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Claves de la Convención Nacional Republicana

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Claves de la Convención Nacional Republicana

28/08/2020
Actualización 28/08/2020 - 14:48

La gran apuesta de la Convención Nacional Republicana es hacer que el presidente Donald Trump aparezca como un ser humano capaz de compadecerse del dolor y desdichas de otras personas, especialmente sus conciudadanos. Según los discursos del vicepresidente Mike Pence o de su vocera Kayleigh McEnany, resulta que el mandatario es una persona que se “preocupa enormemente” por los demás, pero no sabe expresarlo.

Pence nos dijo que a pesar de los ataques que recibe cada día, Trump “se levanta cada día para seguir peleando por las promesas que hizo a los estadounidenses”. Por su parte, Kayleigh relató la historia de su mastectomía en 2017, recordando la llamada que recibió de Trump a pocas horas después de salir del quirófano. Además, enfatizó que el mandatario está del lado del ciudadano ordinario y pelea por todos, “lo veo todos los días”, recalcó.

Lo que queda claro en las tres primeras noches de Convención Republicana son dos claves de su estrategia para permanecer en la Casa Blanca.

Primero, Trump y sus estrategas de campaña se sienten seguros con su base: los enojados. Saben y con razón que le han cumplido en varios temas: freno radical a la inmigración, nombramientos conservadores en la Suprema Corte y las cortes de distrito y, desde luego, una quita impositiva importante.

Segundo, esa base segura les da pie para tratar de conquistar a algunos electores moderados e indecisos. Un segmento que claramente está en la mente de los estrategas de Trump son los llamados electores de suburbio. En 2016, perdió estrepitosamente en la gran mayoría de las ciudades, pero en los suburbios se llevó entre 45 y 49 por ciento del voto, lo cual amortiguó su fracaso urbano.

En la búsqueda de estos indecisos, la Convención ha realizado unas piruetas ideológicas simple y sencillamente cínicas. Según algunos segmentos, resulta que el mandatario ayuda a los inmigrantes y a los homosexuales. Sí, leyó bien.

El miércoles por la noche salió al aire un segmento de un Trump que aplaude una ceremonia en que cinco migrantes reciben la nacionalidad.

También esa noche, Richard Grenell, un homosexual abierto que fue embajador en Alemania y que ha sido 'convenientemente' nombrado director interino de Inteligencia Nacional, no tuvo empacho en decir a los cuatro vientos que su jefe es “el presidente más progay en la historia del país”. Nada más que no pudo decir qué es lo que ha hecho en su beneficio.

No hay duda que Trump y su equipo se las traen en materia de comunicación y televisión. Los escenarios con un sentido grandioso buscan mostrar poder, riqueza y nación. Banderas, banderas y más banderas.

No han escatimado esfuerzos en reforzar el mensaje: nuestra fórmula -Trump-Pence- son los garantes del orden y la ley. Han aireado insistentemente segmentos con las peores escenas de las protestas por la muerte de George Floyd, mostrando a esos “vándalos saqueadores”. Y nos repiten su apuesta: “no permitiremos que les quiten el sueño a las familias americanas.”

Una y otra vez se ha insistido en que la fórmula demócrata, de Joe Biden y Kamala Harris, es una propuesta socialista que dejará sin fondos a las corporaciones de policía y que atenta contra los principios y valores del pueblo americano, especialmente la libertad.

El Covid-19 que, el día de ayer que cerró la Convención había rebasado en Estados Unidos los 180 mil decesos y los 5.8 millones de contagios, ha sido el gran ausente. En todo caso, no escasearon reconocimientos a la generosidad financiera y poder de realización del mandatario, pues están seguros de que la vacuna está por llegar.

Con sus juegos artificiales y de artificio, la Convención demostró que Trump y su partido están lejos de darse por vencidos. Más aún, se morirán en la raya, pero van a hacer todo lo posible, así sea cultivar a migrantes y gays, por permanecer en la Casa Blanca.

Mi lectura es que la ventaja de nueve o diez puntos en las encuestas por Biden es superable. A estas alturas del año electoral 1988, George W.H. Bush iba abajo 14 puntos de Michael Dukakis. Bastó con un buen ataque televisivo al exgobernador de Massachusetts para pasarlo por encima y Bush capturar 40 de los 50 estados.

La historia se escribirá en los siguientes dos meses.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.