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Muy gallo

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Muy gallo

16/02/2021
columnista
Rafael Cué
La Fiesta Está Viva

Salamanca, España, es tierra charra, de toros bravos, cultura en cada esquina, desde la universidad a la forma en la que la tauromaquia se compenetra en una sociedad con el balance justo entre ecología real y rural, y la ciudad. Tierra también de grandes toreros, muchos, entre ellos el desaparecido Julio Robles; el querido y admirado por México, Pedro Gutiérrez Moya “El Niño de la Capea”; y quien hoy se ha enamorado de nuestro país, de su gente, su tauromaquia y su toro, de hecho, este casi año de pandemia ha decidido quedarse aquí para redescubrirse como torero, me refiero al matador Eduardo Gallo, sin antecedentes taurinos, salvo el vivir en Salamanca, bella ciudad hispana rodeada de ganaderías de toros bravos; existen más de cien en la provincia salmantina, para que usted se imagine el ambiente y la cercanía con la crianza del toro bravo, la dehesa, la ecología y el toreo.

Su carrera novilleril fue triunfal, abrió la Puerta Grande de Las Ventas en Madrid y se catapultó a una etapa final de novillero intensa, en todas las plazas y toreando más de 40 festejos. Ganó su dinero como novillero y lo invirtió absolutamente todo en su carrera, en vestidos de torear, capotes, muletas, medias, camisas, etc. Plena confianza en su potencial a futuro.

Se hizo matador de toros en agosto del 2004, en la plaza de San Sebastián, donde tiene familia. Cartel de categoría: César Rincón como padrino y Julián López “El Juli” como testigo, ante toros de El Torero. Curiosamente el maestro colombiano fue también su padrino en la confirmación de alternativa en Las Ventas y en La Santa María de Bogotá, en el año 2005.

Esta entrega no es con fines biográficos, siempre lo ha sido de análisis, de promoción y defensa de la tauromaquia, y esta historia cumple con todo lo anterior al ejemplificar los valores que abrazan los taurinos, desde los toreros, ganaderos, empresarios y aficionados.

Eduardo triunfó, fuerte, alternó con las Figuras, los días más importantes y con las mejores ganaderías, siempre a muy alto nivel, pero no siempre acompañó la espada, y en esta profesión quien no es rotundo con la toledana, se va quedando.

Es un sistema complejo el taurino, los triunfos medidos por orejas pesan a veces más que la calidad del toreo ejecutado, pero esto ha sido así siempre y así seguirá, sin embargo han existido toreros cuya calidad y concepto merecen prescindir o deben prescindir de ser medidos en la fría numeralia de los apéndices, simplemente porque es un lujo verles.

Eduardo sufrió un parón, dos años sin un contrato, sin enfundarse el vestido en seda y oro. La madurez llega muchas veces en el olvido. Asumió su posición, valoró lo hecho, identificó los fallos y nunca perdió el deseo de seguir siendo el torero que sabe que es.

El destino, caprichoso apoderado, le puso en México y un toro reconectó al hombre con el torero, guiado por la ilusión de no ceder, y seguir adelante. El mismo destino le puso en el camino a dos taurinos llenos de afición, ilusión y cariño por la Fiesta. De este encuentro nace Tauro Espectáculos, renace Gallo y la Fiesta mexicana abraza una nueva empresa dispuesta a trabajar y apostar por sus ideas para promover y llevar a la gente la cultura taurina y la emoción única disponible solamente dentro de una plaza de toros.

Eduardo Gallo es hoy un torero cuajado, con oficio, con el valor que viene de la mano del entendimiento profundo del toreo y del conocimiento del toro, la soledad, el sacrificio, el vivir en torero, metido en el campo, en contacto con la naturaleza y el toro en su hábitat.

Un torero que México reencuentra para el mundo. Serio, amable y auténtico. En su trato se percibe que México le ha sentado bien y le gusta su cultura, comida, idiosincrasia y tauromaquia.

Se ha enamorado perdidamente del toro mexicano, de la embestida que no se provoca con toques fuertes o se desplaza a la inercia de una embestida violenta. Está obsesionado con torear incluso antes de que comience la arrancada del toro, meciendo el cuerpo, sobando con los vuelos de los engaños la bravura ralentizada del toro mexicano.

Uno más a la lista de toreros que en México no sólo se han hecho, sino que se han reencontrado, reinventado y perfeccionado como artistas.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.