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Un año más

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Un año más

04/02/2020
columnista
Rafael Cué
La Fiesta Está Viva

Mañana miércoles 5 de febrero, celebramos 74 años de que la Monumental Plaza de Toros México fue inaugurada. En aquel lejano México de las buenas costumbres, la educación y el respeto, la sociedad, desde mi punto de vista, funcionaba mejor, por el simple hecho de que permeaba el respeto. Tenía problemas nuestro país, sin duda, pero nada a comparación de la actualidad, en la que parece estar el mundo al revés.

Sinceramente me hubiese gustado vivir en aquellos tiempos; no me quejo, lo que hay es lo que toca, pero creo que el romanticismo, cierta ingenuidad, y sobre todo la capacidad de asombro que se tenía, hacían de la cotidianidad algo más sencillo y menos presuntuoso.

Luis Castro “El Soldado”, Manuel Rodríguez “Manolete” y Luis Procuna, ante seis toros de San Mateo, provocaron la euforia social ante el magno acontecimiento inaugural en 1946. Tras casi dos años de construcción en lo que eran las afueras de la entonces mancha urbana de la capital mexicana, Neguib Simón, soñador y visionario, mexicano comprometido con el desarrollo y modernidad, se dio a la tarea a levantar la Ciudad de los Deportes.

Llegó el día y la expectación era mayúscula, las vías de acceso limitadas, y la ilusión de un México soñador el principal aliciente para llevar a cabo proyectos de esta envergadura. El festejo inaugural comenzó unos minutos tarde, incluso los toreros llegaron justos de tiempo, dado el caos que se formó en los alrededores.

Así empezó la historia y la gran Plaza México ha sido partícipe del pasar de los años en la hoy Ciudad de México. La sociedad se manifestó culturalmente disfrutando los toros, la sobriedad de los años 40, el auge taurino en los 50, el destape sesentero, el surgimiento del maestro Manolo Martínez, y su plenitud en los 70 de la mano de Eloy Cavazos, Curro Rivera, Antonio Lomelín, Mariano Ramos y tantos y tantos otros que dieron solidez a nuestra baraja y con la que tantos aficionados de hoy forjamos nuestra pasión.

Mi vida personal y afición a los toros no se pueden explicar sin la Plaza México, ahí he soñado desde niño, cuando de la mano de mi padre esperaba en la calle a que llegaran los toreros; mi primer recuerdo es ver al matador Alfredo Leal llegar en un imponente Galaxy verde, vestido de verde y oro, saludándome moviendo la mano sin ni siquiera bajar la ventanilla, ese día fue mi primer “contacto” con un torero; no recuerdo si le fue bien o mal, simplemente tengo claro en mi mente que todo lo que hizo durante la corrida me impresionó, sentía una intensa conexión con él; en mi vida lo traté, pero son de esas cosas que te marcan cuando niño, como también me marcó un mediodía de domingo tras insistir toda la semana a mi padre que me llevara al enchiqueramiento de los toros a lidiarse por la tarde, el que me presentara ante la figura de don Lorenzo Garza, “mira, te presento al maestro Garza”, fui volteando hacia arriba, era yo un niñito, y le vi, perfectamente engominado el peinado hacia atrás, con tremendo puro en la boca, me quedé perplejo y pensé: “cuando sea grande me peinaré así y fumaré puro”, con el tiempo mantuve ese look y comencé a fumar puro en mis tempranos 20, gusto que hoy disfruto a plenitud durante una corrida de toros.

En La México he gozado, me he emocionado hasta lo inexplicable y he sufrido al ver a amigos torear ahí. El tiempo, el destino y mi esfuerzo de 25 años de trayectoria como profesional en el medio taurino, me brindan hoy la oportunidad de haber editado 10 anuarios Matador y de formar parte del equipo de comentaristas durante las transmisiones por televisión de la Temporada Grande, una inmensa responsabilidad que disfruto con el honor de ser una milésima parte de la vida del gran coso.

Mañana, con manteles largos celebraremos a nuestra plaza. Cartel de lujo y tronío: Morante de la Puebla, Octavio García “El Payo”, quien sustituya a Andrés Roca Rey, que ha suspendido su temporada americana por enfermedad, y un cuarto diestro que al momento de escribir estas líneas no se había definido, ante ocho toros de Jaral de Peñas, lujo ganadero para tan especial tarde.

Llenemos La México, se merece eso y más.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.