embajador Cuarón

01/03/2019
Actualización 01/03/2019 - 14:18

Una de las principales encomiendas a nuestros embajadores es la de mejorar la imagen de nuestro país en el extranjero. Alfonso Cuarón, con su segundo Oscar por mejor director en seis años, es un gran embajador de la cultura mexicana en el mundo. Lo mismo que Alejandro González Iñárritu y Guillermo del Toro. Estos cineastas han capturado la atención del mundo entero por sus películas maravillosas –Gravity, Birdman, The Revenant, The Shape of Water y Roma. Cinco de los últimos seis premios Oscar por mejor director han sido recibidos por estos embajadores del séptimo arte.

El estudioso de la política exterior estadounidense, Joseph S. Nye, acuñó el término de poder suave o de seducción a final de los años 80, justamente reflexionando sobre algunas predicciones sobre la pérdida de hegemonía de su país en el escenario global. ¿Qué hizo a Estados Unidos el más poderoso del mundo? El poder militar primeramente, el poder económico en segundo término, pero faltaba algo, es decir, la atracción y persuasión que ese país ejercía en el planeta.

Para el estudioso de Harvard, el poder es “la habilidad de que otras naciones produzcan los resultados que uno quiere y lo cual puede ser logrado a través de tres instrumentos -la coerción, el pago y la atracción o persuasión”. Y justamente uno de los ejemplos de Nye sobre el poder suave es la atracción histórica que ha generado Hollywood en el mundo. Otro poder suave está en la atracción que ejercen en los mejores estudiantes del mundo las universidades y centros de enseñanza superior del vecino país.

¿A quién no seduce las maravillosas voces de las nominadas a mejor canción, Barbra Streisand y Lady Gaga, en las cintas Nace una estrella, 1977 y 2019 respectivamente? ¿A quién no le atraen el ambiente académico que genera la libertad, los recursos y la competencia de las universidades de investigación estadounidenses?

Los mexicanos nos sentimos muy orgullosos de este grupo de cineastas mexicanos que han logrado conquistar Hollywood, uno de las grandes catedrales de la cultura y capitalismo americano.

Lo que logró Cuarón es de quitarse el sombrero, me explica mi amigo Gregorio Luke. Gravity fue la primera cinta de un mexicano que gana un Oscar por mejor dirección. Fue tan extraordinaria la cinta del mexicano y tan dentro del terreno exclusivo de cineastas como Stanley Kubrick y Steven Spielberg, que la Academia no pudo ignorar a Cuarón. Su estatuilla de mejor director en 2013 abrió Hollywood para sus brothers mexicanos.

A nuestro México le hace una enorme falta ser objeto de buenas noticias en el mundo; de ser objeto de halagos y honores. De sentirnos atractivos y seductores. La abrumadora mayoría de noticias sobre México en Estados Unidos son negativas. Y, en buena medida, el vecino país ejerce una especie de filtro de cómo se piensa y observa a México en el resto del mundo.

La narrativa del los medios de comunicación en la última década sobre México está acaparada por drogas, narcos, corrupción, pobreza y caravanas migrantes. Los 33 mil homicidios del año pasado, record de violencia histórico, ya fue exagerado por Trump –40 mil–. Es decir, padecemos una imagen de tierra de nadie.

La hazaña de Cuarón creó una ventana de oportunidad para enfatizar los aportes de los mexicanos, como el tuit de la embajadora en Washington, la noche de la entrega del Oscar, “estos son los talentos mexicanos que aportan…”

El canciller Marcelo Ebrard demostró un buen timing político al anunciar en la conferencia matutina de ayer jueves un reempaquetado modelo de acercamiento y protección de la diáspora mexicana, 36 millones de personas de origen mexicano en Estados Unidos.

Las declaraciones, sin embargo, no hacen política ni programas.

La lección de Roma y de la reflexión de Nye no sólo para la diplomacia de AMLO sino en general para la 4T es: no basta para imponerse la coerción y la compra. Se requiere poder de seducción y atracción.

Lo que tiene que mostrar Ebrard es cuál es la narrativa con la que vamos a mejorar la imagen de México en los Estados Unidos y el mundo.

Lo que AMLO tiene que entender a cabalidad es que aún tiene que seducir a las élites nacionales y extranjeras y especialmente a los mercados para que su 4T sea un éxito.

No es a las malas, señor presidente, es a las buenas. Como en su última campaña electoral. Siendo conciliatorio y con apertura para todos.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.