La Fiesta Está Viva

Muy gallos

El jueves pasado más de cien mil personas afines a la gallística y la tauromaquia salieron a las calles a demostrar su hartazgo ante propuestas de políticos que intentan prohibir lo que le pertenece a la cultura mexicana.

El pasado jueves, 13 de julio, tuvimos que salir a la calle. Hartos ya de defender con la ley en la mano, con argumentos sólidos, con la verdad y con la educación de las buenas personas; los grupos que defendemos el derecho y obligación de mantener nuestras tradiciones vivas, nuestra historia y libertad, salimos a la calle a protestar y exigir lo que pertenece al pueblo.

La sociedad mundial se está dividiendo y segmentando en partes inimaginables. Orientación sexual, religión, dieta, política, deporte, etcétera, etcétera. Dentro de cada uno de estos rubros y todos los que pudiesen existir, el proceso continúa, la división se torna cada vez más extrema al grado de convertirse en algo ya peligroso y violento.

Durante décadas algunas minorías han luchado de manera brutal, silenciosa y dolorosa por conseguir reconocimiento y aceptación. Esta cruzada, sin estar del todo ganada, ha brindado frutos en distintas sociedades y en teoría nos estaba encaminando a ser mejores países y mejores sociedades. Sin embargo, lo que sucede es que una minoría intenta imponer su credo a otra minoría, cuando lo correcto sería que todos pudiésemos convivir bajo el respeto y la tolerancia.

Semana a semana manifiesto en este espacio la riqueza cultural de este país y sus tradiciones. De estas últimas, tres de ellas son con animales. La charrería que es como usted lo sabe el deporte nacional, la tauromaquia y la gallística. En las dos últimas, como usted también lo sabe, muere un animal. Verdad absoluta, así como la muerte es la única verdad absoluta en la vida. Esto para algunas personas es incomprensible. Nadie está obligado a ir a los gallos o a los toros o a entender y sentir el arte y emoción que generan, no por la muerte en sí, sino por sus significados.

Lo grave y que atenta a la libertad de todos es el intento de un sector minoritario, porque lo es; si no simplemente contabilicen las personas que van, muchos de ellos acarreados, a una manifestación antitaurina y cuánta gente paga un boleto por ir a vivir la experiencia de una corrida de toros, el que quiera que vaya y el que no quiera que se quede en casa.

El jueves pasado más de cien mil personas afines a nuestras tradiciones, específicamente la gallística y la tauromaquia, salimos a las calles a demostrar nuestro hartazgo ante propuestas de políticos mercenarios sin la mínima vocación de servicio público, ni calidad moral, que intentan prohibir lo que no les pertenece a ellos, sino que le pertenece a la cultura mexicana. El pueblo decide qué le gusta y qué no le gusta. Qué abraza y qué repudia. Desde la política, la cultura, el deporte. La cultura está por encima de cualquier partido político o personaje militante de estos gremios, muchas veces perversos, que no buscan el bien común sino sus propios intereses, para muestra el aberrante Partido Verde Ecologista que lleva décadas siendo bisagra política para sumarle a un partido ajeno los votos necesarios, así ellos no pierden el registro. Tan soez es su avaricia y falta de escrúpulos que hoy se alinean cobardemente a Morena, partido que está cometiendo el ecocidio más grande de la historia de México. Cobardemente se callan, se someten y desprecian lo que tendría que ser su esencia moral.

Pacíficamente manifestamos nuestro derecho al acceso a la cultura. Afectando a terceros desgraciadamente, no quisiéramos hacerlo pero si es el camino para exigir se respete, lo haremos las veces que haga falta. Si los políticos prohibicionistas tuvieran un dedo de frente, medirían los votos que representamos, pero ni eso tienen. Lejos de eso la diputada Villagrán, sarcásticamente, decía que le daba orgullo ver su rostro en una pancarta donde se evidenciaba su fobia a las tradiciones. El cinismo más puro y detestable para la sociedad. El político ladino, burlón, que no entiende que está para servir no para servirse. Sin recato declaró que le enorgulleció ver su cara, lo que sería vergüenza para cualquier persona con el mínimo civismo. Alega defender a los animales, me pregunto ¿a cuántos cuida y mantiene? ¿un perro y dos gatos? Que le quede muy claro diputada, los ganaderos de toros y gallos son grandes ecologistas, viven el campo, cuidan a los animales, aunque un porcentaje menor al 10% mueran en plaza o palenque.

Nos forzaron a ir a las calles. Estamos dispuestos a llegar donde haga falta, a seguir evidenciándolos, a defender las tradiciones y cultura de este maravilloso país pese a ustedes.

Mientras tanto, miles de cabezas de ganado sobreviven la sequía gracias a la inversión de los ganaderos, cientos de miles de mexicanos con orgullo disfrutan de sus tradiciones. Tomen nota porque nosotros lo hemos hecho y pronto votaremos y somos una minoría muy muy grande.

Este mismo mensaje va dirigido a los jueces y magistrados que asumen posturas o son parte de este movimiento prohibicionista; les recuerdo que la ley está por encima de fobias y gustos, que los mexicanos nos estamos hartando de corrupción y cinismo.

Deseo que podamos convivir taurinos y antitaurinos, veganos y carnívoros, americanistas y chivas, heterosexuales y miembros de la comunidad LGTB, de derechas y de izquierdas; lo único que necesitamos es respetar la contraparte. Así de sencillo.

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