La Fiesta Está Viva

Ramos de arte

Arles, Francia, fue el centro de la atención taurina el pasado sábado. El motivo fue la reaparición de Alejandro Talavante, torero de libre pensamiento.

Arles, Francia, fue el centro de la atención taurina el pasado sábado. El Coliseo Romano, atracción turística y visita obligada para los millones de visitantes que recibe la hermosa ciudad gala situada en La Provence, en el sureste francés.

El motivo de la atención fue la reaparición de Alejandro Talavante, torero de libre pensamiento, rebelde al anquilosado sistema taurino, artista de cuerpo y alma, torero que sobrepasa el pegar muletazos para triunfar y cortar orejas como principal objetivo, esto lo entiende como consecuencia de lo primero, el toreo como ejercicio de libertad espiritual.

Para la ocasión se midió en mano a mano ni más ni menos que con el torero que más arrea hoy en día y el único que es garantía de llenar las plazas, o sea, la Figura emergente del toreo mundial, Andrés Roca Rey. No se buscó un primer espada cómodo, se midió con el mejor.

Más de dos años sin vestir de luces, pero sí dos años de introspección del alma y sentimiento torero. La dolorosa búsqueda del artista, la ratificación del deber ser y actuar en consecuencia. El campo, el toro, el apoderamiento por un torero que fue Figura indiscutible de época, bajo el lema de la libertad y la rebelión empresarial, luchada con los únicos argumentos que realmente valen en el toreo: el valor, el capote, la muleta y la espada, me refiero al maestro José Miguel Arroyo “Joselito”.

Cientos de horas de charla, ratificación de conceptos, análisis del momento taurino, vacas y más vacas a puerta cerrada, toros y más toros. Silencio y pequeñas probadas en redes de la historia reescrita de Talavante. Horas también de silencio, muchas. Dudas, miedos e incertidumbre. ¿Cómo irrumpir en una temporada atípica, en la que el toreo, por el toreo y no por los despachos, comienza a nivelarse?

La corrida goyesca fue mucho más que la lidia de seis toros bien presentados y mejor seleccionados, fue un evento cultural, social, político y taurino. Además del sensacional mano a mano entre Talavante y Roca Rey, Les Arens se convirtió en un gigantesco lienzo viviente, eterno y efímero a la vez. Toro y torero intervendrían la obra rosa del ruedo al irla transformando con sus pisadas y convertirla en toreo, como si el color y el sentimiento de la expresividad del maestro colombiano Diego Ramos subiese por los tobillos del torero y las pezuñas del toro, para tomar vida con la emoción y belleza única que produce el toreo.

Tarde de afirmaciones, Talavante nunca se ha ido, Roca Rey es la Figura, el toro nuestra pasión y la pintura de Diego Ramos convertida en tauromaquia vital. Como testigo y protagonista, la afición francesa bañada de españoles, mexicanos, colombianos, peruanos y aficionados de todo el mundo.

La música, el arte que viajó por el viento hasta los oídos y el alma de los presentes, acompañando a la bravura y el poder del toro al embestir, a la suavidad y firmeza de los capotes y muletas de ambos diestros. El gran lienzo tomaba vida y cambiaba con cada embestida y con cada pase. Los burladeros se convirtieron en grandes cuadros que escudaron al torero, permitiendo al toro llegar y medir, entender su momento y ser él mismo en su esencia brava.

Experiencia sensorial, emoción, miedo, peligro, gozo, explosión visual y auditiva. El marco, inmejorable, un coliseo romano que está como testigo vivo de la historia; orgullo francés, orgullo romano, orgullo del mundo, ejemplo para los acomplejados de otras latitudes.

Tarde histórica, tarde de gloria y ratificación de que esta cultura se mantiene viva con plazas abiertas, con trabajo, con amor por el toro y con el involucramiento del público como protagonista pasivo del arte creado entre toro y torero.

Septiembre vivo en Europa, taurinamente hablando. Tristemente en México, el mes patrio, huérfano prácticamente de toros.

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