Día de México en California
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Día de México en California

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Día de México en California

10/05/2019
Actualización 10/05/2019 - 15:45

El martes pasado tuve el honor de ser testigo en una audiencia convocada por el Comité de Relaciones Exteriores del Senado de California. Una experiencia redonda pues la audiencia es parte de una serie de actividades dentro de lo que llaman 'Día de México en el Capitolio'.

Este año se celebró la décima edición de este evento que es, ahora sí, “hecho por la diplomacia consular mexicana”. El embajador Carlos González Gutiérrez llegaba a Sacramento en su primera adscripción como cónsul general y dejó huella. Creó una organización, 100 Amigos de México, líderes empresariales y sociales del norte de California, quienes lograron que un día al año, alrededor el 5 de mayo, el capitolio estatal abra sus puertas a escuchar distintas ideas y propuestas de cómo mejorar la relación entre el estado número uno y su vecino, México.

En esta ocasión me invitó la embajadora Liliana Ferrer, cónsul general en Sacramento, quien con enorme dignidad ha seguido los pasos de González Gutiérrez. Por un azar del destino, Ferrer regresó como cónsul general a la capital del estado donde había vivido varios años de adolecente, pues su padre fue cónsul general (1979-1982).

El entusiasmo de Ferrer durante el Día de México era simplemente contagioso. Arrancamos con un desayuno y un panel académico sobre relaciones México-Estados Unidos-California en la Universidad de California en Davis, la escuela más poderosa de agricultura de este país y con un marcado interés en México.

Para hablar con empresarios acudimos a una comida con más de 100 comensales en la Cámara de Comercio de California. Era la oportunidad de solicitarles a los empresarios que cabildeen a sus legisladores federales, pues el voto de su delegación para la aprobación del Tratado México-Estados Unidos-Canadá (TMEC) es esencial. No sólo es el mayor número de diputados de cualquier otro estado 53, de los cuales 46 son demócratas y entre ellos está la vocera, Nancy Pelosi, quien está más poderosa que nunca y se le da bien la confrontación con Trump.

Compartí el día con dos académicos amigos con un profundo conocimiento de la relación bilateral, Pamela Starr, profesora de la Universidad del Sur de California y mi colega en el ITAM por casi una década, y Andrew Selee, presidente del Migration Policy Institute.

Mi argumento en la audiencia que presidio el senador estatal méxico-americano Ben Hueso, oriundo de San Diego, fue que hay una enorme ventana de oportunidad para fortalecer la relación México-California y entre las tres californias.

Trump es radiactivo tanto para México como para California. AMLO sorprendentemente se ha llevado bien con Trump, pero a la distancia. Todos los líderes aliados que han intentado acercarse al residente en la Casa Blanca han salido raspados: Justin Trudeau de Canadá y Emmanuel Macron de Francia.

Trump hizo añicos la estrategia de México de concentrar las decisiones de la relación bilateral en las entrevistas presidenciales: TLCAN Bush padre-Salinas en 1988, rescate de México del 'Efecto Tequila' Clinton-Zedillo en 1995, tratado migratorio integral Bush hijo-Fox en 2001 (que abortó entre cosas por los atentados terroristas) y la Iniciativa Mérida, Bush hijo-Calderón en 2007.

Mi alegato ante los legisladores californianos es que México tiene que jugar un partido descentralizado en los tiempos de Trump y acudir a los distintos centros de poder, donde el capitolio de Sacramento es una estrella.

Resalté que California es un estado progresista porque los políticos méxico-americanos, como Hueso, Xavier Becerra procurador general, y Anthony Rendón el líder de la Cámara Baja, tienen una agenda de resistirle a Trump sus intentos de revertir los avances sociales y migratorios. Estos latinos que, fueron objeto de discriminación de niños y jóvenes, se morirán en la raya para evitar que Trump logre fortalecer políticas racistas como acabar con la enmienda 14, la cual otorga la nacionalidad por nacimiento.

Les propuse tres temas concretos: primero, que exigieran a sus compañeros legisladores federales la aprobación del TMEC. California, que tiene como socio comercial número uno a México, será beneficiada. Además, la reforma laboral mexicana debe ser vista como un triunfo demócrata pues ha sido su agenda hacía México desde la negociación inicial de TLCAN. Segundo, que fortalezcan los mecanismos de consulta regionales, en especial la Comisión de las tres Californias. Esta ha sido una propuesta del gobernador Gavin Newsom y está generando mucha tracción. Y finalmente, repensar las políticas educativas entre México y California. El TLCAN ha regulado bien la producción y el comercio entre ambos países. En el tema educativo, la frontera sigue siendo muy pesada. El norte de Baja California y el sur de California comparten cientos de miles de estudiantes que son bilingües y se saben binacionales. Necesitamos educarlos binacionalmente para que sean la fuera de trabajo calificada que la región requiere.

En el partido descentralizado que hay que jugarle a Trump tenemos que aspirar a un Día de México en cada capital estatal: 50 celebraciones.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.