La Fiesta Está Viva

Madrid se rinde ante el Rey

Andrés Roca Rey es hoy la máxima figura del toreo mundial. Entendiendo el término figura como el torero que más cobra por la simple razón que es quien lleva más gente a los tendidos.

El domingo pasado en la Plaza de Toros Monumental de Las Ventas en Madrid se llevó a cabo la corrida homenaje a José Cubero el Yiyo, muerto por asta de toro en el ya lejano 1985, cuando apenas contaba con 21 años y una proyección a encaminarse a ser figura del toreo. Hecho que conmocionó al mundo entero recordándonos la verdad que tiene la tauromaquia, la vida y la muerte cada tarde en la búsqueda del arte.

Para honrar su recuerdo se programó un cartelazo que ocasionó el “no hay billetes” y generó expectación y un ambientazo el domingo de toros en Madrid. Julián López el Juli, Alejandro Talavante y Andrés Roca Rey ante tres de Victoriano del Río y tres del hierro Toros de Cortés.

La corrida fue interesantísima por el cartel y por la primera ganadería mencionada a jugarse, una de las mejores, desde mi punto de vista como aficionado. Además, el clima casi veraniego contribuyó a que aquello se viviera como acontecimiento histórico, el viento, siempre invitado incómodo para el toreo, molestó poco y se vivieron grandes emociones, así como momentos de toreo y embestidas superiores.

El Juli estuvo en maestro, como ha estado el último cuarto de siglo, con tardes mejores que otras, pero siempre en figura. La espada una vez más le privó de tocar pelo, sin embargo, su calidad de figura de época quedó reflejada una vez más en el ruedo venteño.

Talavante es un artista en toda la extensión de la palabra. Su tauromaquia se basa en el clasicismo impuesto por la creatividad que tienen los toreros buenos para desarrollar sus faenas bajo la batuta de la inspiración, apuntalada con valor sereno, muñecas privilegiadas y un manejo del cuerpo para acompañar las embestidas del toro que dan a su toreo una estética, pero sobre todo un compás único y disfrutable. Esta tarde pechó con el lote menos propicio y aún así logró momentos fabulosos con el capote.

Andrés Roca Rey es hoy la máxima figura del toreo mundial. Entendiendo el término figura como el torero que más cobra por la simple razón que es quien lleva más gente a los tendidos, lo que le brinda el poder absoluto de decidir cuándo y con quién torea, así como qué ganaderías lidiar. Eso es ser figura del toreo, llenar las plazas, llevar gente nueva a los tendidos bajo el anuncio de su nombre.

Para la cultura de la tauromaquia, Roca Rey, hoy representa no sólo un motor económico impresionante, donde torea gana dinero el empresario, los esquilmadores, los hoteles, los restaurantes, los taxis, la reventa y el que vende dulces. Pero lo más importante que representa el peruano, es la conexión con la juventud de su generación que no tenía contacto con la tauromaquia y que con él ha descubierto la emoción incomparable que brinda el toreo, los valores de esta cultura que sustenta más de cinco siglos de tradición y que ofrece sentimientos que jamás se vivirán a través de una pantalla de celular o tableta. La juventud ha descubierto en el toreo que hay vida más allá de likes y de followers.

Quien llega a figura del toreo es porque el sabio público ahí lo coloca. En el toreo existen grupos de “entendidos”, por lo general encubiertos en el monstruo de mil cabezas, que intentan regir el criterio de las masas, cosa que ante una figura del toreo es imposible, lo único que terminan haciendo es evidenciar su estupidez, dicho esto no como insulto sino como condición humana.

Al Tendido 7 lo ha alcanzado el 7. Este sector de aficionados de Las Ventas, durante años han sido como los ultras al futbol. En el afán de exigir seriedad, cosa que la plaza siempre ha tenido, han desvirtuado y tenido la osadía de intentar regir hasta la colocación de los toreros; boicoteando, incluso, al toreo y a la bravura en pos de figurar como los sabios del toreo. Podríamos decir que son un mal necesario y que brindan a Madrid parte de su personalidad, sólo parte, ya que la grandeza y seriedad en Las Ventas radica en el toro que se lidia y en la heroicidad de los toreros, avalado esto por los buenos aficionados que son muchos y no por el protagonismo grotesco de unos cuantos.

Las figuras del toreo en algún momento han sufrido los ataques de un sector del público, esta vez, Roca Rey no sólo dominó a los dos toros en suerte, con faenas poderosas, llenas de recursos legítimos del toreo, un valor espartano y un pleno dominio de la escena al tener a 24 mil almas en vilo con su toreo.

De corinto y pasamanería salió vestido, en un elegante guiño al homenajeado Yiyo, quien gustaba de esa combinación, quien con un vestido similar cortó su última oreja en Madrid y con ese mismo vestido recibió cristiana sepultura.

Como cereza del pastel, a media faena a su segundo toro, con la intensidad y emoción del toreo verdad, tuvo el aplomo para encarar a un gritón, de calmarlo para evidenciarlo con una soberbia tanda de naturales posterior, lo que provocó unión total entre el público y el toreo en el clímax de la emoción.

Evidencia absoluta del poder ante el toro y del poder que a las figuras les otorga el público que va a una plaza de toros a emocionarse, exigir con respeto y a ser parte del toreo. Los que no van a eso terminan siendo evidenciados en su torpeza social, cultural y taurina.

Roca Rey se ha declarado el Rey, ahora el 7 deberá encausar por el buen camino el fruto de años de intolerancia y sin razón. Ahora ellos mismos desconocen a estos seres cuando han sido ellos los creadores de esta reprobable actitud.

Ha tenido que venir del Perú Roca Rey a poner orden, intensidad y emoción en el ruedo y los tendidos. ¡Viva el Rey!

COLUMNAS ANTERIORES

La solera de la casta
Sangre torera

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.