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La libertad

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La libertad

25/08/2020
columnista
Rafael Cué
La Fiesta Está Viva

Intangible, fundamental para el desarrollo de la humanidad. Contradictoriamente, el hombre ha tenido que matar para imponer la libertad: guerras sangrientas, años de batallas, desgracia por donde se vea. Hoy se libran otro tipo de batallas, sin sangre pero con el mismo rencor, envidia y traición. El hambre de poder saca lo peor del ser humano, quien con tal de lograr su objetivo pasa o intenta pasar por encima de sus semejantes sin importar los derechos y sin respetar gustos y manera de vivir.

Un atentado sufrió la tauromaquia en la ciudad de Pachuca la semana pasada: un grupo de políticos del cabildo —evitaré calificarlos; nada elegante saldría de mi mente— llevaron a votación la moción de prohibirle a la niñez asistir a una corrida de toros en esa ciudad, taurinísima y capital de uno de los estados con mayor actividad taurina del país, cuna de la charrería, hogar de más de 30 ganaderías y orgullo de México.

Esta traición a la cultura y a la libertad se gestó desde la oscuridad y ceguera de quienes piensan que prohibiendo enaltecen el derecho; intentan pasar por encima de sus semejantes, pisoteando la libertad de los padres de cómo educar a sus hijos, un despropósito que debería costarles el puesto; ¿en esas manos estamos?

Pero dentro de toda esta crisis, sanitaria, social y económica, surgió la coherencia, la verdadera vocación de servir a la ciudadanía, velando por sus derechos, no intentando dictar normas “morales” sin calidad moral alguna. La votación arrasó a favor de la libertad, los niños podrán asistir a los toros en Pachuca, un gran triunfo no sólo para la tauromaquia, sino para la libertad individual de los mexicanos. Así como señalamos a los políticos indeseables, desde aquí mi reconocimiento a los que vieron por la libertad, en especial a Isabel Vite y Yoli Tellería, quienes sin interés alguno —más que trabajar por los derechos de los mexicanos y los niños— lograron hacer valer lo que la Constitución dicta.

Gracias a nombre de todos y cada uno de los aficionados a los toros, para Tauromaquia Mexicana por estar al pendiente de estos lamentables ataques, por coordinar la defensa y concretar la victoria, de la mano de los leales políticos a la libertad.

Otra buena noticia dentro de estos tiempos oscuros para la humanidad, es la creación de escuelas. Casa Toreros —empresa mexicana que ha promovido durante ocho años la tauromaquia no sólo en México, sino en Perú y Colombia—, pensando en el futuro de la Fiesta, ha creado el CART (Centro de Alto Rendimiento Taurino), para jóvenes novilleros o aspirantes a novilleros.

Juan Pablo Corona y Pablo Moreno han cristalizado este esfuerzo y apuestan al futuro para desarrollar toreros importantes, dignos embajadores de esta cultura y que no sólo sean capaces de torear bien, sino que su desarrollo personal y profesional esté sustentado en los valores de la tauromaquia: respeto, dedicación, sacrificio, pasión, educación, cultura, valentía y verdad. Si la sociedad empleara la mitad de estos valores, el mundo sería distinto.

Las bases y requisitos se encuentran plasmados en las redes sociales de Casa Toreros. Una oportunidad inmejorable para los jóvenes que sueñan con la gloria de ser toreros. En ese camino se formarán como hombres y mujeres de bien, alcancen o no su sueño.

A este proyecto se suman un gran número de ganaderos, empresarios y taurinos. Así como a principios de este siglo se apostó fuertemente por Tauromagia Mexicana —donde el apoyo brindó una gran generación de toreros, hoy base de nuestro escalafón: “El Payo”, Arturo Saldívar, Sergio Flores, y el recordado y admirado Mario Aguilar (q.e.p.d.)—, deseamos el mayor de los éxitos al CART.

Espero que la unión que tanta falta hace en el medio taurino, llegue lo antes posible y que juntos trabajemos para fortalecer, defender y difundir esta cultura. Así como se hizo ante la aberrante propuesta prohibicionista en Pachuca, donde la unión y búsqueda de un objetivo se logró, así debemos trabajar para engrandecer nuestra Fiesta.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.