Entre dos aguas
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Entre dos aguas

14/07/2020
columnista
Rafael Cué
La Fiesta Está Viva

El maestro de la guitarra, Paco de Lucía, inundó al mundo con la fuerza, temple, cadencia y torería de una de las rumbas flamencas más conocidas en el mundo: 'Entre dos aguas', pieza que lleva al escucha sensible por un torrente de emociones, tiempos y sensaciones. Esta obra maestra fue producto de la inspiración e improvisación al tener que completar en el mismo estudio de grabación el disco Fuente y Caudal, grabado en 1972 y lanzado al año siguiente.

Como el toreo, el flamenco es inspiración, improvisación y espiritualidad, atributos encontrados en cualquier acorde interpretado por el recordado maestro de Algeciras. Entre dos aguas evoca, si se es taurino y se cuenta con un poco de imaginación, la vida del toro en el campo. El inicio es como el helado amanecer, con el rocío humedeciendo los pastos y lomos de los toros. El sol y el calor veraniego despiertan el carácter de los toros, que se ponen inquietos; al tiempo que la rumba sube el nivel en intensidad, uno se puede imaginar un toro saliendo de toriles con todo el poder y la fuerza a ser templadas por un mágico capote que detiene el tiempo y amansa las aguas.

El sábado pasado en el rancho El Rosario, ganadería de toros bravos y cede operativa de Tauroespectáculos, vivimos un día formidable “entre dos aguas”, durante la grabación del programa “El Encierro”, que se podrá ver el miércoles 29 de julio en las redes de la empresa.

Mano a mano de lujo: Arturo Macías y Joselito Adame, ante cuatro toros de Bernaldo de Quirós. Dos hidrocálidos, toreros de amplio caudal artístico e inmensa raza torera. Choque de olas gigantes que alimentan la calma de las aguas templadas con la suavidad de su toreo, ante las embestidas enclasadas de los toros guanajuatenses.

Los que ahí estuvimos gozamos de la intimidad del toreo en su estado más puro: el campo, donde no se busca el aplauso, se busca la verdad de cada tauromaquia y los secretos de la bravura de cada ganadero.

Este tiempo de encierro ha permitido a los toreros reflexionar en la intimidad más profunda de su vocación, la razón de su ser artista. No hay aplausos, no existen recursos para la galería, sólo existe la verdad de un toro cuajado, con edad y romana. La prueba máxima de responder al corazón que en tardes viste de seda y oro, pero que a diario impulsa al hombre a perseguir y no dejar de soñar con la gloria.

Arturo Macías tuvo dos toros que le exigieron máxima entrega en distintos ritmos; su primero, un toro cuajado, 550 kilos, que metió la cara con clase y bravura por el lado izquierdo, dejando a Macías gozar del inmenso placer que es pasarse a un toro por la cintura, al ritmo que el corazón manda y en la dirección que las yemas de los dedos dictan; su segundo, el de menos cuajo de la tarde, le exigió entregarse y cruzar la línea de fuego, poderle con actitud al toro que sacó genio y con el que como torero no se podía dudar un instante. La recompensa en la satisfacción íntima del torero, hacer a un lado la vanidad del lucimiento para alimentar la vocación de la verdad.

Joselito Adame ante sus dos toros anduvo en maestro; se pasa a los astados muy pero muy cerca, la profundidad de su toreo está en armonía con su trayectoria, momento artístico y condición de Figura.

Estos dos hombres están más puestos que nunca para reaparecer cuando se permita dar festejos con público, será un banquete ver a los toreros que aprovecharon esta encerrona para crecer como artistas.

El día cerró con una imperdible tertulia con cuatro maestros: “Zotoluco”, Garibay, Macías y Joselito, que hablaron con verdad acerca del toreo.

Para este miércoles 15 y el miércoles 22, no se pierda “El Encierro”: mano a mano de Eduardo Gallo y “El Payo”. Arte en el ruedo, sabiduría y maestría en la tertulia. 20:00 horas en las redes de Tauroespectáculos.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.