La Fiesta Está Viva

Jorge

No todo fue miel sobre hojuelas para Jorge Gutiérrez Aguilera, como es natural dentro de la profesión más difícil del mundo, la de torero.

La trascendencia en la vida y en el arte se van forjando día a día. Los triunfos, la gloria y la popularidad son consecuencia de la capacidad de poder aguantar y asimilar las tardes aciagas, las cornadas y el olvido que viven los toreros en alguna época de su vida. México ha aportado a esta maravillosa cultura, páginas escritas en oro sobre seda desde el siglo pasado.

Soñar, luchar, nunca claudicar y saber triunfar, son atributos de cualquier Figura del toreo. Si además con tan sólo mencionar un nombre propio, la gente comprende a quién nos referimos, esa es la confirmación del deber cumplido y la gloria alcanzada.

Jorge Gutiérrez Aguilera nació en Tula, Hidalgo, el 27 de febrero de 1957; debutó como novillero en el 75, y tres años más tarde se convirtió en matador de toros, de manos de Manolo Martínez y Curro Rivera, ante toros de Javier Garfias, ni más ni menos. Cuatro años después confirmó alternativa en Las Ventas de Madrid, de manos de Manolo Vázquez, y como testigo, "Antoñete".

No todo fue miel sobre hojuelas, como es natural dentro de la profesión más difícil del mundo, la de torero. Hubo baches, vetos e injusticias administrativas en el de por sí complejo mundo del toro, sin embargo el corazón de hierro, la férrea voluntad y la inquebrantable confianza en sí mismo, terminaron por imponerse y dar razón al clamor popular de ser un torero consentido y querido por los públicos de todo el país.

No es suficiente este espacio para enumerar su triunfos, extensas giras y presencia en prácticamente todas las ferias del país, además de haber pisado plazas importantes en toda la orbe taurina.

La Plaza México fue su plaza, logró el privilegio de ser catalogado como torero consentido en la Monumental capitalina. Es el diestro que más paseíllos tiene en Insurgentes, 86, sólo por detrás de Manolo Martínez. Más de 40 orejas, dos rabos y un par de indultos avalan su trayectoria en la capital.

Hace apenas unos días el maestro ha cumplido 64 años de edad. Se retiró en la cumbre de su profesión un 4 de febrero del 2007, en la misma Plaza México. Solamente volvió a torear en público en un festival en la plaza de toros Santa María, de Querétaro, donde bordó el toreo en gélida noche.

Reza el dicho que "se torea como se es"; en el maestro Gutiérrez se cumple a cabalidad la sentencia; templado, pausado, serio, de pocas palabras, da la sensación de que no hay prisa de nada. Así como su toreo, nunca hubo prisas, siempre hubo temple. La seriedad de su persona se plasmó en la ortodoxia de su tauromaquia, y su chispa, humor negro y picardía de su forma de ser, en los remates de tandas alegres, con desdenes y soberbios pases de pecho.

Quién hubiese pensado que la vida le tenía entorilado el toro más difícil de su carrera, una vez retirado de los ruedos. Sin embargo su torería se ha crecido en esta faena larga y dura. Templanza y valor, madurez y ganas de triunfar. En esta gran lidia, su mejor faena no ha estado exenta de enganchones de la muleta y alguna voltereta, a cambio, el maestro contraataca con el temple de su alma y el valor de su persona. Cuenta con la cuadrilla más fiel de su carrera, la familia, quienes gozan de cada muletazo, de cada cite, de cada embroque y de cada remate de tanda, que hoy es una victoria emocionante, con señoriales pases de pecho barriéndole los lomos a la muerte.

Hoy celebro su vida, su amistad, sus conocimientos y su claridad para hablar de toros con quien quiere escuchar. Ansío el momento en el que de torero volapié fulmine este último toro y sonriente pasee las orejas y el rabo de esta gran faena en la que ha tenido que ser más que nunca un maestro del toreo.

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