De la vista nace el amor
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De la vista nace el amor

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De la vista nace el amor

29/01/2019

Antonio Ferrera, nacido en Buñola, Baleares, creció en Badajoz, donde el toro bravo le despertó la vocación de ser torero, carrera que ha llevado con honor y mérito desde que debutó en 1991. Se hizo matador en el 97 y desde entonces su nombre siempre ha dado de qué hablar.

Las circunstancias lo colocaron en el llamado “circuito de las corridas duras”, que no es otra cosa que los festejos llamados “toristas”, los cuales tienen su público y su concepción de espectáculo, cuya principal dificultad es que se lidian ganaderías cuya fama es de toros complicados por malos, no por bravos, toros que rara vez permiten expresar un sentimiento, y a lo que obligan a los toreros es a defender una vocación, ejecutando actos heroicos ante astados que no se entregan al toreo, que por lo general desarrollan genio y sentido, creando emoción por vía de la angustia y no de la belleza.

El 2015 lo marcó como torero; una grave lesión ósea con desplazamiento del radio en el brazo derecho lo alejó de los ruedos por dos años, tiempo en el que jamás pensó rendirse, pues tuvo claro que volvería. Esta vez el toro, que siempre es agradecido, le tenía una nueva vida como torero. Por azares del destino ya no estaba Ferrera consignado a las corridas duras. Alguien en algún momento hizo justicia taurina y se convirtió Antonio en un primer espada de lujo, entrando en el circuito de la élite taurina, con las figuras del toreo, las mejores fechas y los encierros con mayores garantías. Este sitio no exime del peligro y la dureza del toreo, estos toros también hieren y son capaces de matar, pero tienen la generosidad de permitir expresar a los afortunados sus sentimientos por la vía del toreo que llevan dentro, en el alma, en el vientre y el corazón, donde el valor es una herramienta para ejercer el toreo más puro, que incluso requiere más entrega que la utilización del mismo como instrumento para sobrevivir embestidas sin arte.

Los toreros son artistas y llevan dentro los demonios del arte, este sentimiento siempre presente que exige ser fiel al desarrollo de un concepto taurino, sea cual sea, pero un concepto auténtico que nace del alma y no de un sistema empresarial taurino, que muchas veces carece de sensibilidad.

Así volvió Ferrera, fiel a su torero interior, sin cortapisas, con la libertad de expresión del artista maduro. Público y crítica sucumbieron a la naturalidad de la verdad. Obvio hay quien duda, más por no entender y saber ver.

México le permitió ser libre, ganaderos le abrieron sus casas, encontró otra embestida, más generosa en la oportunidad para expresar, y su crecimiento es notable.

Villacarmela, ganadería jalisciense, es libre en la búsqueda de su bravura, su pleno amor al toro y el concepto ganadero de la familia Arena son evidentes y rotundos. Hace unos meses en algún potrero de la ganadería, Ferrera y el guapo toro “Luna Llena” cruzaron miradas. El destino los juntó en el ruedo de la verdad. El amor y atracción hay que ejecutarlos. Así fue el encuentro el domingo en La México.

El toro exigió confianza y entrega, exigió hacerle las cosas bien, él se mostró en el caballo, empujó con fuerza y aguantó el castigo con bravura, gustándose, sin entregarse del todo todavía, pedía en reciprocidad a Ferrera que se entregara de forma total.

Llegó la muleta y el romance se convirtió en pasión desbordada de ambas partes. “Luna Llena”, ante cada gesto de entrega de Ferrera, iba soltando su caudal de bravura y nobleza. La fijeza: su mayor virtud; el recorrido: la mejor expresión de su nobleza. La tauromaquia del hispano tuvo en este toro un lienzo libre para apuntar sus matices más íntimos y profundos. Obra de color de antaño y policromía moderna. Bravura y valor, nobleza y expresión. Una danza que abraza a la muerte exaltando los valores de la vida. Inolvidable faena para quien la supo gozar. Dos orejas para Antonio y el recuerdo de un gran toro de Villacarmela: “Luna Llena”. Grandeza del toreo y del campo bravo mexicano.

Lunes 4 y martes 5 celebraremos el aniversario 73 de la Plaza México; no faltes, date la oportunidad de sentirte vivo gozando de la tauromaquia.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.