Acumen mediático de Trump
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Acumen mediático de Trump

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Acumen mediático de Trump

17/08/2018

Si yo tuviera que decidir sobre tener un gobierno con prensa o prensa sin gobierno, no dudaría en ningún momento en lo segundo”: Thomas Jeffersont.

El inquilino de la Casa Blanca gobierna desde los medios y a través de las redes sociales. Desde su campaña para la presidencia destacó por su atracción mediática. Sacó de cobertura literalmente a sus rivales. En sus 19 meses en la presidencia sigue en las mismas. Va de un escándalo a otro. Siempre al centro de la noticia. Lo más característico de su manejo de medios es su uso de la red social Twitter. Este presidente septuagenario sostiene sus grandes batallas en esa red social, generalmente en la madrugada y cuenta con cerca de 54 millones de seguidores.

En los últimos meses se ha evidenciado cómo pretende manejar los ciclos de cobertura mediática. Ya sea él mismo, o un personaje a menudo cercano a él, hace una revelación y comienza un ciclo noticioso. Por lo general negativo y escandaloso.

El más reciente ciclo tuvo lugar esta semana. Omarosa Manigault Newman, vistosa afroamericana exasesora de la Casa Blanca, quien fue despedida el pasado diciembre, atrajo la cobertura de los medios cuando anunció el 26 de julio en varios programas de televisión la publicación de su libro, Desquiciado, un relato interno de la Casa Blanca de Trump.

Omarosa, quien había saltado a la fama mediática años atrás en el programa El Aprendiz, estelarizado por el mismo Trump, dejó saber que su libro contendría todo tipo de chismes sobre el mandatario y sus cercanos colaboradores. Incluso reveló que había grabado las discusiones en una junta en el llamado Situation Room, uno los centros neurálgicos de la Casa Blanca, donde por lo general tienen lugar las reuniones del Consejo de Seguridad Nacional.

Trump, rabioso y aduciendo traición de su exasesora, abriría fuego en Twitter. Siguiendo los consejos de su maestro, el legendario y oscuro abogado Roy Cohn, contratacó diez veces más fuerte: “bien hecho por el general Kelly en despedir rápidamente a esa perra.”

¿Cómo le hizo Trump para salir del escándalo? Provocando otro.

Ayer jueves nos amanecimos con la noticia que dio su vocera, Sarah Sanders: John Brennan, exdirector de la CIA bien conocido por dirigir el operativo que acabó con la vida del Osama Bin Laden, perdería su autorización (clearance) para acceder a materiales secretos.

Otra de las crisis recientes fue provocada por la mala actuación de Trump en la conferencia de prensa que sostuvo después de su cumbre bilateral con Vladimir Putin, en Helsinki. Las críticas le llovieron, incluso de republicanos. Se mostró un corderito con el lobo de Rusia.

¿Qué hizo Trump? A los seis días provocó un escándalo internacional. Una noche de domingo, ya muy tarde disparó un violento tuit al presidente de Irán Hassan Rouhani: “Nunca jamás amenacen a Estados Unidos o sufrirán las consecuencias, como las que pocos en la historia han sufrido. Ya dejamos de ser un país que aguantará sus palabras de violencia y muerte.”

Trump tiene un sofisticado acumen mediático. Es el único presidente en la historia con un pasado de líder mediático: estrella de un reality show. Le ayuda enormemente que no rehúye a la controversia. Más aún, la personifica. Además no tiene empacho en mentir, tanto en público como en privado. The Washington Post le contó en sus primeros 12 meses, 2 mil mentiras.

No esconde sus preferencias y sus cariños por los presentadores de Fox News. A la vez expresa su desdén por la prensa prestigiada, “producen falsas noticias…van camino de la banca rota.”

El acumen mediático de Trump tiene un objetivo final: acabar con el periodismo serio y de investigación, que es el perro guardián de la democracia. Su objetivo es hacer añicos el dique más importante entre una realidad democrática y de libertades y otra con medios aduladores como Fox News y sin contrapesos institucionales. Por eso Trump admira a Putin y a Xi Jinping, quienes gobiernan a su antojo, sin el escrutinio diario de la prensa.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.