Long Live The King
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Long Live The King

28/05/2019

La historia del toreo se ha definido no por décadas, ni siglos, ni periodos de tiempo, sino por toreros que marcan reinados con base en su apabullante capacidad en el ruedo y atracción de taquilla; ambos elementos definen a una Figura del Toreo. Independientemente de cualidades, formas y conceptos en el ruedo, el poder en los despachos lo da la taquilla; quien llena las plazas manda en el toreo, punto.

El último gran mandón apareció como matador de toros hace 21 años: Julián López El Juli, con 16 años, arrastró multitudes a los tendidos de todas las plazas del mundo y, desde entonces, ha defendido a sangre y fuego su título de Figura.

Algunos aficionados taurinos intentan demostrar su conocimiento y sapiencia descalificando absolutamente todo, montados en falsos tópicos sobre bravura, comportamiento y técnica, lo cual, lejos de permitirles “mostrarse” como sabios, les evidencia como no buenos aficionados ante los profesionales del toreo, llámense toreros y ganaderos. Lo hacen marcadamente ante hechos, toros o toreros importantes. En la actualidad petardean de manera importante al intentar minimizar la rotundidad de quien tarde a tarde se consolida como la Figura del Toreo del presente y del futuro: el peruano Andrés Roca Rey.

Como anillo al dedo para el momento externo que vive la Fiesta Brava, el que surja un torero como Roca Rey, quien mueve la economía taurina llenando plazas de toros, hoteles y restaurantes en todas las ferias, y otorga beneficios a muchos sectores de la sociedad. Cuando la gente no aficionada habla de toros y quiere ir a ver a un torero, la Fiesta retoma oxígeno, se revitaliza y coge fuerza para defenderse sola, con plazas llenas y dinero para todos. Vivimos tiempos de relevo generacional, lo que bien manejado por las empresas y valorado por el público y la prensa, es garantía del futuro.

Uno de los principales valores de la tauromaquia es el respeto: el respeto a las jerarquías, las tradiciones y la liturgia. Es responsabilidad de todos vivir este relevo con respeto, con afición y con la mente y el corazón abiertos a disfrutar. Porque al final del camino ese es el objetivo de la Fiesta: emocionarse con el toreo y la bravura.

La aparición de Roca Rey de ninguna manera opaca las trayectorias de maestros consagrados que siguen en activo. Al contrario: aumenta su valor porque el peruano ha bebido de esas fuentes con las que hoy compite en el ruedo, lo cual es gloria bendita para los buenos aficionados.

Las cualidades de Roca Rey no se basan en su valor, sino que su valor se basa en las inmensas cualidades que tiene como torero. Así es como funciona el valor; de otra forma, se convierte en temeridad sin fondo.

Andrés, a sus 22 años de edad, tiene un completo manejo de la escena en el ruedo; su porte y elegancia natural, aunados a su parsimonia, llenan los tiempos muertos del toreo durante la faena. Tiene estrella el hombre, gusta y convence a veteranos y jóvenes. Con respecto a estos últimos, Roca Rey tiene la cualidad de haber conectado su vocación y alma torera con la nueva generación que comienza a interesarse en la tauromaquia.

Taurinamente hablando, Roca Rey se coloca en el sitio donde todos los toros embisten, unos entregados y otros protestando; todos sucumben a la seguridad que imprime en sus planteamientos y estructuras de faena. Firmeza en la postura, colocación sin ventajas y mucha verdad al dejar siempre la muleta puesta en la cara de los toros, muy adelante, muy baja y con temple excepcional.

Es un fenómeno del toreo. Desde niño dio muestras de tener capacidad. Hoy, esa capacidad ha crecido de manera exponencial al asumir la responsabilidad de ser el torero que remueve la Fiesta, dicta condiciones y es capaz de triunfar con cada toro todas las tardes.

Para nuestra fortuna, la generación a la que pertenece está llena de buenos toreros de distintos cortes y maneras que suman para vivir un presente y un futuro ilusionante. En los hombros de Andrés Roca Rey descansa la Fiesta. Él lo sabe y también lo sabe usted, amigo lector, así que cuando lo vea anunciado no deje de ir a la plaza: vivirá la emoción y grandeza del toreo a cargo de un privilegiado de la tauromaquia.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.