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El verdadero reto

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El verdadero reto

06/10/2020
columnista
Rafael Cué
La Fiesta Está Viva

En la vida, en el toro, en el amor, en el trabajo, para poder enfrentar una crisis primero hay que detectarla, analizarla y afrontarla, por muy dura que ésta sea. Antes de la pandemia la crisis de mayor visibilidad, sin duda, era la de los ataques con afanes prohibicionistas por parte de un sector de la sociedad que no respeta a sus semejantes, con la falsa premisa de un mejor mañana, basado en mentiras creadas por quienes engañan, y que cobarde y maliciosamente están dañando a la humanidad al querer sustituir el amor al prójimo por el amor a la mascota.

Estos ataques han sido, son y serán brillantemente defendidos y acotados por un grupo de profesionales en distintas ramas: pensadores, juristas, abogados y amantes de la libertad y el derecho, todos ellos bajo el liderazgo bien entendido de Tauromaquia Mexicana, donde no cabe el protagonismo, sólo cabe el amor al toro y la disposición de defender lo que es nuestro derecho, mitigar calumnias, enseñar la verdad del peso cultural, económico y social de la tauromaquia, y ser la voz de todos los que amamos al toro y al toreo, de ahí su lema: “la fiesta es de todos y todos debemos defenderla”.

La pandemia en la que está sumergida la humanidad, ha sido sin duda un reto a vencer, para lidiar y asumir consecuencias en todos los sentidos. La tauromaquia no está exenta de sufrir las consecuencias de esta terrible crisis. Ya lo he escrito en otras entregas, el toro en el campo no ha tenido salida a las plazas donde iba a ser lidiado, existe una sobrepoblación por la falta de festejos, cuyo costo está siendo asumido por los ganaderos, a quienes desde aquí reitero mi admiración y aplaudo su vocación. Esto es un problema, sin duda, pero también se convierte en un activo importante para hacer de una crisis una oportunidad.

Los toreros, al no poder torear ante el público, se han sumido en una profunda introspección sobre su vocación y espíritu de artista. Hoy no hay público que aplauda ni empresario que pague. Hoy solamente la verdadera vocación de ser toreros los mantiene vivos. Hay mucho campo, el encuentro más puro entre el toreo y la bravura. Alimento e inspiración para plazas en un futuro no lejano, esperemos.

El público ha podido alimentar su afición vía redes sociales y algo de televisión, así como impresos taurinos, libros y revistas. Será un público distinto, el golpe económico en la sociedad es de consideración.

Con todo esto en mente, el empresariado taurino tendrá que ser muy creativo, empático y sensato para volver con éxito a convocar a aficionados y público en general. La esencia del espectáculo contiene los elementos suficientes para brindar al espectador las emociones íntimas que conectan al ser con su humanidad: el miedo, el valor, la vida, la muerte, la belleza eterna del instante en el que toro y torero se funden; la aceptación de la muerte como parte de la vida; los valores del respeto intrínsecos en el rito que es una corrida de toros.

Ahora bien, volver a lo mismo será un error monumental y habremos dejado pasar una gran oportunidad, que si bien se generó de una crisis, no deja de ser oportunidad.

Antes de la pandemia se buscaba llevar más gente a las plazas, se hacía lo mismo y los resultados, obviamente, eran los mismos. Hoy tenemos toros en el campo, se cuenta con la oportunidad de mostrar a toreros nuevos, se cuenta con la posibilidad de reforzar la tauromaquia en los pueblos y ciudades más pequeñas, donde siempre ha tenido aceptación e importancia.

Una vez que el público pueda asistir aunque sea en un porcentaje del aforo, la tauromaquia deberá ser generosa y solidaria, haciendo accesible la entrada; los ganaderos en su mayoría asumen la sobrepoblación de toros y están dispuestos a encontrar la fórmula para que las pérdidas tengan una utilidad en el sentido de la promoción de la Fiesta; y muchos toreros necesitan ser vistos y valorados con justicia, no bajo un sistema que beneficia a pocos y perjudica a todos.

Absolutamente todo lo que se haga de ahora en adelante tendrá que estar enfocado en llevar gente a las plazas, aficionados y público nuevo, sobre todo éste, a los jóvenes e incluso a los niños.

Trabajar para el público, llenar las plazas es el objetivo, el resto es vanidad, miopía y soberbia de todos nosotros. Juntos debemos trabajarlo, cada quien a lo suyo y todos por el toro, el toreo y la gente.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.