El concepto
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El concepto

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El concepto

14/05/2019

El viernes 10 de mayo tuvo lugar una tarde histórica en la Real Maestranza de Caballería de Sevilla. De tiempo en tiempo el toreo reacomoda sus piezas, nos dicta sin saberlo a profesionales y aficionados el porqué este arte y cultura es tan importante, ya que cuenta con las bases estéticas, éticas y valores que lo han mantenido vigente durante más de 500 años.

En el afán de lograr interpretar el toreo, plumas y micrófonos nos desgarramos y rompemos los sesos intentando poner en palabras un sentimiento, unas formas y el comportamiento de los toros, misión que a veces parece imposible.

Luego, un día todo se conjunta dentro de una plaza de toros, y lo que parece imposible de explicar, se explica solo, sin palabras, porque lo dicta un sentimiento, la emoción de poner a todos de acuerdo.

Marco incomparable, el albero sevillano, tarde primaveral, cielo despejado, inmejorable luz, lleno a reventar, la mejor banda de música del orbe taurino, y en el cartel, un genio: Morante; un huracán: Roca Rey; y un torero: Pablo Aguado; ante seis toros de una ganadería que por décadas ha creado un concepto de bravura: Jandilla.

El viento que había molestado en otras tardes, el 10 de mayo no hizo acto de presencia. Morante, ante sus toros expuso con generosidad su concepto con su genialidad; admirado y querido en Sevilla, el de La Puebla representa un compendio de la historia del toreo, fusionado en una cabeza única e interpretando a su manera; un lujo de nuestros días. Roca Rey en su primero se fue a la puerta de toriles, manifestando que en el toreo él marca la intensidad de las cosas, y el que quiera venir, que se suba. Dos orejas. Imponente, arrollador, atemorizante, su segundo poco le ayudó.

Salió el tercero de la tarde, turno para un hombre nacido en Sevilla, con 28 años de edad, una carrera y título universitario. Poco más de dos años de alternativa, y tras lo ocurrido con sus alternantes, un paquete enorme por resolver. Pablo Aguado, para quien lo hubiera visto ya, es un torero de concepto puro y limpio. El 19 de marzo de este año esta misma columna la titulé “¡Aguado con Pablo!”, y en menos de dos meses el destino y la torería de este hombre me dieron la razón.

A partir de ese momento la tarde fue como un sueño, el buen toreo fluyó por el ruedo, el toro embistió, Pablo lo acarició y la música rellenó los sentidos, haciendo de la faena una experiencia extrasensorial para los ahí presentes. Cortó dos orejas a cada uno de sus toros. Abrió la Puerta del Príncipe en apoteótica salida a hombros.

¿Qué tiene distinto Pablo Aguado? ¿Inventó algo? ¿Se arrima más? Pues todo y nada a la vez. Las artes se rigen por unas normas clásicas, y de estas normas van derivando distintas corrientes que enriquecen la expresión cultural, en este caso del toreo. Resulta que Pablo Aguado ha nacido tocado por la mano de Dios para oficiar el toreo de manera clásica, con la naturalidad de los elegidos que surgen en el toreo cada determinado número de años para asentar las bases, para refrescar con lo clásico. En sus muñecas se encuentran los tres tiempos del toreo, las yemas de sus dedos van aplicando a cada embestida la suavidad del ritmo y la despaciosidad del arte.

Pablo Aguado al toreo es como los relojes suizos, los zapatos italianos, el perfume francés o el vino español: clásico, sencillo y de alta calidad, lo que gusta a todos. No hay que ser experto en nada para aquilatar la calidad de lo clásico.

El destino le puso dos buenos toros de Jandilla y el sevillano los aprovechó a plenitud, en completa conexión sensorial con los acordes de la banda, las palpitaciones del público y la historia del toreo. Fue una conmoción de lo sabido y lo vivido.

Pablo Aguado viene a reforzar el importante momento taurino que vivimos. Este arte tiene vida porque nos da vida, pese a quien no lo entiende. El toreo caro de Aguado engrandece conceptos taurinos de toreros de antaño, como Pepe Luis Vázquez, Pepín Martín Vázquez, Antonio Bienvenida y Antonio Ordóñez. Clasicismo en estado puro, que a la vez no descalifica otras maneras ni formas. En el toreo hay muchas maneras de expresar el duende, el valor, el poder y la determinación. Existen hoy grandes exponentes de estas corrientes artísticas.

El bálsamo de clasicismo y pureza que viene a aportar Aguado a la tauromaquia del siglo XXI, nos llena de ilusión por verle a él y a sus compañeros.

México necesita verlo, el toreo y la bravura lo necesitan. Es un lujo que no podemos permitir que se extinga.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.