La Fiesta Está Viva

Juventud

El mundo es de losjóvenes, aunque lo manejen los viejos, los hombres que ya con los años creemos contarcon la madurez para minimizar los riesgos.

Tesoro del ser humano, la edad plena para soñar, para vivir y aprovechar al máximo las oportunidades que brinda la vida, a unos más, a otros menos, pero siempre a cada uno de nosotros nos ha llegado el momento de arriesgar, ya sea en el estudio, en el deporte y en el amor.

Así como la juventud está llena de ilusión, también viene con las lecciones propias de la vida, los tropiezos terminan siendo la mejor escuela en los años mozos. El mundo es de los jóvenes, aunque lo manejen los viejos, los hombres que ya con los años creemos contar con la madurez para minimizar los riesgos; con la llamada “experiencia” muchas veces vamos perdiendo el ímpetu de soñar, arriesgamos poco, dadas nuestras muchas responsabilidades y obligaciones.

Estas últimas dos semanas he podido rejuvenecer al poder apreciar el ímpetu juvenil en la tauromaquia. Tuve el gusto y el honor de impartir una charla a 60 novilleros concentrados en la ganadería de Pablo Moreno, en Jalisco, 60 sueños, 60 ilusiones y muchos tropiezos por vivir. Alterné con un extraordinario motivador profesional, en términos taurinos abrí plaza, intercambié experiencias ante las interesantes e inteligentes preguntas de los novilleros de seis nacionalidades. Una vez terminada mi charla, me senté entre dos hombres importantes del toro, el maestro Juan José Padilla —quien vino a dirigir el Centro de Alto Rendimiento Taurino (CART)— y el ganadero Pablo Moreno —cabeza de este interesante proyecto—. Habano en mano y tequila helado en la mesilla, gozamos de la formidable ponencia de “Rafafá”, hombre con más de 3,500 conferencias, con todas las tablas del oficio nos hizo soñar, les llegó a los 60 toreros al corazón, a su alma y sobre todo a su conciencia del valor que tiene en sus vidas la juventud, el poder intentarlo y el saber que su mayor virtud taurina es precisamente la pasión que inflama la juventud. De verdad que vale la pena escuchar a “Rafafá”, búsquelo en FB y entenderá de qué le hablo.

Dos días después tuve el gusto de estar en la ciudad de Zacatecas, como hace un par de columnas le conté; además del gratificante encuentro con la tauromaquia una vez más en una plaza de toros con público, tuve el gusto de ser invitado a moderar una interesante ponencia por parte del grupo de ganaderos que han puesto en la mesa una propuesta para modificar algunos aspectos de la lidia, como lo narré en la columna titulada “Salimos toreando”; previo al inicio de la exposición, tomó la palabra un grupo de jóvenes taurinos, todos descendientes de importantes familias ganaderas cuyo mensaje no fue otro más que presentar su agrupación “Juventud Taurina Mexicana”, que tiene como objetivo difundir esta cultura, mostrarla sin tapujos ni mitos a las generaciones bisoñas.

Quedé maravillado de la frescura, ganas de trabajar y de hacer valer sus derechos como mexicanos mayores de edad, con voto y futuro.

Al hablar con ellos rejuveneció mi amor por la tauromaquia, me vi reflejado hace años, y mi obligación moral y la de todos los mayores, es apoyarlos, ofrecerles la oportunidad que piden, con respeto, con amor por el toro y el toreo, y con la inmensa ilusión de mostrar a los jóvenes de este país la maravilla que es la tauromaquia en todas sus ramas, desde la crianza del toro bravo, la ecología, el arte que emana de esta cultura y de las emociones únicas que se viven en una plaza de toros. En el canal de televisión de esta casa, en el programa que tengo el gusto y honor de dirigir, Tiempo de Toros, puede usted escuchar a una de sus representantes, Belén Barroso. Si eres joven (18-35), apúntate, aporta, trabaja y goza, si ya pasaste la raya apoya, da paso a la juventud y aprende de ellos.

Para rematar la semana, el domingo pasado junto con un grupo de amigos fuimos a Tlaxcala, tierra taurina por excelencia, a ver torear a dos jóvenes, cuyo sueño no es hacerse profesionales, sino gozar el toreo, sentirlo, vivirlo y entender la vida bajo sus normas, sus jerarquías y su honor; 19 y 14 años; al mayor le conozco de años, al chaval de 14 nunca le había visto torear, y quedé maravillado no sólo por lo bien que lo hace Gabriel, sino porque la intuición en el toreo es un don, como lo es la juventud a la vida, un regalo que se debe apreciar con la responsabilidad de llevarlo a su máxima expresión.

A este país lo pueden sacar adelante los jóvenes, ya que sin duda los viejos nos lo estamos acabando.

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